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Luis Alfonso Galán: el hijo desconocido de Luis Carlos Galán

Luis Alfonso Galán: el hijo desconocido de Luis Carlos Galán

Revista Jet-Set

El hijo mayor del asesinado líder del Nuevo Liberalismo rompe su silencio y está a punto de publicar un libro sobre el Galán que él conoció. La historia incluye el amor de adolescentes de sus padres, su lucha por el apellido Galán, y la defensa de su legado político e intelectual.
“Si hay algo que me motiva a decirle al país que existo es porque quiero hallar a los responsables de la muerte de mi padre”, dice Galán. Foto: ©Camila Reina/14
Por: Edición 28524/6/2014 00:00:00
Luis Alfonso Galán Corredor tiene la voz de los que han permanecido callados durante mucho tiempo. El hijo mayor de Luis Carlos Galán, quien solo pudo llevar el apellido de su padre desde los 33 años de edad, habla muy suave y pausado. La timidez se refleja en su mirada esquiva, pero el color claro de sus ojos confirma la herencia paterna de la que se siente orgulloso. Ahora que se acerca a los 50 años, dice que está listo para contar en un libro su vida oculta durante tanto tiempo y mostrarle al país el Galán de carne y hueso que él conoció.

En sus manos trae el registro civil de su nacimiento que certifica que fue reconocido como hijo legítimo en 1998, y recuerda que fue su abuela, doña Cecilia Sarmiento, quien dio testimonio de la paternidad. En ese entonces ya se habían cumplido nueve años del asesinato del líder del Nuevo Liberalismo, y fue mejor así, porque Luis Alfonso y su mamá, Isabel Corredor, siempre guardaron un silencio cómplice con el fin de protegerle la vida pública al político.

El secreto que ahora quiere revelar detalladamente comenzó con lo que él llama “una historia de amor de adolescentes”, entre la campesina del Cocuy, Boyacá, quien llegó a Bogotá como empleada doméstica, y el tercero de los 12 hijos de los Galán Sarmiento. Isabel tenía 15 años y trabajó para la familia durante una década, hasta que su relación con Luis Carlos terminó en el embarazo. “Es errado decir que lo que tuvieron mis padres fue algo fugaz, ya que vivieron diez años bajo el mismo techo. Sin embargo, su amor nunca resultó en nada serio a causa de los prejuicios sociales”, cuenta.

En 1965 nació Luis Alfonso en el hospital San Juan de Dios, y Galán acababa de recibir el título de abogado en la Universidad Javeriana. “Mi mamá tenía 22 años, y se fue a Manizales para compartir mis primeros meses de vida con mi abuela Eulalia Guevara, quien acababa de enviudar”. Después vinieron años de trabajo en fincas de Cundinamarca, en Sesquilé, Subachoque y El Rosal, en donde el niño se crio rodeado de cultivos y animales. Cuando llegó el momento de estudiar, su madre lo trajo de nuevo a Bogotá y lo matriculó en el Colegio Jorge Bayona Posada.

El primer encuentro entre Galán y su hijo mayor ocurrió cuando este tenía 6 años. Sucedió por intermedio del sacerdote Carlos Franco, quien le recomendó a Isabel que lo buscara para que conociera al niño. “Él se iba como embajador a Italia, y la comunicación entre mis padres era muy escasa. De ese día solo conservo su imagen tomándome algunas fotografías”. A pesar de la distancia de esos años, a Luis Alfonso nunca le faltó la mesada que llegaba sagradamente a su casa a través del abogado y amigo de Galán, Luis Fernando Mejía. “Él se convirtió en un puente entre mi padre y yo. A su regreso de Europa nos prestaba su oficina para que nos viéramos”. La comunicación fue madurando y con el libro Los comuneros, de Germán Arciniegas, Galán empezó a inculcarle el amor por la lectura a su primogénito. Pero su adolescencia llegó acompañada de rebeldía y sin consultarle a nadie decidió dejar el colegio para dedicarse al ciclismo. Aunque su padre lo apoyaba en su afición por ese deporte, tanto que le regaló el marco de una bicicleta de “Lucho” Herrera, tuvo que llamarle varias veces la atención para que volviera a encauzarse en los estudios y terminara el bachillerato.

Después de trabajar como mensajero de día y estudiar en la Universidad Libre de noche, Luis Alfonso se graduó de abogado, igual que su papá: “Quería una herramienta para defenderme de la vida que me había atropellado”. Como lo atropelló el asesinato de su padre el 18 de agosto de 1989, quien un día antes le había anticipado lo que iba a pasarle. “Me dijo: ‘A mí me van a matar y me preocupa que quedes indefenso’. Me advirtió que cuando él faltara, acudiera a sus hermanos Alberto y Gabriel, que ellos me apoyarían”. La noticia de la muerte de su padre le llegó por una llamada telefónica de su mamá. Luis Alfonso, quien iba a cumplir 24 años, fue de las primeras personas que entraron a su velorio en el Capitolio. A la distancia, allí vio por primera vez personalmente a sus tres medio hermanos: Juan Manuel, de 17 años; Claudio Mario, de 15, y Carlos Fernando, de 12. “Ellos solo supieron de mi existencia en 1996 cuando se iniciaron las gestiones legales para el reconocimiento de la paternidad, al cual su madre, Gloria Pachón, nunca se opuso”, comenta. Con el tiempo, los hermanos se han encontrado esporádicamente en el proceso de esclarecimiento del crimen de Galán. Luis Alfonso dice que su trato es cordial y define su relación como: “En construcción”.

El libro sobre Galán Sarmiento, que todavía no tiene título, es un proyecto en el que viene trabajando hace muchos años. Pero solo ahora cree que es el momento de publicarlo: “Siempre tuve la idea de escribirlo cuando mi papá se sintiera orgulloso de lo que yo estuviera haciendo”. El abogado trabaja desde hace tres años en el Ministerio de Justicia, en la Unidad Móvil de Atención y Orientación a Víctimas del Conflicto Armado. “Mi labor esencial es realizar talleres en los que les informo a las personas afectadas por la violencia en el país sobre las normas y sus derechos, a dónde deben acudir y cómo los deben gestionar. A veces hago las veces de psicólogo”. A partir de su propio dolor, el primogénito de Luis Carlos Galán dice que está haciendo patria, ayudando a los demás.
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