Revista Je-set

Los refugios del papa

El palacio de Castelgandolfo y el convento Mater Ecclesiae, dos apacibles lugares ricos en jardines, historia y arte, acogen a Benedicto XVI ahora que ha dejado para siempre su dignidad de sumo pontífice de los católicos.

Los refugios del papa. En su corto pontificado, Benedicto XVI siguió la tradición de pasar el verano en Castelgandolfo. En el 2010 el Vaticano distribuyó esta foto de él dando de comer a los peces en el estanque de la villa. Foto: Getty Images.

En su corto pontificado, Benedicto XVI siguió la tradición de pasar el verano en Castelgandolfo. En el 2010 el Vaticano distribuyó esta foto de él dando de comer a los peces en el estanque de la villa. Foto: Getty Images.

El mundo no sale de su asombro por la renuncia del papa, algo poco común en la historia de la Iglesia católica, cuyos jerarcas son vitalicios, y que no se veía desde 1415 con Gregorio XII. A pesar de que los “vaticanólogos” tejen sesudas conjeturas sobre los motivos de semejante gesto, visto por muchos como de humildad y grandeza, ronda en el ambiente la sensación de que tal vez nunca se sepa la verdad, pues con su voluntad de apartarse para siempre de la mirada pública, el alemán Joseph Ratzinger se llevará sus razones a la tumba.

Ante este desconcertante velo de misterio, tan de la entraña de Ciudad del Vaticano, sede de los papas, a los católicos les sirve de consuelo calmar la curiosidad con los sitios donde el pontífice se retirará con sus oraciones y sus secretos. Al descorrer sus puertas, la mirada se deslumbra con estos recintos en los que convergen la espiritualidad y el recogimiento con las grandes épocas de la historia y las bellas artes.

El 28 de febrero, cuando se hizo efectiva su renuncia, el expapa se trasladó al Palacio de Castelgandolfo, residencia de verano de los sucesores de San Pedro en la mítica región del Lacio, cerca de Roma. La propiedad está en suelo italiano, pero es dominio del Estado vaticano por un principio de extraterritorialidad acordado en el tratado Letrán, en 1929. Lo curioso es que con sus 55 hectáreas, las Villas Pontificias de Castelgandolfo, título que les concedió Clemente XI en el siglo XVIII, son más grandes que el propio Vaticano, de 44 hectáreas.

El actual palacio papal data de 1600, pero se yergue en parte sobre los cimientos de la Albanum ?Domitiani, la villa más famosa de la antigua Roma, propiedad del emperador Domiciano, muerto en el año 96 d. C. Tras una turbulenta historia, la propiedad quedó en manos de los Estados Pontificios en 1596 y poco a poco se le fueron agregando más terrenos y estancias, como el Palacio Barberini, la Villa Cybo, un observatorio, dos conventos de clausura y una parroquia. Veinticinco de sus hectáreas hoy están dedicadas a prósperas actividades agropecuarias, cuyos productos se comercializan bajo la marca Fattoria Ville Pontificie. El papa Urbano VIII fue el primero en usar el sitio como retiro de verano y desde entonces muchos de sus sucesores han llegado allí en busca de su clima benigno, la paz de sus bosques, las aguas del lago Albano, las vistas al mar Tirreno, sus jardines y el afecto de los vecinos.

Los interiores, por su parte, no son menos hermosos, adornados con obras de maestros como Bernini y evocadores del paso por allí de celebridades de la historia, como monarcas y artistas, pues los papas suelen recibir allí en audiencia, aunque en un ambiente distendido, sin la pompa de la Santa Sede. Íngrid Betancourt, por ejemplo, fue atendida en ese lugar por Benedicto XVI.?Hacia mediados de marzo, si no antes, cuando el humo blanco de la Capilla Sixtina le anuncie a la Iglesia que tiene un nuevo papa, Ratzinger retornará al Vaticano, donde se ocultará del mundo en Mater Ecclesiae, un monasterio de estilo simple pero moderno, adyacente a los hermosos jardines vaticanos. Según la web de la Santa Sede, su arquitectura y localización, en una elevación de la colina vaticana, “rememora la soledad y lo sacro ?de los antiguos eremitorios”.

En efecto, en Mater Ecclesiae Ratzinger será un verdadero ermitaño a espaldas de la cúpula de San Pedro, solo acompañado por su fiel secretario, George Gaenswein, y cuatro mujeres de la asociación laica Memores Domini, quienes se consagrarán a su servicio doméstico.

El priorato, ahora en obras de reacondicionamiento, facilita la contemplación a lo largo de sus cuatro pisos por su estilo tan escueto y austero, que su única decoración está en la capilla. Fundado en 1994 por Juan Pablo II, antecesor de Ratzinger, para albergar un convento internacional de vida contemplativa, Mater Ecclesiae ahora saldrá de las sombras para ser recordado como el albergue postrero del primer expapa en casi ?seiscientos años.

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