Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

El viceministro del Interior tiene los tenis bien puestos

El viceministro del Interior tiene los tenis bien puestos

REVISTA JET-SET

En un ambiente políticamente correcto en el que los códigos de vestuario son conservadores, Luis Ernesto Gómez marca un paso diferente. A los 34 años sus tenis lo han llevado por caminos de renovación: en el Viceministerio de Trabajo eliminó la libreta militar para el primer empleo, y en su nuevo cargo crea lazos con los líderes indígenas, afros y movimientos sociales.
El viceministro cree que es necesario actualizar la democracia en Colombia a través de la tecnología. Pone de ejemplo al Reino Unido, en donde una petición digital con más de 100.000 firmas obliga al Parlamento británico a debatirla.
Por: Revista Jet-Set8/3/2017 11:38:00

Luis Ernesto Gómez Londoño, el viceministro para la participación e igualdad de derechos del Ministerio del Interior, se define como un tipo aventurero y feliz. Es un economista y politólogo liberal que habla de su profesión con la misma pasión que les pone a las motos Royal Enfield que importa a Colombia desde 2009, al reggae de Damian Marley que baila con su prometida Karol González, o a la cocina mediterránea aprendida en sus viajes. Rara vez se quita sus tenis Discovery Croydon y cuando llega a los territorios más apartados de Colombia, le dicen que estaban esperando a un funcionario mucho más viejo, pero nunca lo han descalificado por no saber hacer su trabajo. Al contrario, el paisa de Medellín ha sido tan responsable en su vida que a veces parece un poco nerd.

Foto: Karen Salamanca. Porducción: Carolina Álvarez Tavera.

Antes de morir, su padre Alberto Gómez, lo dejó encargado de su mamá y su hermana mayor. Pero al poco tiempo cuando se graduó del colegio a los 17 años, Martha y Ana lo liberaron de esa promesa y apoyaron su deseo de irse a Alemania. “Tenía un hambre enorme de conocer otras culturas y diferentes visiones del mundo”, recuerda. En Berlín, a donde llegó con 500 dólares, se ganó la vida lavando platos en el café Barcomi’s porque no sabía alemán. Como lo aprendió muy rápido, según él gracias a lo esquemático del idioma, pasó a atender la barra, se volvió experto en cafés y se metió de lleno en la cocina. Todo lo hizo tan bien que en cuatro años llegó a ser el administrador del lugar.

Lea también: Las facetas que no conoce del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau

Es incansable y le animan los retos. Al mismo tiempo estudiaba Economía en la Universidad de Humboldt, y se retiró de su trabajo cuando, debido al excelente desempeño que tuvo durante sus pasantías en el Parlamento Alemán, le propusieron quedarse como coordinador de la Asamblea Parlamentaria Alemana-Suramericana y como consultor de la Comisión Económica. Ahí conoció a políticos colombianos como el vicepresidente Germán Vargas Lleras, al hoy consejero del posconflicto Rafael Pardo, y al fallecido magistrado Carlos Gaviria Díaz, quienes se admiraron con su eficiencia y juventud. En esos años era más fácil vestirse informalmente porque era un asesor recién graduado, y además “porque allá a la gente le importa un pepino lo que uno se ponga”.

Igual, unos años después, el 9 de febrero de 2015, a él le preocupó muy poco combinar su traje y corbata, con unos tenis negros de cordones blancos para asistir a su posesión como viceministro de Empleo y Pensiones del Ministerio de Trabajo. “Creo que es la primera vez en la Casa de Nariño que alguien se posesiona de tenis, me parece un buen detalle de cómo la juventud está adquiriendo cada vez más protagonismo en este gobierno”, dijo en su discurso el presidente de la República.

Antes que fastidiarse con su gesto de independencia, Juan Manuel Santos avaló la preparación profesional de Luis Ernesto y lo presentó como un joven “pilo” con un impecable currículum académico. Además resaltó que el nuevo integrante de su gabinete tuviera una maestría en Ciencia Política y Administración Pública en su alma mater: la Escuela de Economía de Londres.

