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La tradición de Los Rueda, Especialistas en buen vivir

La tradición de Los Rueda, Especialistas en buen vivir

REVISTA JET-SET

Julio Eduardo Rueda y sus hijos Andrés y Cristina son los reyes del vino en Colombia. Con una tradición de 33 años, su marca Buen Vivir se ha hecho famosa por su restaurante, las exclusivas catas y las asesorías que les ofrecen a quienes quieren tener una cava bien dotada en su casa.
2015Con su expertise de años, Andrés, Julio Eduardo y Cristina Rueda han escogido personalmente las casas vinícolas que distribuyen en Colombia. En la cava de Buen Vivir hay desde vinos jóvenes, hasta los de guarda, que datan de 1999.
Por: 9/4/2015 00:00:00
Un día, Julio Eduardo Rueda cierra el negocio de su vida en un yate en Río de Janeiro, y al siguiente, es recibido en el Castillo de Brolio, por el barón Francesco Ricasoli, heredero de la bodega más antigua de Italia. El nombre de este bogotano, reconocido como uno de los mejores anfitriones de la ciudad y experto en la cata de vinos de guarda, siempre se relaciona con su empresa, pero también con su filosofía: “buen vivir”. Lo que ese visionario inició hace 33 años como un negocio de importación de licores, se fue decantando en un restaurante, en una revista de estilo de vida y en la bodega de selección de vinos más importante del país.

La Mesa del Buen Vivir, el restaurante con el que siguió la tradición de El Pórtico, de propiedad de la familia de su esposa, Ana María Pradilla, es uno de los tradicionales refugios de la sociedad capitalina. En la casa estilo inglés del barrio El Nogal de Bogotá, se han cerrado grandes negocios, se han comprometido en matrimonio muchas parejas del jet set nacional, y también se han “celebrado” otros tantos divorcios. Todo siempre acompañado del buen humor que lo caracteriza, y alrededor de unas exclusivas copas seleccionadas cuidadosamente por él. “Julio E. es el alma de la amistad y de los vinos. Él siempre está encendido, es la chispa pura”, dice Dalita Navarro, quien al lado de su esposo, Belisario Betancur, encabezan la lista de los amigos y clientes más queridos de Buen Vivir.

Algunos de los vinos que guardan los Rueda en su cava son descritos como: “Distinguidos, sociables y acogedores... que cautivan”. Y así también son ellos. Julio Eduardo, el padre; Andrés y Cristina, sus hijos mayores, siempre se aseguran de que sus invitados se sientan como en casa.

En Buen Vivir habitan los aromas y sabores de los mejores viñedos del mundo. Allí, donde están almacenadas cientos de botellas de Chateau Montelena, Vega-Sicilia o Torremilanos, la gente va a comprar, pero también a aprender en las catas guiadas por Andrés. En ese lugar que acoge a expertos enólogos, pero también a los neófitos, se conservan las historias de las 29 casas vinícolas que hoy forman parte del inigualable portafolio construido por Julio Eduardo.

Su camino en la comercialización comenzó en Río de Janeiro, Brasil, durante un encuentro de distribuidores del champagne Veuve Clicquot. La conversación en un velero a mar abierto con Pablo Morandé, creador de Don Melchor de Concha y Toro, le reveló el negocio a Julio Eduardo: desarrollar la cultura del vino de altas gamas en Colombia. Las primeras viñas con quienes se unieron fueron las chilenas Santa Rita 120 y Los Vascos, y desde entonces no han parado. Venden vinos jóvenes, reservas, gran reservas, de especialidad y de guarda, que han llegado a su bodega después de compartir con los productores. Julio Eduardo recuerda especialmente su encuentro con Pablo Peñalba en su finca Torremilanos, en Aranda del Duero, Chile. 

La experiencia les dice que para hacer inventarios de vino se requiere tiempo, dinero y saber comprar, pero sobre todo tener una buena relación con la gente. Por eso sus remates anuales son tan especiales. Durante tres días, los Rueda se dedican a atender y asesorar a sus clientes y amigos, entre quienes se cuentan desde hace años Alí Humar y Guiomar Jaramillo, Clara María Ochoa, Rafael Nieto, Gonzalo Córdoba, Germán Vargas Lleras, Jaime Pastrana o Guillermo Vives. Andrés, quien se formó en Chile, Argentina y España al lado de los mejores enólogos, se pasa por cada mesa y hace las respectivas sugerencias. 

Los Rueda se han ganado la confianza de la gente gracias a la generosidad con que les enseñan a escoger lo mejor. Son los pioneros de los encuentros para descorchar botellas de vino en Colombia. En el año 2002 hicieron la primera cata para 520 invitados. Allí lograron reunir a enólogos de España, Chile y Argentina, quienes guiaron las mesas dispuestas con nueve copas de la cristalería Riedel por persona. “Fue un gran impacto. La gente empezó a aprender de las cepas. Se enteraron de que son de la misma familia, pero una es astringente y seca; la otra es dulce y ácida; y la otra, dulzona”, explica Cristina, que aunque es la encargada de los negocios y los números de la empresa, también sabe de los Cabernet Sauvignon, Malbec o Merlot. 

A Andrés le gusta robarle una frase a su padre: “Adoro mi deliciosa ignorancia”, y dice que eso es lo más lindo del vino. Que no hay que describirlo y siempre sorprende. “Porque cuando uno se las da de ‘sabiondo’, siempre tiende a criticar”. Por eso una cata en Buen Vivir es lo más sencillo del mundo. Quien llega a dejarse guiar por la experiencia de 18 años de Andrés, solo debe estar dispuesto a exacerbar los sentidos. “Se trata de que los ojos admiren el color translúcido del vino y que la nariz vaya a fondo. Porque los buenos vinos son como los buenos perfumes: impactan pero no hostigan, agradan al punto preciso. También cumple un papel importante el oído. Por ejemplo, al momento de servir un vino adulto se golpea en la copa y después se echa más lentamente”, explica Julio Eduardo.

Los Rueda dicen que el mejor vino es el que le guste a cada uno, y asesoran a quienes quieren armar su cava particular. “No se trata de vender y botarles las cajas en la puerta de sus apartamentos o fincas. Siempre necesito de dos horas para ir personalmente a llenar la cava, para que el dueño aprenda cuál es el orden de las botellas, que sepa qué puede servirles a los invitados a una comida de seis o qué debe descorchar en su próximo aniversario”, aclara Andrés. También los llaman para que les clasifiquen los vinos heredados, esos que muchas veces ya no sirven para nada. Pero después de la decepción, sus amigos les agradecen la honestidad. Julio Eduardo, Andrés y Cristina coinciden al decir: “Para disfrutar el vino hay que descorcharlo con generosidad”, y ellos son expertos en el tema.


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