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Los premios ecológicos de Sandra Bessudo

Los premios ecológicos de Sandra Bessudo

Revista Jet-set

La directora de la Fundación Malpelo recibió cuatro premios en línea, incluyendo el del Instituto de Oceanografía de Mónaco que le entregó el príncipe Alberto en París. Con la labor de preservación ecológica se han protegido especies de animales que solo existen en Colombia, como el alcatraz llamado “piquetero de Nazca”.
La gestión de Sandra Bessudo como directora de la Fundación Malpelo permitió que la Unesco declarara los islotes y los ecosistemas alternos como Patrimonio Natural de la Humanidad. Foto: Yves Lefevre.
Por: Edición 2946/11/2014 00:00:00
Los Bessudo suelen hablar de ellos mismos con mucha humildad. De Sandra, por ejemplo dicen: “Está dedicada a su buceo”. Pero no entran en más detalles, y eso que la hoja de vida de la activista ecológica sobrepasa una decena de reconocimientos y premios por su gestión como directora de la Fundación Malpelo. Hace poco recibió cuatro más, incluyendo el que le otorgó en París el Instituto de Oceanografía de Mónaco por su labor desde 2006 frente a la preservación de Malpelo y las aguas contiguas. La distinción se la entregó el príncipe Alberto II de Mónaco, quien elogió las tareas de defensa del santuario ecológico, ubicado a un día y medio por vía marítima desde Buenaventura. El área protegida llega a 9584 kilómetros cuadrados.

El principado entrega esta mención desde 1948 y se desprende de la pasión del tatarabuelo del actual gobernante, el príncipe reformista Alberto I, el gran explorador, aventurero y cartógrafo que también creó el Museo Marino de Mónaco a principios del siglo XX.

En los mismos días del reconocimiento monegasco, la Corporación Nacional de las Microempresas le otorgó a la Fundación Malpelo la placa de mejor pyme ambiental, y a su directora el pergamino de empresaria del año. Igualmente por su conservación del tiburón amarillo en este oasis de flora y fauna, la fundación clasificó entre los cinco finalistas del Premio Caracol Televisión a la proteción del medio ambiente. Una moñona de galardones que en últimas celebran la vida que existe en esta zona gracias a factores que conjugan las labores ambientalistas y militares.

También cuenta la aislada ubicación geográfica que la ha blindado, hasta donde se ha podido, de las acciones del hombre. En la región preservada se derriban continuamente los cercos de pescadores ilegales, contrabandistas de combustible de Ecuador y traficantes de drogas que se han convertido en una piedra en el zapato para la Armada Nacional que la vigila desde 1986.

Malpelo es una zona de turismo controlado con estrictas normas ecológicas, pero también representa un escenario de investigación científica para diferentes organizaciones del mundo que estudian las especies terrestres y marinas propias de los islotes y las migratorias. En este lugar llama la atención un alcatraz endémico, conocido como “piquero de Nazca”, de pico manchado y que anida dos veces al año. Por la actividad de continuo apareamiento constituyeron una colonia de unas cien mil aves, el doble del primer censo que se hizo en 1945. Con la presencia humana esto hubiera sido imposible.

En las apartadas islas se guardan más récords como las más de diez mil inmersiones bajo agua de Sandra Bessudo, la directora de la Fundación Malpelo, un trabajo que ha combinado hasta ahora con su labor en la Dirección de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia. La activista recuerda que conoció el mar cuando tenía apenas 4 años y que esa fue la primera vez que se puso una máscara de buceo. Jean Claude Bessudo, el papá, la llevó a las cálidas corrientes marinas de Roatán, una de las islas más grandes de Honduras. El empresario turístico le inyectó más energía a la pasión por los mares que tenía su hija, con las continuas visitas al Oceanario de Rafael Vieira, en las islas del Rosario. Era una niña frágil y delgada, pero parecía de hierro por la emoción que sentía por los tiburones.

Por eso, cuando estuvo frente al escualo de la especie Odontaspis ferox, conocido como “el monstruo de Malpelo” por sus cuatro metros de largo y fauces filudas, no sintió escalofrío, sino un regocijo que la acercó a la presencia divina: “Cuando estoy bajo el agua, rodeada de estos animales, solo puedo decir que Dios existe. Él es el único que pudo crear una cosa tan maravillosa”.

Hace unos años, esta mujer de nervios de acero rastreó varias cuevas de tiburones con la intención de practicarles las pruebas de ADN. La hazaña llamó la atención de un equipo de documentalistas franceses, entre ellos su expareja Yves Lefèvre, quien es el padre de su hijo Suani. La producción titulada Sandra Et Le Requin Inconnu –Sandra y el tiburón desconocido– obtuvo el premio Conservación de la Unesco y el primer puesto del jurado del Festival Mundial de Imagen Submarina, en la ciudad costera de Antibes, Francia.

No ha sido la primera vez que el nombre de Sandra Bessudo se ha escuchado en la Organización de las Naciones Unidas. En el año 2009, ella y su equipo lograron que la Unesco declarara el oasis de Malpelo como Patrimonio Natural de la Humanidad. Entre ella y las islas existe una relación de amor eterno.
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