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Los indígenas nominados a los Premios Óscar con 'El abrazo de la serpiente'

Los indígenas nominados a los Premios Óscar con 'El abrazo de la serpiente'

REVISTA JET-SET

Los protagonistas de 'El abrazo de la serpiente', de Ciro Guerra, estarán en la alfombra roja de los Premios Óscar. En un hecho histórico la producción del director colombiano fue nominada como mejor película extranjera.
Nilbio Torres Vargas, de la etnia cubeo, asentada en Vaupés, hace el papel del chamán Kamarakate en la etapa de la juventud. El joven de 30 años, quien vive de la agricultura, caza y pesca, jamás había actuado en su vida.
Por: 7/5/2015 00:00:00
Nilbio Torres Vargas, el indígena de la etnia cubeo que interpreta al protagonista de la película en la etapa de la juventud, tenía las peores referencias de Bogotá. En su comunidad, un caserío enclavado en la periferia de Mitú (Vaupés), había escuchado que la capital colombiana “era un nido de atracadores donde mataban a la gente”. Por eso, cuando tomó el avión por primera vez a la gran ciudad fue preso de la incertidumbre, que en últimas le sirvió para que valorara el remanso selvático donde vivía. Pero una vez en la capital, el artista que nunca antes había actuado en su vida, dijo: “Bogotá me encantó. Es otro mundo. No me importó el frío ni el ruido de los carros, ni tanto cemento”.
Ciro Guerra, el director de El abrazo de la serpiente, lo descubrió en la comunidad vaupense de Santa Marta, donde vive de los cultivos de yuca y maíz, y de la cacería de animales en extinción como las lapas, dantas y gallinetas. “Si no los cazo por la noche mis cuatro hijos no comen. ¿De qué viven?”, aseguró convencido de que en la selva sobrevive el más fuerte y feroz. 
El otro protagonista de esta producción, Antonio Bolívar Salvador, de 70 años, y uno de los 60 sobrevivientes del grupo indígena ocaina, ha tenido el espíritu más errante. Hace unas décadas vivió en varias regiones multiétnicas, puntualmente en la ciudad brasileña de Tabatinga, donde fue jardinero del hospital local. Bogotá también le gustó, pero no tanto como para cambiarla por su comunidad, otro humilde caserío a siete kilómetros de Leticia (Amazonas). En este lugar, es una de las cabezas del consejo de sabios que han librado una lucha, hasta ahora estéril, con el propósito de preservar las costumbres y creencias de su gente.
Nilbio, el consejero septuagenario, ya tuvo una experiencia en el cine al interpretar un personaje secundario en el cortometraje Amazonas: infierno y paraíso. En este film aparece al lado de Kápax, en una escena de acción que los mostró mientras controlaban una anaconda que atacaba a los humanos. Por su debut en el cine, Antonio Bolívar Salvador recibió 20.000 pesos y un eterno sinsabor debido al estereotipo con el que le mostraron al mundo a los indígenas. Desde hacía 30 años no se había vuelto a filmar una película en el Amazonas colombiano. Hasta que al director Ciro Guerra se le ocurrió realizar esta cinta, inspirada en los diarios de los primeros exploradores que pusieron un pie en el llamado pulmón de la humanidad. Ellos fueron el etnólogo Theodor Koch-Grunberg y el biólogo Richard Evan Schultes, quienes relataron a manera de crónicas de aventuras sus encuentros con el nuevo mundo. 
No obstante, el Amazonas mágico que creía en el poder de los chamanes, la sabiduría de los sacerdotes y la justicia del hechicero solamente está guardado en la memoria de ancianos como Antonio Bolívar, quien logró apaciguar las tensiones y vicisitudes climáticas que aparecieron durante el rodaje de la cinta con sus cuentos de espíritus selváticos y de tigres que se devoraban de un mordisco a los ladrones de poca monta.
El diluvio universal que cayó durante los días que antecedieron la filmación enfureció las aguas de los ríos aledaños a Mitú y Puerto Inírida (Guainía), donde se rodó la quijotesca producción nacional. Tanto, que el realizador Ciro Guerra buscó un payé –una especie de curandero y sacerdote– que los inició en un largo ritual con el objetivo de protegerlos de los aguaceros. “Y funcionó. De manera sorpresiva dejó de llover. En su vivienda se dedicó a dialogar con la selva para explicarle la necesidad de rodar la película”, aseguró el director. 
Aún así, las jornadas de trabajo, de hasta 16 horas diarias, estuvieron cercadas por otros contratiempos como el brote de enfermedades tropicales y las picaduras de insectos. La filmación, convertida en una especie de torre de Babel en la que se hablaba español, alemán, portugués y unos nueve dialectos indígenas, se cumplió pese a todo, incluyendo el cansancio de Guerra al punto de que casi tira la toalla en unas cuantas ocasiones. 
La cuota de los actores blancos corrió por cuenta del belga Jan Bijvoet y el estadounidense Brionne Davis, quienes jamás habían estado en el Amazonas. Los artistas debieron aprenderse algunos vocablos nativos, de la mano del veterano del grupo, Antonio Bolívar.
Los dos artistas indígenas recibieron clases de actuación con el experto Andrés Barriante, encargado de transmitirles los diálogos del guion y de marcarles el manejo del cuerpo. “Como ellos vienen de una larga tradición oral, el oído lo tienen desarrollado. Por eso captaron cada una de las indicaciones que les dio Andrés”, dijo Ciro Guerra.
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