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Los fantasmas de Rafa Taibo

Los fantasmas de Rafa Taibo

REVISTA JET-SET

Cada domingo a las nueve de la noche el director del programa Ellos están aquí mantiene en vilo y terror a miles de televidentes del canal RCN. Los espíritus, como los que habitan la Peña de Juaica, el Hospital de Faca o el Bronx de Bogotá, que fueron descubiertos en un segmento que Rafa Taibo tenía en el periodístico Cuatro caminos, ahora tienen su propio espacio.
Hace un poco más de un año, Rafa Taibo inició su segmento de Ellos están aquí en el programa Cuatro caminos, con la historia de los fantasmas que habitan estos antiguos y abandonados estudios de grabación de RCN.
Por: Revista Jet-set.20/12/2016 00:00:00

Rafael Taibo no conoció bien a su abuela paterna. Inés murió un año después de que él nació en Galicia, España, pero a los 8 años, en una de las tantas visitas que él le hacía a su abuelo viudo en la casa familiar, pudo verla, sentada y sonriente frente a su cama: “Me cagué del miedo y fui corriendo a contarle a mi mamá que había visto a una señora”, recuerda. Para calmarlo, le mostraron algunos álbumes de fotos y allí la identificó. Ese inquieto niño que aprendió a leer desde los 3 años, abrió esa noche otra puerta a una curiosidad por el más allá que se acrecentó en la adolescencia a través de las sesiones con la tabla ouija que su madre acostumbraba a practicar.

Al actor y director que llegó a Colombia en 2005 seducido por el amor de una mujer, siempre le ha gustado descubrir misterios, meterse en la boca del lobo y arriesgarse. Para él, que no ha perdido el acento español pero que usa todos los dichos colombianos, no es extraño recorrer el país en busca de espíritus en su programa dominical del canal RCN, Ellos están aquí. Tampoco es raro que lo haga como una forma de entretenimiento, ya que empezó a rodar sus propias películas desde los 10 años con la cámara de ocho milímetros que le regaló su padre.

El artista, recordado por sus actuaciones en las telenovelas La Pola o Allá te espero, dice que la muerte ya no lo asusta porque su existencia es intensa y “galopada”, y ha aprovechado cada segundo de sus 56 años: tiene seis hijos, tres exmujeres y muchos kilómetros recorridos por el mundo. Este hombre que se sabe guapo, es materialista y no cree en la reencarnación. Predica que somos energía que se transforma, ¿en qué? “No tengo ni puta idea”, responde. De hecho, una de las razones por las cuales no teme morirse es que entonces podrá salir de la duda.

Es un escéptico que quiere creer y por eso se atreve a retar y enfrentar a las energías ocultas halladas en sus investigaciones paranormales. “Ojalá pueda dirigir los próximos capítulos desde el otro lado”, dice medio en broma, usando la misma voz profunda que le pone a la locución del programa con el que ha visitado lugares tan disímiles y enigmáticos como la Catedral de Zipaquirá, el Castillo de San Felipe en Cartagena o el Capitolio Nacional en Bogotá.

Allí se ha enfrentado a sombras, voces, ruidos, golpes de puertas y uno que otro contacto físico. Pero este dueño de un alma joven que se presenta como creador, locutor, escritor, compositor, periodista y cocinero, confiesa tenerle más miedo a los vivos que a los muertos. Pone de ejemplo el capítulo La puerta de infierno, grabado en el derruido sector del Bronx en Bogotá. “El problema allí no fue lo extraterreno, lo más impactante fue descubrir que en pleno siglo XXI, en una ciudad como Bogotá y a pocos metros del centro del poder político de la República haya existido un gueto donde se esclavizaba, torturaba, y se picaba en trozos a la gente”. Esta experiencia le confirmó que el gran problema de la humanidad es la falta de conciencia de que somos una especie que debe caminar unida, porque prima la individualidad y la avaricia. “El mal está en las calles, en la injusticia social, en el fundamentalismo islámico, en Donald Trump”, dice.

Para él lo que presentan cada domingo a las nueve de la noche no es un programa de televisión simplemente o el show de Scooby Doo en el que un grupo de jóvenes se ve envuelto en aventuras fantasmales. Rafa prefiere comparar a su gente con los X-Men, ya que cada uno tiene un don: Ayda Luz Valencia es clarividente; el sacerdote y teólogo luterano Christian Piedrahíta utiliza la fe como motor. Alexánder Torres es parapsicólogo; e Isabel Goyeneche es angeóloga, y los dos usan dispositivos que en teoría miden la presencia de espíritus. Cada uno tiene puntos de vista diferentes y eso les da más contexto a las investigaciones. En algunos de los capítulos tendrán invitados como la colombiana Deseret Tavares, reconocida vidente de las estrellas de Hollywood y quien recientemente predijo la muerte del cantante mexicano Juan Gabriel y el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos.

Ellos están aquí es la búsqueda personal de muchos años de Rafa Taibo, que ahora realiza con un grupo de expertos, dispositivos móviles y 12 cámaras infrarrojas. Cada episodio, que no sigue un libreto, tiene más de 30 horas de grabación reducidas a los 45 minutos al aire. Los dos primeros capítulos del programa se llamaron Ecos del Apocalipsis y los hicieron en Armero, población del Tolima, que desapareció bajo el lodo del volcán Nevado del Ruiz el 13 de noviembre hace 30 años. Para el equipo fue impactante descubrir que los espíritus que aún habitan allí, repiten la historia todos los días a las once de la noche como si volviera a ocurrir la avalancha. “Se oyen gritos de auxilio y gente corriendo”, recuerda Ayda Luz Valencia, quien frente a las cámaras mostró cómo una mano invisible le tocaba la espalda. En el cementerio de Armero fue donde ella tuvo que rezar más alto: “Se sentía fuego, calor y olor a azufre, ese ha sido uno de los peores momentos que he vivido”, recuerda, al tiempo que confirma que su principal misión es ayudarles a los muertos a soltar el apego que los tiene atrapados y se vayan. En lugares en donde ocurrieron catástrofes y masacres como en el Castillo de San Felipe, en Cartagena, ella se dispuso a sacarlos del limbo.

Todos ellos son conscientes de que hay gente que no cree. Rafa reconoce que nadie tiene la verdad absoluta, por eso recibe las críticas con tranquilidad. Han comparado su programa con un circo y él responde que no es tan arrogante de pretender dar respuestas a las preguntas que la humanidad se ha hecho desde que el hombre es hombre. “Lo estoy intentando y nadie puede quitarme ese privilegio, porque he luchado a pulso durante un año para tener este espacio en el canal”.

Protegido con la turmalina negra que lleva en el cuello para desviar las malas energías, aclara que su grupo no es ni una secta ni el oráculo del norte. “El que crea que nos aplauda, el que quiera abuchear que lo haga o pueden escupir si les dan ganas. Lo que me interesa es que nos vean, porque si solamente una de esas personas se le abre la mente como me pasó cuando tenía 8 años y es capaz de encontrar la pista para dar respuesta a una de sus preguntas, merece el esfuerzo”, remata Rafa.

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