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Luis Bolívar: cruzada por La Santamaría

Luis Bolívar: cruzada por La Santamaría

Revista Jet-Set

El diestro colombiano y otros seis colegas le enviaron una carta al presidente Santos en la que protestan por la decisión del alcalde Gustavo Petro de cerrar La Santamaría a las faenas, en la cual sospechan que hay intereses electorales. Aún esperan la respuesta del mandatario.
La última vez que Luis Bolívar toreó en La Santamaría fue el 23 de enero del 2011 y cortó dos orejas. Foto: Semana.com (Rodrigo Urrego/12)
Por: 6/9/2012 00:00:00
“Nací torero y si no puedo torear en el país donde conocí este arte, moriré en vida”. Así defiende Luis Bolívar la pasión a la que le debe ser considerado hoy el gran embajador de la tauromaquia colombiana en Europa. El diestro, nacido en Panamá pero criado en Cali, libra la campaña más singular de su vida fuera de los ruedos, pero en pro de que el público siga vibrando en ellos.

Junto a otros seis matadores busca el apoyo del presidente Juan Manuel Santos, quien proviene de una familia de conocida tradición taurina, para que les permitan seguir toreando en La Santamaría. Comenzaron por enviarle una carta firmada por Julián López El Juli, Enrique Ponce, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera, Sebastián Castella y José Antonio Morante Camacho, conocido como Morante de la Puebla.

El conflicto comenzó cuando el alcalde Gustavo Petro revocó el contrato de arrendamiento a la Corporación Taurina de Bogotá desde junio de este año, para convertirla en un escenario cultural, tras la negativa de los toreros de eliminar la muerte del animal en el ruedo. Para Bolívar no se trata de una actitud terca de su gremio, pues el deceso del toro de lidia está contemplado por la ley. Asimismo, cree que la restricción desvirtúa el propósito de las corridas desde que surgieron hace siglos. “Impedir la muerte solo la oculta de forma hipócrita, pues el toro termina sacrificado en un matadero”, señala Bolívar.

La decisión del alcalde puso fin a 81 años de tradición y en ella los toreros ven una posible jugada para conseguir votos en los círculos antitaurinos. Bolívar recuerda que esta no es una tendencia exclusiva de Colombia, sino mundial. Pero recalca que también lo es la petición de que la Unesco declare el toreo como patrimonio cultural. Y desmiente a quienes aseguran que la suya es una profesión en decadencia: “En México cada año se incrementan los festejos, lo mismo que en Francia, Portugal y Perú”.

Bolívar se queja de que la sociedad ha estigmatizado a los toreros. “Nos llaman asesinos, torturadores, como si fuéramos unos criminales”, apunta, y defiende lo positivo de su labor. “Representamos valores que pueden ser asumidos como un modelo para la comunidad. En la historia (…) hemos tenido la fortuna de ser ídolos populares, de convertirnos en ejemplo para las nuevas generaciones”, anotaron en su misiva.

La controversia les ha servido a los toreros para desahogarse: “Nos hemos equivocado porque disminuimos nuestra capacidad de atraer las miradas”, explica Bolívar, “sufrimos una extraña censura en la opinión (...). Los periódicos y la televisión les han dado la espalda a los héroes contemporáneos que somos los toreros y la información se ha reducido con cierto morbo a las cornadas”.

Aunque el toreo es visto como arcaico, los toreros modernos como Bolívar aclaran que no están en contra de inquietudes actuales como la defensa de la naturaleza. “Respetamos el medio ambiente. Formamos parte de una actividad agropecuaria que tiene como único propósito garantizar la existencia de una especie animal”. Los matadores enfatizan, además, en que impedir el toreo repercute en el bolsillo de muchos capitalinos, pues, según la Corporación Taurina de Bogotá, generaba alrededor de 1.600 empleos directos, que desaparecieron.

Al cierre de esta edición los toreros esperaban la respuesta del presidente Santos. De todos modos, ellos no pretenden mostrar la bravura que exhiben en los ruedos en esta polémica y quieren dialogar. “Si el verdadero objetivo del alcalde es la defensa del toro de lidia, podemos encontrar la mejor fórmula para hacerlo”, señala Bolívar, quien insiste en que el modo ideal para lograrlo es toreando. “Si esta actividad se prohíbe, queremos atender sugerencias de cómo garantizarles, de forma rentable, la vida a más de cinco mil cabezas de ganado que hay en Colombia (...). Pero no queremos ver el ‘animalicidio’ que se puede producir si se acaba con nuestra profesión”.
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