Lea también: Los pólemicos vestidos de las Trump

A los 34 años, el hombre que también quiere ser presidente de Colombia se niega a que la política se vea como un oficio de viejos. Es de los que cree que trabajar en el sector público no es para todos y que hay que tener vocación, la mayoría de sus compañeros de estudios son empresarios. En su oficina tiene una frase que resume su mayor frustración: “La burocracia es el arte de hacer difícil lo fácil a través de lo inútil” y la sabe decir además en inglés, alemán e italiano.

Foto: Karen Salamanca. Porducción: Carolina Álvarez Tavera

Los diez años en los que viajó en plan mochilero por Asia, el Oriente Medio, África y muchos países de América Latina cumplieron con su deseo de aprender y también lo amansaron. Esa época en la que tenía un presupuesto de cinco dólares por día y dormía en hostales, le recuerda su reciente visita ministerial a los pueblos koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos en la Sierra Nevada de Santa Marta. Allí durmió en hamaca después de lograr un histórico acuerdo para proteger el medioambiente de esos territorios y del Parque Nacional Natural Tayrona, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Se ríe de su falta de práctica para conciliar el sueño fuera de su cama, pero dice que está recuperando el modo “todo terreno”, porque en este viceministerio debe reunirse con todas las poblaciones indígenas, los gitanos y las comunidades negras, raizales y palenqueras en sus regiones.

La decisión de andar siempre en tenis es más por comodidad que por una pose de chico original. Siempre tuvo en cuenta que el traje y la corbata iban a llegar en algún momento de su vida de oficina, pero paradójicamente hace un año y medio comprobó que para ingresar a la plenaria del Congreso no es requisito llevar puestos los zapatos de cuero.

Sin embargo, se queja de que hay un par de clubes bogotanos para él muy restrictivos, en los que le han exigido cambiarse de calzado, a lo que responde con otra de sus frases: “La exclusividad viene de excluir, y ellos tienen su derecho. En todo caso yo tampoco quiero ir por allá”.

Lea también: El Twitter de Brigitte Baptiste

Él es más de comidas con amigos a los que les prepara las delicias que aprendió de una novia palestina-danesa, de sus estadías dos veces al año en Sicilia, Italia, y de su viaje de meses por las carreteras de India.

Este motociclista que maneja una Ducati Monster 700 es guapo, y quienes lo conocen dicen que se ha puesto mejor con los años. Lo mismo opinan las nadadoras que se lo encuentran en la piscina del Gimnasio Moderno de Bogotá algunos días de la semana. No obstante, la esperanza que muchas tenían de conquistarlo se esfumó cuando la abogada y empresaria Karol González le hizo olvidar su resistencia al compromiso.

Nunca antes se había ajustado al perfil de hombre de familia, pero reconoce que Karol lo guió con mucho cariño “hacia los placeres y alegrías que trae la vida tranquila”. A él, que vive de conciliar y explicar, le queda difícil definir qué fue lo que lo enamoró. Dice que la madre de su hija de 2 años es una buena coequipera y consejera, y que los dos tienen lo más importante en una relación de pareja: la mutua admiración. Se casarán este año en Bogotá.

Foto: Archivo particular.

Le gusta enseñar, y así como se divierte con cada descubrimiento que hace con su pequeña Julieta, disfruta trabajar e investigar con sus alumnos de la Maestría de Gobierno y Política Pública de la Universidad Externado de Colombia y de la Universidad Nacional de Colombia.

Lea también: Juan Pablo Pineda, ¿el hombre más churro de Colombia?

El profe termina su día oyendo a Benjamin Biolay, uno de sus más recientes hallazgos musicales. Un tipo joven y bien parecido como él, que con su encanto y su voz conquistó en 2010 a la entonces primera dama de Francia, Carla Bruni y tuvo un fugaz romance.

Por ahora el objetivo de Lucho, como le dicen sus amigos, es tener satisfecho con su trabajo al presidente Santos.

LO MÁS VISTO