Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Los herederos del chic

Los herederos del chic

Revista Jet-set

Antoine y Delphine Arnault son los hijos mayores de Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y quien controla el negocio de las marcas de lujo.
Delphine, de 37 años, y Antoine, de 35, nacieron en Francia y pasaron su infancia en Estados Unidos. Ella es gerente general de Dior y directiva de Céline, Pucci y Loewe. Él es presidente de Berluti y director de comunicaciones de Louis Vuitton, todas marcas de propiedad de su padre. Su madre fue la fallecida Anne Dewavrin, la primera esposa de Bernard Arnault. Foto: Look Press Agency.
Por: 2/3/2013 00:00:00
A los 17 años, su padre le regaló unos zapatos Berluti, un clásico de la elegancia masculina, tan perfectos que un par puede costar hasta sesenta millones de pesos. Por esos días, Antoine andaba rebelde, oyendo a Nirvana, y casi no los usó, pero hoy los recuerda con cariño y no sin razón. Hace poco, ese mismo papá que le dio sus primeros Berluti lo puso al frente de la marca para refrescarla, sin traicionar sus 127 años de tradición.

Jugador de póquer de talla mundial, famoso por ser el novio de la top model Natalia Vodianova, Antoine Arnault es el más conocido de los hijos de Bernard Arnault, quien no solo es el dueño de una reliquia como Berluti, sino del conglomerado LVMH, poseedor a su vez de un largo catálogo con las mejores marcas de moda, como Dior, Givenchy, Marc Jacobs, Donna Karan, Louis Vuitton, Fendi, Tag Heuer, Bulgari, Céline, Loewe, Pucci y Guerlain, entre otras. En menos de tres décadas, Arnault se convirtió en el rey del mercado del lujo, pues además se hizo a otros símbolos de la buena vida, como el champaña Veuve Clicquot, los licores Hennessy, los vinos Château D’Yquem, hoteles y los almacenes Le Bon Marché, que en conjunto le reportaron al emporio 31.000 millones de dólares de ingresos en el 2011. Antoine es así heredero del hombre más rico de Francia, cuya fortuna de 41.000 millones de dólares es la cuarta del mundo, según Forbes.

Como también es director de comunicaciones de Louis Vuitton, Antoine es accesible a los periodistas y la pregunta que siempre tiene que responder es por qué, aun en tiempos de crisis, la gente sigue pagando precios tan exorbitantes por sus célebres sellos. “Para ellos no son solo zapatos o trajes, es un estilo de vida, un mensaje a los demás (…). No es indecente que nuestras marcas crezcan, porque nuestros clientes piensan que están comprando bienes y no productos”, le dijo a The Guardian, de Londres, cuando llegó a Berluti en el 2012.

La clave del éxito del imperio Arnault está en que sus dueños intervienen en los más mínimos detalles. Para la muestra, en la casa Dior, emblema de la alta costura, hoy no se mueve una hoja sin que no lo sepa Delphine, hermana mayor de Antoine. Como él, desde la infancia, fue introducida por su padre en el negocio. Los fines de semana los pasaban en las tiendas, hablando de las marcas y discutiendo su publicidad.

Delphine tiene fama de ser dura y distante, pero a la vez “rigurosa, bien educada y muy seria” como su padre, según los que trabajan a su lado en Dior, en París. Allí es hoy la gerente general y siguiendo una práctica de Bernard, no se calla si cree que el diseño de una pieza no está bien y lo manda a repetir. “Estoy involucrada desde el primer bosquejo hasta el momento en que el producto llega a la tienda y la manera en que es presentado allí”, le comentó a la revista del Wall Street Journal. Es tan intensa, anota Sidney Toledano, presidente ejecutivo de Dior, que pocas horas antes de dar a luz el año pasado a su primera hija, Elisa, seguía enviando instrucciones por e-mail a su equipo.

Si Antoine hace muy público su romance con la bella Vodianova, Delphine es la comidilla porque mantiene en secreto la identidad del padre de Elisa. Gracias a ambos, opina su hermano, suavizó su carácter y volvió a sonreír tras la decepción que sufrió con su exesposo, Alessandro Vallarino Gancia, rico heredero italiano. La boda fue el suceso social del 2005 y mereció quince páginas de despliegue en la revista Paris Match, que mostraban la gran cita del jet-set que fue y el esplendoroso vestido de la novia, diseñado por John Galliano y confeccionado en los talleres de Dior, por supuesto. Luego de tanto bombo, se divorciaron en el más completo sigilo cinco años más tarde.

Los Arnault no tienen para nada fama de típicos niños ricos, pretensiosos y holgazanes. “Trabajamos duro. Crecimos con valores sobre la importancia de ello y el respeto a la gente. No estamos en las revistas de chismes jugando billar desnudos”, le dijo Antoine a The Guardian en una indirecta al príncipe Harry de Gales. Pese a los altos precios de sus marcas, él se preocupa porque sean más igualitarias, al menos en la atención en sus tiendas. “Si veo a uno de mis vendedores ignorando a alguien porque le parece que no es un buen cliente, lo despido de inmediato porque eso es un grave error. Si tú no puedes comprar, vas a ver cosas bonitas en el almacén y el día que puedas, nosotros aún estaremos ahí”.

No obstante, los herederos de la familia más influyente del estilo reconocen lo grata que es su vida laboral. “¡Nos levantamos a trabajar en la moda, rodeados de creatividad, gente bonita, cosas hermosas!”, exclama Antoine. ¿Y cómo es trabajar con el implacable Arnault? “Hay cierta presión, pero no somos dignos de lástima. Tenemos una buena vida y un gran trabajo al que no llegamos en un pestañeo. Mi padre confía en nosotros y cada vez estamos más involucrados en las decisiones”, cuenta. Mientras tanto, en el mundo de los negocios la gran incógnita es cuál de los dos hermanos relevará al magnate y si la eventual puja por el poder marcará el declive de LVMH, como ha sucedido con tantos otros emporios familiares.
LO MÁS VISTO