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¿Llegará el futuro heredero a ser rey?

¿Llegará el futuro heredero a ser rey?

Revista Jet-Set

Inglaterra está feliz con el anuncio de que el príncipe William y su esposa Kate esperan un bebé. Lamentablemente es casi seguro que ese principito nunca llegará al trono.
William y Kate a la salida del hospital Eduardo VII, donde ella fue internada de urgencia por hiperémesis gravídica, una rara condición que puede indicar que la madre espera gemelos, según la prensa inglesa. Para ese momento se creía que la princesa tenía menos de doce semanas de embarazo. Foto: Look Press Agency
Por: 14/12/2012 00:00:00
William y Kate tenían pensado dar a conocer la próxima llegada de su primer hijo en la reunión familiar de Navidad en Sandringham, pero a ella le dieron tan duro los síntomas de su estado, que les tocó adelantar el anuncio al pasado 3 de diciembre. Ese día, estando de visita en casa de Michael y Carole Middleton, los padres de la duquesa, esta última se sintió tan mal que William mismo al volante la condujo al hospital Eduardo VII, donde los médicos le diagnosticaron hiperémesis gravídica, una rara condición, según The Guardian, que afecta a tres de cada mil mujeres embarazadas.

Sus severos vómitos, informaron los médicos consultados por el diario londinense, pueden causar deshidratación tanto a la madre como al feto y por ello se requiere hidratación y nutrición suplementaria. Por lo demás, dijo The Guardian, esta enfermedad puede ser un indicio de que la madre espera gemelos.

A los pocos días, Kate dejaba el hospital con su eterna sonrisa y al parecer lista para afrontar los arduos meses que le esperan, pues los ojos del mundo, en especial los de la realeza, estarán fijos en ella fiscalizando su look para la dulce espera, cuántos kilos ganará, en fin.

Por encima de esas frivolidades, hay aspectos de mayor seriedad que ocupan por estos días a la familia real. El más grave de todos es la urgencia de modificar las anticuadas leyes de sucesión que anteponen los derechos dinásticos de los hombres a los de las mujeres así sean mayores que aquellos. Con la nueva legislación, dijo el viceprimer ministro Nick Clegg al informar que esta será un hecho, si William y Kate tienen una niña, ella ?será reina así luego le sigan hermanos varones.

No obstante, ello está por verse, de acuerdo con los escépticos, a quienes les cabe la duda de que el flamante heredero llegue a ceñir sobre sus sienes la corona de San Eduardo con que son entronizados los monarcas ingleses. Con base en datos de la ONS (Office of National Statistics), autoridad de las estadísticas en Gran Bretaña, un hombre como William, de 30 años y nacido en la clase alta, tiene una expectativa de vida de 76 años, pero otros cálculos, como los de la Universidad Metropolitana de Cardiff, sugieren que para alguien con sus privilegios y comodidades la cuenta podría extenderse a 82.

“Sobre esa base”, comentó James Kirkup, bloguero de The Telegraph, “el hijo que tendrán el duque y la duquesa el año que viene solo llegará al trono hasta el 2068. En ese momento, él o ella tendrá 56 años”. De acuerdo con las conjeturas de Kirkup, a esto hay que agregarle que la propia ONS estima que un pequeño nacido por estos días tiene treinta por ciento de posibilidades de vivir cien años.


Ello indicaría que el hijo de los actuales Duques de Cambridge reinaría hasta el 2113, es decir, sería todo un monarca del siglo XXII. Por supuesto, concluyó el bloguero, eso sucedería dando por cierta la continuación del actual orden constitucional basado en la monarquía, que en las islas se remonta a más de un milenio y medio. ¿Le seguirán apostando los británicos a tan anacrónica institución? Muchos lo dudan.

Cuando fue destronado en 1952, el derrochador Farouk I, último rey de Egipto, vaticinó: “Pronto solo quedarán cinco reyes: los reyes de Inglaterra, de diamantes, de corazones, de espadas y de tréboles”. El pronóstico se cumplió, pero es incierto hasta cuándo los súbditos del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte seguirán aceptando darle tan sobrados privilegios a una sola familia, pues ya muchos lo encuentran absurdo. Uno de los argumentos que se esgrimen para mantener la devoción a los Windsor es la magia que ejerce el trono, la cual es a su vez un filón para el turismo. Sin embargo, Francia no tiene monarquía y es el país que registra mayores ingresos por este rubro en el mundo, al punto que dobla los de la tierra de Isabel II, abuela de William.

Otra razón que ha justificado la permanencia de la Corona es la distancia y el carácter casi divino, impoluto, de las testas coronadas. Pero hoy esa majestad y ese misterio se han perdido por obra de los tabloides, que, literalmente, han logrado mostrar las zonas menos presentables y más íntimas de la realeza. Mientras que en los años 30, por ejemplo, la prensa británica no se atrevió a hablar del escandaloso romance de Eduardo VIII con la divorciada Wallis Simpson, que lo llevó a abdicar, hoy prácticamente no hay tema vedado en cuanto a la vida palaciega se refiere.

El resultado es que ha quedado al descubierto que los Windsor son una familia disfuncional, que vive de gorra del Estado, mientras que los medios chismosos publican grabaciones de sus miembros diciéndoles a sus amantes “Quiero ser tu Tampax” o sus fotos en topless, borrachos, de camorra en la calle y hasta mostrando las nalgas o los genitales. El destape ha llegado al punto que parejas como Carlos y Diana de Gales se atrevieron a ventilar su odio mutuo y sus infidelidades en la mismísima BBC de Londres, la cadena de televisión ?estatal. En esas circunstancias, el sentimiento republicano arrecia con tal fuerza que a Carlos y a William les va a tocar hacer su mejor esfuerzo para asegurar que en su descendiente siga siendo una realidad el pronóstico de Farouk de Egipto.

¿Qué nombre le pondremos?

Mientras que la historia da su veredicto, la muy británica costumbre de las apuestas ya ha empezado a girar alrededor de este bebé, que será el tercer bisnieto de la reina Isabel II, quien gracias a la noticia de su nuevo sucesor cierra con broche de oro su jubileo de diamante. Aparte de si se trata o no de gemelos, las cábalas le apuntan al sexo del infante y, en especial, cuál podría ser su nombre, que no es cualquier cosa, pues si sube al trono, así se llamará también a toda una era, como sucedió con los periodos isabelino, victoriano o eduardiano.

La tradición del último siglo y medio enseña que todos los herederos reales solo han sido bautizados con nombres de antiguos reyes y reinas. Así, si es niña, las opciones serán escasas: Victoria, Ana, Isabel y Mary, el cual tiene negros recuerdos por la sanguinaria María Tudor. La baraja de nombres masculinos es más amplia: James, Edward, Henry, George… Pero para Rowan Pelling, de The Telegraph, es hora de hacerle justicia a Leonor de Aquitania o a Alberto, el viril y dinámico consorte de la reina Victoria I.

Para The Guardian, no sería raro que los duques le hagan un homenaje a la fallecida Diana de Gales, madre de William, a la propia reina Isabel o a su marido, Felipe. Asimismo podrían dar un palo con nombres menos usuales en los últimos años, pero igualmente históricos como Alice, Amelia, Dorothea, Charlotte, Augustus, Matilda, Edmund, Frederick o Leopoldo.
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