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Letizia de Borbón ¿Abortó?

Letizia de Borbón ¿Abortó?

Revista Jet-set

Un primo de la futura reina de España acaba de publicar Adiós, Princesa, un escandaloso libro según el cual ella se practicó un aborto antes de casarse con el príncipe Felipe.
El nuevo libro ya va para su segunda edición, pero se dice que la Casa del Rey ha presionado a los medios y las librerías para que no lo difundan. Foto: Look Press Agency.
Por: 25/4/2013 00:00:00
David Rocasolano era el primo favorito de Letizia. De adolescentes, pasaban los veranos, se hicieron confidentes y cuando ella se divorció de su primer esposo, Alonso Guerrero, él la asistió como abogado. Pero en el 2010 David se vio involucrado en un escándalo de corrupción urbanística y, según él mismo, Letizia, ya convertida en princesa, no lo apoyó en ese momento en que tanto la necesitaba, al igual que el resto de los Rocasolano. De la Casa del Rey, asegura, solo recibió una llamada para preguntarle hasta qué punto su caso podría afectar a la Corona. Desde ahí, el jurista cortó los lazos con su parentela y ahora parece vengarse con Adiós, Princesa, un volumen en el que airea aspectos muy íntimos y poco presentables de su prima, de los Rocasolano y del rey Juan Carlos I.

El libro le echa más sal a la herida imagen de la monarquía. No es el primero que ventila los trapos sucios de la esposa del príncipe Felipe, mas trae la primicia del aborto que ella se habría practicado antes de entrar a la realeza en el 2004. El rumor no es nuevo, pero nunca nadie había osado atestiguarlo como lo hace David, quien cuenta que antes de su boda, Letizia y Felipe, que ya vivían juntos, lo llamaron para contarle del asunto. “Tuve un aborto voluntario hace un año en la clínica Dator, de Madrid (…), quiero que vayas a la clínica y limpies todos los papeles que hay allí”, le dijo su prima, a lo cual el príncipe agregó, en tono de orden: “Asegúrate de que nadie va a tener jamás acceso a esos datos”. En su libro, David reproduce dos facturas a nombre de Letizia por 30 euros cada una, del 13 y el 20 de octubre del 2002, por concepto de “determinación gestacional mediante ecografía”, más otra por 240 euros, del 27 de octubre, cuyo concepto reza: “I.V.E. (Interrupción Voluntaria del Embarazo). Anestesia local”. El texto no revela el nombre del padre de la criatura.

El antecedente era muy grave para la flamante esposa del heredero del trono, pues ello hubiese atajado su entrada a una familia real católica como los Borbón. Al respecto, comentaristas ibéricos sostienen que Felipe se casó con una excomulgada, pues al abortar violó el canon 1938 del Derecho Canónico, que expulsa automáticamente de la Iglesia a quienes se someten a esta práctica. Por otra parte, habría cometido un delito, pues en el 2002 el aborto solo estaba permitido en España en casos de malformación del feto, violación y riesgo para la salud de la madre.

El primo David también se explaya en cómo Letizia le pidió que leyera las capitulaciones que tuvo que firmar antes de ir al altar con Felipe. Él ya había visto cientos de estos acuerdos, que no suelen tener más de cuatro folios, pero este pasaba de cuarenta. “En caso de separación, mi prima no iba a tener problemas. Le quedaba una asignación y una residencia de verano y otra de invierno”. Eso sí, perdía la tutela sobre los hijos, de modo que le aconsejó: “Respecto de la custodia de menores, lo que aquí se expresa no tiene validez. Eso tiene que dictaminarlo un juez, Letizia. Yo que tú, no lo firmaba”. La experiodista de Televisión Española se puso furiosa con David y llamó a Felipe, quien le dijo al abogado que al convenio no se le podía cambiar ni una coma.

Rocasolano narra que emparentar con los Borbón, “el choque de un gran tren expreso con una caravana de gitanos”, según lo describe, fue demoledor para su familia. Después de hablar de las vicisitudes económicas de sus modestos parientes, cuenta cómo los obnubilaron la plata, la fama y los saraos palaciegos, a los que Letizia los obligaba a asistir, “para quitarnos el pelo de la dehesa y aprendiéramos a comportarnos conforme a nuestra recién adquirida dignidad”.

“En Palacio no se deja nada en el plato. Hay que comerlo todo”, les advertía la hoy princesa de Asturias, definida en el libro como paranoica, histérica, intransigente y obsesionada con encajar en la realeza.

“En cuanto a mi familia, a veces me avergonzaba del exceso de vasallaje que mostraban”, anota el deslenguado David, antes de dejar mal parada a Paloma Rocasolano, madre de Letizia: “Era patético observar cómo se dirigía a (la reina) Sofía: ‘Señora, ¿cómo está usted ’. Y poco faltaba para que se agachara un poco más y le limpiara los zapatos con la lengua”. Incluso, argumenta que el suicidio de Érika Ortiz, la hermana menor de Letizia, se debió a que no resistió la presión de este cambio de estatus.

Juan Carlos I, por su parte, también se lleva lo suyo: “No respeta nada ni a nadie. El rey es un maleducado”, escribe, aunque desmiente que se lleve mal con su prima: “Yo no lo percibí nunca así. El trato que el rey le dispensa a Letizia es parecido al que les ofrece a Sofía, a sus hijos o a sus nietos. En las numerosas ocasiones en las que los he observado, jamás he visto de Juan Carlos un gesto de cariño hacia su hijo. Ni hacia nadie”.

Todo en detrimento de los Rocasolano, a quienes David les espeta despechado: “Una familia que se dejó arrollar y destruir en silencio, sin rechistar, por un ridículo sentido de Estado o algo así. Una familia que ya no existe. Al menos para mí. Adiós Érika. Adiós, Princesa”.
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