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Lucas Posada, el bicho raro de la familia

Lucas Posada, el bicho raro de la familia

REVISTA JET-SET

El hermanastro del vicepresidente Germán Vargas Lleras expondrá sus cuadros y esculturas en Barcú, la feria de arte de Bogotá que se realizará del 26 al 31 de octubre. Lucas es el artista de la familia en la que predominan los abogados y vive en medio de las montañas de Turbaco, Bolívar, donde tiene su taller.
2016La exposición de Lucas en Barcú será la más grande, incluirá obras y esculturas que ha hecho en sus 32 años de carrera. Para Posada el arte es un acto de meditación que le ayuda a entender la conciencia del ser humano.
Por: Revista Jet-set5/10/2016 00:00:00

La primera aproximación de Lucas con el arte fue a través de la poesía que le recitaba su padre, quien murió en 1975 en un accidente automovilístico y lo dejó huérfano a los 12 años. Un año después su mamá, Anita Gómez, conoció a Germán Vargas Espinosa con quien se casó en 1978 en Londres. En ese momento ella tenía 33 años y dos hijos adolescentes, Santiago y Lucas Posada; y Germán tenía tres, José Antonio, Enrique y el vicepresidente Germán Vargas Lleras, que es el mayor. La familia permaneció unida hasta el año pasado que murió Germán Vargas Espinosa. “Él para mí fue como un papá, lo quise mucho por el amor que le dio a mi madre y a nosotros. Con mis medio hermanos hemos tenido una relación amistosa y de respeto, pero no pasa de ahí. Aunque admiro mucho a Germán somos muy distintos, tenemos formas diferentes de ver el universo, a mí no me gusta la política ni la administración pública”.

Lucas cuenta que él siempre fue el “perro a cuadros” de la familia. Decidió ser artista cuando los demás eran abogados. “Mi búsqueda siempre fue más espiritual, de tratar de entenderme sin imponerme a nadie”. Estudió Administración de Empresas en los Andes pero antes de enfundarse la corbata y encerrarse en una oficina prefirió viajar. Vivió seis años en un kibutz en Israel y recorrió varias comunidades indígenas de ese país con un interés sociológico que también lo llevó a convivir con aborígenes de Australia y de la Sierra Nevada de Santa Marta. “Soy un personaje poco común, puedo estar en la mesa de un club social, pero también tengo la facilidad de estar reunido en una maloca indígena y comer lo que me pongan en el plato”, dice.

De hecho su casa, desde hace tres años, está ubicada en medio de las montañas de Turbaco, a siete kilómetros de Cartagena. Allí tiene su taller en el que se encierra desde las siete de la mañana, luego de despachar a sus hijos para el colegio, hasta las dos de la tarde cuando ellos regresan. Lucas fue papá a los 47 años y eso le cambió el chip: dice que ellos son el regalo más grande que le ha dado la vida. Hace seis años nació Gaia, a quien bautizó así por la diosa de la Tierra griega, y hace tres llegó Salvador.

Allí, alejados del mundanal ruido, donde es difícil que entre la señal del celular, Lucas, su esposa Gloria del Toro, quien es psicóloga social, y sus hijos llevan una vida sana: no toman gaseosas, comen huevos orgánicos y pollo de granja. “La decisión de venirnos para acá fue porque quería que mis hijos se nutrieran con agua mineralizada. Esta zona se llama Matute y estamos en una selva tropical húmeda en la que llueve gran parte del tiempo. Las aguas de acá alimentaron a Cartagena durante mucho tiempo, después ya vienen las del Canal del Dique”, cuenta. En ese lugar, rodeado de naturaleza, de osos perezosos y micos, explora su creatividad.

Lo de Lucas con la pintura fue amor a primera vista. Este romance empezó en 1986 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York donde mientras contemplaba un cuadro del francés Maurice de Vlaminck sintió que se le erizaba la piel y no podía dejar de mirarlo. “Nunca había experimentado antes algo así”. A su regreso a Bogotá entró a Cooperartes y empezó a pintar desnudos. “Aunque no había trabajado con la figura humana era como si lo hubiera hecho toda la vida. Ese camino fue un descubrimiento no guiado por la academia sino por la misma historia del arte, especialmente de los siglos XIX y XX”. Tuvo la fortuna de tener como maestro a Leonel Góngora, uno de los pintores y dibujantes colombianos más destacados, y el resto lo aprendió empíricamente, visitando museos, asistiendo a conciertos y leyendo de filosofía.

Su arte es su gran pasión pero allí tampoco hay nada que lo ate. Va de un estilo a otro jugando con el movimiento y el color. En sus obras no hay un espacio ni una época, sino una reflexión de lo que es el ser humano, un tema que siempre lo ha inquietado y que lo llevó a hacer un posgrado de psicología en la Universidad de Massachusetts y a trabajar con enfermos mentales en Estados Unidos. “Para mí el arte es como un exosto que le permite a uno una salida limpia y creativa a todo eso que tiene por dentro, si no existiera esa salida el aire se metería dentro del carro y nos intoxicaría, terminaríamos en las drogas o en quién sabe qué más”, dice Lucas, para quien pintar es un acto de encuentro consigo mismo, un espacio para meditar, en el que se desprende de su ego. Él, quien siempre habla con metáforas, se describe como un enamorado de la vida y que se deja sorprender todos los días por ella.

Posada ha expuesto su obra en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en el Museo Goulandris en Atenas y en la Galería Universidad Nacional de Australia. Su próxima parada será en la feria Barcú –Bogotá, arte y cultura– donde mostrará algunos cuadros y esculturas que ha hecho durante sus 32 años de carrera artística. El galerista Christopher Paschall vio su trabajo y lo invitó a participar en esta feria que se ha convertido en una de las más importantes después de ArtBo. “La exposición recopilará diferentes periodos, será como un viaje, un mundo de ventanas que se abren con un lenguaje común que es el expresionismo abstracto y el expresionismo alemán”, cuenta Lucas, de 53 años, desde su desordenado taller atestado de lienzos y tarros de pintura, que es su “espacio sagrado”. Mientras da algunas pinceladas, un tucán revolotea sobre su ventana y sus brillantes colores se reflejan en su obra y ponen a volar su imaginación.

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