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Luis Alberto Arias: “Perdí la pierna, no la cabeza”

Luis Alberto Arias: “Perdí la pierna, no la cabeza”

REVISTA JET-SET

El empresario se enfrentó a lo que él llamó “una pesadilla”: una trombosis arterial desencadenó la amputación de su pierna derecha. Gracias a su optimismo y a la fortaleza de su esposa la periodista Amparo Pérez, hoy despierta a una realidad más positiva: acaba de recibir una prótesis en el Prosthetic & Orthotic Associates en Orlando, Estados Unidos.
La periodista y defensora del Televidente de Caracol Televisión, su esposo Luis Alberto Arias, y su hija, la actriz Juanita Arias, frente a la Clínica Prosthetic & Orthotic Associates, en Orlando, Estados Unidos.
Por: Revista Jet-set.8/2/2017 00:00:00

Luego de perder su pierna derecha Luis Alberto Arias se negó a pasar el resto de sus días anclado a una silla de ruedas. Contrario a lo que se podría pensar, cuando la junta médica de su EPS diagnosticó que para él no había esperanza de volver a caminar, esa fue la dosis de vida más potente que le pudieron inyectar. “No está bien que cuando vas a que te prescriban la prótesis, te traten sin ninguna consideración, con una frialdad que te hace llorar y te digan que no hay futuro. Apenas me sentaron en esa silla casi me muero, porque me aterraba depender de las personas hasta para bañarme”, cuenta.

Este hombre de negocios, definido por su esposa Amparo Pérez como un optimista; y por quienes lo conocen, como un incansable rumbero, deportista y buena onda, dice que la vida le puso una prueba muy dura pero no imposible de superar.

Foto: Juan Manuel García.

Todo empezó el 27 de junio de 2016. Un dolor insoportable abajo de la rodilla derecha lo llevó a urgencias. Sin sospechar la gravedad de su salud y luego de muchos exámenes que revelaron una trombosis arterial, inició una odisea que en solo dos semanas lo sometió a siete cirugías y un desenlace difícil de aceptar: a los 60 años de edad, el ‘Piojo’ Arias, como lo conocen todos, perdió la pierna. “No lo podía creer, pensé que era una pesadilla. Yo andaba en moto, montaba a caballo, jugaba golf y tenis... no me quedaba quieto. Y de pronto, ¡me cambia la vida!”.

En los chequeos que se hacía sagradamente cada año, los médicos le aconsejaban dejar de fumar, pero él no le bajaba a los dos paquetes de cigarrillos diarios con el argumento de que nunca le salía nada grave en los pulmones. Pero la nicotina se le fue a las arterias. “Eso fue lo que me jodió la pierna. La trombosis es una calcificación que no permite que circule la sangre y no se destapa con nada”.

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Después que le dieron de alta en la Clínica Country de Bogotá, siguió una lista interminable de evaluaciones. En medio del desconcierto se sobrepuso, se enfrentó ante su imagen mutilada en el espejo y tuvo que cambiar sus hábitos alimenticios, parar de fumar, sacar de circulación el aguardiente que tanto le gustaba, y organizar los horarios para cumplir con los medicamentos recetados.

“Yo no hubiera podido con esto solo. Pasé muchos momentos difíciles cuando me enfrenté a la realidad, pero al mismo tiempo me di cuenta de que tengo una mujer extraordinaria. Si no es por Amparo no tendría esta actitud y fortaleza, sin ella no hubiera salido adelante. Ha hecho todo por mí, va de un lado a otro buscando las drogas, haciendo las citas, coordinando a los médicos. Y la verdad, ha logrado contactar a los mejores en distintas especialidades”.

Luis Alberto y Amparo se casaron el 19 de noviembre de 1988 en la Hacienda Potosí, en La Calera. Desde que eran novios él le puso, ‘Pioja’, porque cuando la llevaba a la finca en su motocicleta ella se le aferraba fuerte a la espalda. Foto: Juan Manuel García.

En esa búsqueda también conoció a María Camila García, la última víctima hallada después de que estalló la bomba del Club El Nogal en 2003. En una reunión a la que llegó caminando con tal naturalidad que nadie notaba que había perdido una pierna, la joven de 25 años les habló de su recuperación en el Prosthetic & Orthotic Associates. Les contó que los amputados salían caminando de ese centro ubicado en Orlando, Estados Unidos, sin importar su condición. “En poco tiempo, gracias a ella fui aceptado en la clínica donde me recibieron con calidez y esperanza. En Colombia falta mucho en favor de los discapacitados: no hay por dónde caminar y nadie muestra su prótesis, porque los miran como si fueras un robot y sienten vergüenza”.

Luis Alberto nunca ha sufrido de timidez y dice que a estas alturas de la vida tampoco lo atormenta la vanidad. Él, que siempre ha sido el alma de las fiestas y que ahora es capaz de bromear con su amigo Pablo Iriarte cuando le dice que al menos ya no va a tener que hacer fila en los bancos, lleva dos semanas de terapias y pruebas en Orlando.

El 31 de enero usó por primera vez su prótesis, respondiendo él mismo a la pregunta que le hizo a Stan Patterson, director y dueño del Prosthetic & Orthotic Associates, de si iba a lograr caminar de nuevo. Ese mismo día, mientras probaba su nueva pierna electrónica apoyado en unas barras, recibió la mejor visita. “Le tengo una sorpresa”, le dijo Paula Gómez, la terapista colombiana que lo atendía. Él miró el espejo y supo que era su hija, la actriz Juanita Arias, que acababa de aterrizar de México para acompañarlo en ese paso trascendental en su nueva vida.

Foto: Juan Manuel García.

“Durante dos semanas lo planeamos con mi mamá. Quería estar a su lado el primer día y ponerle gasolina para seguir adelante. Fue muy especial y lloré al verlo caminar”. A diferencia del momento en el que llegó a Bogotá después de la primera operación, las lágrimas de Juanita esta vez eran de emoción. Ella coincide en que no han vivido esto como una tragedia familiar, sino con ojos de tranquilidad y tratando de descubrir cuál es el propósito. Todos intuyen que esto puede ser una fuente de inspiración para otros, una oportunidad para mostrarles a las personas que es posible salir adelante. Luis Alberto es consciente de que nada será como antes, y en parte lo agradece: “Perdí la pierna, pero no la cabeza... y la vida sigue”.

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