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Los hipopótamos de la mafia

Los hipopótamos de la mafia

Revista Jet-Set

El asesinato en 2009 de Pepe, uno de los hipopótamos de Pablo Escobar, abrió el debate sobre qué hacer con los cuarenta que habitan en la Hacienda Nápoles. Para los científicos la solución es sacrificarlos, mientras que los ambientalistas piensan que se deben castrar y enseñarles a vivir con la comunidad. Jet-set le siguió los pasos al animal que más muertes causa al año en el mundo.
Jorge Caro, director veterinario del Parque, y Carlos Palacio, director de Fauna, con Matildo y Juaco, los dos hipopótamos bebés que tienen en la clínica para investigación. Foto: Gerardo Gómez/12
Por: 19/10/2012 00:00:00
A cinco horas de Bogotá en carro y a tres de Medellín está ubicada la Hacienda Nápoles, que antes era el zoológico de Pablo Escobar y ahora es un parque temático estilo Disney, donde habitan, entre otros animales, cuarenta hipopótamos. Los cuatro primeros ejemplares, tres hembras y un macho —El Viejo— fueron comprados por Pablo en 1983 y transportados a Puerto Triunfo en un avión Hércules, que un reportaje del periódico El Tiempo recuerda como la “narco-arca”. A bordo viajaban elefantes de India, búfalos de Estados Unidos, canguros de Australia, flamencos, antílopes, rinocerontes y una jirafa. Las autoridades capturaron el avión y llevaron las bestias al zoológico Santa Fe de Medellín.

El narcotraficante se enfureció y sobornó al vigilante del zoológico para que los regresara a su casa de recreo. Con la muerte de Escobar, en diciembre de 1993, la Hacienda Nápoles pasó a manos de la Dirección Nacional de Estupefacientes y entró en una época de abandono; los animales que no murieron se los robaron o fueron donados a organismos ambientales. Pero ese no fue el caso de los hipopótamos, que se quedaron allí y, sin control especializado, empezaron a multiplicarse.

Jorge Caro, director veterinario del Parque, calcula que hoy viven cuarenta de estos mamíferos en la Hacienda, pero que pueden haber muchos más en los alrededores, lo cual representa la mayor concentración de estos animales fuera de África. “Mantenerlos dentro del Parque es un lío porque los costos son absurdos. Hemos hecho estudios y el valor inicial de una contención en un área de sesenta hectáreas alrededor del lago vale más de siete mil millones de pesos. Además usted encierra aquí esos hipopótamos y quién les va a dar comida por el resto de la vida; tenga en cuenta que son animales que viven sesenta años en promedio y que cada uno come trescientos kilos de pasto diario”.

Según Jorge, los hipopótamos no deben estar sueltos por ninguna circunstancia: “Es un riesgo para la gente, es como tener leones corriendo libremente por acá, pero la situación se nos sale de las manos”. Pese a su dulce y regordeta apariencia, son los animales más peligrosos del mundo. Un macho puede llegar a pesar seis toneladas y sus colmillos pueden medir hasta cincuenta centímetros de largo. Son agresivos, territoriales y responsables de más muertes en África que ningún otro animal, por encima de los felinos, búfalos y serpientes venenosas. En Colombia hay testimonios de campesinos que confirman haber sido atacados por estos monstruos salvajes. “Si usted le pregunta a los expertos qué debe hacer con ellos, unánimemente le van a decir: ‘Sacrifíquelos, deles un tiro con un fusil sanitario’. Ellos son una amenaza para nuestro ecosistema y deben ser erradicados de alguna manera, pero la gente no entiende por qué el Estado los tiene que matar”.

El asesinato de Pepe, en el 2009, a manos de un cazador profesional indignó a los proteccionistas y desató un escándalo en el país. El veterinario del Parque asevera al respecto: “Lo de Pepe fue una cosa bien hecha, fueron tres años de trabajo antes de tomar la decisión. Asesores nacionales e internacionales concluyeron que el animal no se podía capturar y que había que aplicarle la eutanasia. El problema fue que trataron de manejar eso oculto. El Ministerio no contaba con que la noticia se iba a filtrar a los medios. Hay correos certificados de todos los que protestaron por la muerte del animal diciendo que no podían hacerse cargo de él”.

Desde entonces nadie quiere meterse en camisa de once varas y dar una orden de eutanasia para un animal de estos. La prueba es que Cornare (Corporación Autónoma Regional de Rionegro-Nare) invertirá sesenta millones de pesos en capturar dos y llevarlos de nuevo a la Hacienda, pues ya hay quejas de la comunidad de que están matando el ganado y dañando los sembrados. Jorge insiste en que mientras los dolientes del tema, que en este caso sería el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Territorial, no hagan un encierro temporal en Nápoles para contener los animales, él puede ir a cogerlos las veces que sea, pero se van a volver a escapar. “Yo he hecho operativos de quince o veinte días, muy costosos, para traerlos hasta acá y el hipopótamo en una noche vuelve adonde lo cogimos”.

En ese orden de ideas, la única solución es castrarlos para que no se sigan reproduciendo, pero el procedimiento es dispendioso y tiene unos costos altísimos. De hecho, la anestesia para un hipopótamo adulto puede valer siete millones de pesos y muchos no la aguantan y mueren durante la cirugía. “Esta práctica es reciente en el mundo y apenas estamos aprendiendo”, dice Caro mientras muestra orgulloso en su celular las fotografías de la vasectomía que le practicó hace un año a Napolitano para un documental de Discovery Channel. “Fue un trabajo arduo en el que nos pasamos más de un mes ubicando al animal; otro mes más cebándolo para asegurarnos de que se quedaría en un solo sitio y estableciera una rutina para su captura y reubicación. Para transportarlo fue necesaria una logística que incluyó una retroexcavadora y un helicóptero del Ejército, que lo llevó por aire hasta la Hacienda Nápoles”.

Hipopótamos amansados


A cuarenta minutos de Puerto Triunfo, por una carretera que se vuelve un lodazal cuando llueve, está la Clínica del Parque, donde habitan Matildo y Juaco, dos bebés hipopótamos que forman parte del programa de crías que se retiran de la manada para evitar que se apareen. Ellos ya están acostumbrados a interactuar con la comunidad, juegan y ven televisión con los hijos de los cuidanderos y reciben comida de manos de los curiosos visitantes y vecinos de la zona que les llevan zanahoria, bocadillos y hasta paquetes de rosquitas. Al acercarse a ellos cuesta creer que sean los animales más peligrosos del mundo y dan incluso ganas de tocarlos.

Su piel es carrasposa y grasosa porque desprenden una sustancia de color rosado que hace las veces de protector solar. Jorge asegura que cuando son cachorros estos animales actúan como perritos, pero que tarde o temprano su instinto salvaje sale a flote. “Se pueden amansar, pero no domesticar porque es un proceso que tomaría millones de años y una serie de modificaciones genéticas”, advierte.

Un ejemplo de que un animal de estos puede convivir con los humanos es Vanessa, la hipopótamo que se ha convertido en la principal atracción y en la imagen del Parque. A sus siete años ya es tan famosa que tiene página de Facebook y todos quieren tomarse fotos con ella. Los hipopótamos que habitan en Nápoles son vistos cada año por más de 150.000 turistas —una tercera parte extranjeros, en especial de Estados Unidos, Holanda e Italia—. Muchos llegan con las ganas de conocer la casa de recreo del famoso narcotraficante y encuentran un santuario de fauna que no tiene nada que envidiarle a ningún zoológico del mundo.
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