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Letizia de España !La mandona!

Letizia de España !La mandona!

REVISTA JET-SET

Los más cercanos colaboradores de la consorte de Felipe VI le revelaron a Vanity Fair los secretos de su guerra a muerte con su concuñado Iñaki Urdangarin, la crisis matrimonial que casi la aleja del trono y su revolcón a las añejas costumbres de la corte.
paso de ser el miembro menos valorado de la familia real a conquistar un 67 por ciento de popularidad en los más recientes sondeos. Es impulsiva, directa y a menudo rompe el protocolo, dicen quienes trabajan con ella en la corte de Madrid. En la foto, en la reciente gala en honor del presidente de Colombia en el Palacio Real de Oriente.
Por: 9/4/2015 00:00:00
Ni siquiera su suegro, el hoy rey emérito Juan Carlos, pudo dejar de comentarle a su biógrafo Fernando Ónega, lo bien que está desempeñando Letizia su papel de reina de España. Él, quien la calificó de avispada y vio un mal antecedente en que tuviera un divorcio a cuestas antes de ser la esposa de su hijo Felipe, fue uno de los tantos que se la pusieron difícil a esta periodista proveniente de la clase media, nieta de un taxista e hija de una sindicalista, en su conversión de plebeya a princesa. También la miraron por encima del hombro los aristócratas y, en especial, su concuñado, Iñaki Urdangarin, quien le jugó sucio, antes de que estallara el escándalo de corrupción que hoy lo tiene a las puertas de la cárcel. Él “siempre fue el enemigo número uno de Letizia en la familia real”, le acaba de revelar a la edición española de Vanity Fair una fuente que conoce a la reina desde niña, y quien reitera que ni el rey ni sus cuñadas, las infantas Elena y Cristina, la esposa de Iñaki, hicieron tanto para empañar su imagen. 

El artículo, titulado Paso a la reina. El poder real de Letizia, cuenta que en principio, los Urdangarin fueron cómplices de ella y Felipe cuando su romance era secreto. Luego del matrimonio, en 2004, la relación se arruinó, pero mantenían las formas, hasta que Letizia supo que Iñaki indisponía a Felipe contra ella, como lo aseguran un colaborador allegado a la reina y otra persona que vivió de cerca el conflicto. Cuando el caso Nóos llevó a Iñaki a los estrados judiciales, en el episodio más vergonzoso de la realeza española, una serie de correos de él pusieron a la luz cómo se burlaba de ella. Entonces, la relación se tornó “insostenible”, prosigue el informante: Letizia jamás volvió a posar junto a Cristina e Iñaki en fotos oficiales y si las circunstancias la obligaban a hacerlo no disimulaba cuánto le chocaba.

Al agravarse la situación de los Urdangarin, acató la decisión de la casa real de aislarlos de la corte y hoy la relación con ellos es nula. Eso sí, la reina es discreta y jamás habla de sus cuñados, ni de la cacería de su suegro en Botswana ni de su amante Corinna, los alborotos que la llevaron a ser reina antes de lo previsto. 

Una fuente cercana a Felipe anota que Letizia nunca tuvo un contacto fluido con el resto de la parentela de él y ahora la relación es “distante”. Una muestra muy diciente de ello la dio en la boda del príncipe Nikolaos de Grecia, primo hermano de Felipe, en la isla griega de Spetses. “Letizia se levantó de la mesa en que estaba para sentarse junto a su marido. Ningún matrimonio compartía mesa. Quedamos atónitos”, le relató a Vanity Fair una de las invitadas. 

El artículo descubre que, prácticamente, las infantas Leonor y Sofía, las hijas de Felipe y Letizia, no conocen más abuelos que Paloma Rocasolano y Jesús Ortiz, los padres de la reina. La primera es la que se queda con las niñas cuando Letizia sale de viaje. El segundo sigue de cerca su educación y las lleva de paseo a lugares como Cantabria. A los abuelos Juan Carlos y Sofía no les dejan ni oler a las niñas. 

Los confidentes palaciegos también le confirmaron a Vanity Fair que antes de ser proclamados, los reyes pasaron por una grave crisis matrimonial en 2013. Letizia, definida por quienes la conocen como “impulsiva, muy directa”, no se ahorraba expresiones fuera de tono en público con Felipe, a quien tampoco le daba pena trenzarse en disputas con ella delante de quien fuera. La evidente apatía hizo temer la separación, como lo asegura un ex alto funcionario del palacio. “El caso Nóos la afectó mucho. Se mostraba distante, a la defensiva. Pero si hubo mal rollo entre ellos ya desapareció. Ahora van de la manita”, dice el informante. 

“Letizia vuela sola”, es incisiva y curiosa en los actos oficiales, revelan sus colaboradores, y rompe el protocolo. Cuando conversa, por ejemplo, a veces se le sale un “tía”. En una ocasión se le oyó una expresión tan callejera como: “Menudo cabreo se ha cogido don Felipe”, refiriéndose a que su esposo se había puesto bravo porque ella lo hizo esperar a la salida de una recepción. 

“Ha tenido que construirse un personaje y acatar que su posición ha de ser neutral”, asegura Alfredo Urdaci, quien la dirigió en Televisión Española. Pero ello no le ha impedido imponer un estilo distinto al de su suegra, la reina Sofía, educada para guardar las apariencias, mientras que Letizia no, y por ello los miembros de su entorno opinan que su conocimiento de las causas sociales que lidera es genuino. En el palacio también ha hecho serios cambios: ella misma viste y les prepara el desayuno a sus hijas y se arregla sin ayudas de cámara. Ahora que es reina, dicen los empleados de la casa real, sale sola más que antes como cualquier hija de vecino. No ha dejado de reunirse cada 15 días con sus mejores amigas, todas periodistas, para quienes es “Letizia” a secas.

La reina, cuyo triunfo se refleja en que pasó de ser la persona menos valorada de la familia real a ser la más visible, les abrió las puertas de su palacio a minorías que fueron ignoradas por sus suegros, como la comunidad LGBTI y a tendencias actuales. Una de sus grandes obsesiones, por ejemplo, es la comida sana (se sabe de memoria las recomendaciones de la FAO), y decide qué se ofrece en los banquetes reales, de la mano de maestros de la alta cocina española como Ramón Freixa.

Los informantes de Vanity Fair además, desmienten que sea de izquierda y aseguran que es muy conservadora en cuestiones de matrimonio. “A veces caemos en la ligereza de pensar que alguien divorciado es liberal”, concluye Alfredo Urdaci.

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