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Los cuatro años de soledad de Gabo

El escritor y periodista Gustavo Castro Caycedo lanzará el próximo 10 de diciembre su libro Cuatro años de soledad, en el que revela la historia desconocida de Gabriel García Márquez en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, contada por sus compañeros de estudio, maestros y amigos en la década del 40.

Los cuatro años de soledad de Gabo. Castro logró reunir 14 poesías que Gabo escribió en su época de estudiante. “Su letra es inconfundible y firmaba con el seudónimo de Javier Garcés”, dice. Foto: Archivo Revista Semana.

Castro logró reunir 14 poesías que Gabo escribió en su época de estudiante. “Su letra es inconfundible y firmaba con el seudónimo de Javier Garcés”, dice. Foto: Archivo Revista Semana.

Gustavo Castro Caycedo nació cincuenta días antes de que Gabriel García Márquez llegara a Zipaquirá. Él y su familia vivían a cuadra y media del Liceo Nacional de Varones de esa población, en donde estudió el premio Nobel y se graduaron años después los tres hijos hombres de la familia Castro Caycedo. De esa época, en 1943, nació la inspiración para escribir Cuatro años de soledad, un libro que narra los últimos años de bachiller de quien se convertiría en el escritor más importante de la historia de Colombia.

Todo comienza con los cuentos de “la manca” Cecilia González Pizano, una amiga íntima de la madre de Gustavo, y quien fue decisiva en la vida de Gabo. “Era una mujer muy culta a la que le faltaba una mano y su casa quedaba frente al liceo. Se había graduado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional, pintaba, bordaba, escribía poesía, tocaba el piano y tenía una cualidad especial: contaba con la amistad de muchos de los intelectuales de Bogotá”, dice Gustavo. “La manca” se convirtió en la tutora de Peluca, como apodaron sus compañeros de clase a Gabriel García Márquez. Le ayudaba económicamente, era su consejera y lo conectó con sus amigos de la capital. Cecilia tenía 21 años y Gabo, de 16, había llegado a Zipaquirá el 8 de marzo de 1943 a estudiar los tres últimos años del colegio.

A la pregunta de quién se dio cuenta del potencial de escritor que tenía el bachiller García Márquez, Gustavo Castro concluye (después de entrevistar a más de 82 personas, de las que ya fallecieron 22) que fue su profesor de historia, literatura y castellano, Carlos Julio Calderón Hermida. “Él lo obligó a que dejara las coplas y aprendiera a escribir en prosa. Era el colegio nacional más importante de Colombia y todos sus profesores se formaron en la Normal Pedagógica”, anota Castro.

¿Pero cómo llegó Gabo a Zipaquirá? “Por accidente”, responde Castro. “Él venía en un vapor desde la Costa para buscar una beca en el Colegio San Bartolomé Mayor de Bogotá. En su largo viaje, mientras tarareaba un bolero con algunos muchachos, un señor que se había subido al tren en Puerto Salgar le pidió que le copiara la letra de la canción”. A la semana siguiente, Gabo fue al Ministerio de Educación y después de que le negaron la beca por falta de cupo se reencontró allí con el compañero de viaje. Era Adolfo Gómez Támara, jefe de becas del Ministerio. “Gabo estaba predestinado a llegar a un colegio en el que era tan importante la cultura, que cada noche a las 8:30 un profesor les leía un capítulo de alguna de las obras universales, y el sábado tenían conferencias magistrales con el profesor de música Guillermo Quevedo Zornoza, un afamado compositor, quien le prestó su máquina de escribir a Gabo para que plasmara sus primeros versos”.

Todo pareciera indicar que la vida de Gabo en Zipaquirá fue un jardín de rosas. Pero en su investigación Castro Caycedo descubrió que el nobel siempre se había sentido muy solo allí. “Le hacía mucha falta su abuelo Nicolás Márquez, y además cargaba con un temor: dar su cariño y amistad, ya que las veces que lo había hecho lo habían defraudado”, cuenta Castro. El mismo año que llegó a Zipaquirá, Gabo se enamoró de Lolita Porras y se ennoviaron. Después de regresar de las vacaciones del colegio, se encontró con la noticia de su muerte. Un año después, le apuesta de nuevo al amor y le entrega su corazón a Berenice Torres, la novia de Charry, un alumno del liceo que iba un grado más adelantado. La zipaquireña terminó su noviazgo para hacerle caso al joven costeño de Aracataca, Magdalena. “El recuento de ese amor comenzó en 1999, cuando la encontré en Pasadena, Estados Unidos. Y terminó cuando Gabo volvió a hablar con ella. Pero ese capítulo es mejor leerlo en el libro”, recomienda el escritor.

Gustavo Castro Caycedo enriquece cada uno de los capítulos de Cuatro años de soledad con detalles y nombres, fechas y olores, tristezas y sinsabores. “El principal descubrimiento de mi investigación, aparte de sus catorce poemas inéditos y algunas fotografías desconocidas, son las tragedias que vivió García Márquez en Zipaquirá. Luego de que su primera novia perdió la vida a los 14 años, uno de sus compañeros murió de repente, el rector del liceo se suicidó y su profesor de gimnasia se mató en un accidente de moto”. Lo que el autor buscó con la escritura de este libro fue revivir a Gabo a través de las personas que lo conocieron en Zipaquirá, “porque ni siquiera él mismo se acuerda de esa época”. Ahora, después de quince años de trabajo, le quedan tres deseos cumplidos: dar a conocer el eslabón perdido de la vida de Gabo, a quien define como un inmortal y un hombre fuera de serie. Darles crédito a sus maestros y amigos de esa época. Y saldar la deuda que la historia del nobel tenía con Zipaquirá.

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