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Así es el colegio de la realeza

Así es el colegio de la realeza

REVISTA JET-SET

Hay un internado en Suiza que congrega a la élite económica, intelectual y social del mundo. Se llama Le Rosey y son muy pocos los que pueden ser sus alumnos.
Es el único internado de su género que cuenta con dos campus. En la imagen, la sede de invierno de Gstaad, establecida en 1916, dedicada a la práctica del esquí. También cuenta con pista de hockey, muros de escalada, rutas de alpinismo protegidas y 120 kilómetros de caminos a campo traviesa.
Por: Revista Jet-set27/8/2015 00:00:00
El plantel es tan espectacular que es el único de su género que cuenta con dos campus: el principal, en Rolle, donde creció alrededor del castillo medieval de Rosey, y el de Gstaad, dedicado a la práctica, cada invierno, de una de las especialidades del instituto: el esquí y otras diversiones en la nieve. Es tan profunda la tradición, que los alumnos reciben clases cuatro días a la semana por las mañanas y por las tardes se dedican a practicar en los idílicos Alpes suizos. 
Atracciones como sus múltiples canchas para otros deportes, piscina interior y exterior, notable nivel académico, más la ambientación de su sede central, como de hotel del sur de Francia, han hecho del centro educativo un imán para la realeza y los millonarios desde 1880, cuando Paul-Émile Carnal lo fundó, con solo 40 alumnos. En sus aulas se formaron monarcas como Juan Carlos I de España, el sha Mohammad Reza Pahlevi de Irán, Rainiero III de Mónaco y todos los jóvenes Hohenzollern, la dinastía imperial de Alemania. La aristocracia también ha seguido el ejemplo, pues familias como los Rothschild, Radziwill, Metternich y Borghese han enviado a sus herederos allí, al igual que dueños de históricas fortunas como los Rockefeller, y celebridades del espectáculo de la talla de Elizabeth Taylor o John Lennon.
La nueva generación del jet set también ha preferido Le Rosey. Según la revista Town & Country, Tatiana Santo Domingo, nieta del industrial colombiano Julio Mario Santo Domingo, quedó tan prendada de los parajes de Gstaad, que los eligió como el escenario de su boda religiosa con Andrea Casiraghi, el hijo de Carolina de Mónaco, el año pasado.
En fin, tanta exclusividad refleja el alto valor de la matrícula: en la última década se ha doblado y en la actualidad es de 110 mil dólares (más de 335 millones de pesos). No obstante, le aclaró su director académico, Michael Robert Gray, a Town & Country, una vez cancelado este precio, el colegio no le vuelve a pedir un centavo más a los padres en todo el año, ni para dotación o donaciones. Él también afirma que la institución no se avergüenza sino que se enorgullece de la alcurnia de su clientela, pues su más notable diferencia con otros planteles de élite es que carece de diversidad económica. “El dinero no es un valor que estimulamos aquí. Como todos lo tienen, no hay diferencias de clase”, le dijo Marie Gudin, hija del director general Philippe Gudin, a la conocida publicación especializada en estilo de vida.
Le Rosey cuenta con 120 profesores para 380 alumnos, de modo que las sesiones, en inglés o francés, son muy privadas, no superan los 12 alumnos y a veces solo hay 3. El internado no le impone uniformes al alumnado, pero sí prohíbe los vaqueros raídos o muy desteñidos, las camisetas y las prendas provocativas. Las directivas recomiendan a los padres asignaciones de dinero a sus hijos según la edad, aunque el estándar oscila entre 1.500 y 5.000 dólares mensuales. A los mayores de 15 años se les permite ir todos los días a la cercana Ginebra a gastárselos en lo que se les antoje. 
Cada interno comparte una habitación con baño con otro compañero. Al final del día departen en el café del lugar, en el cual no se venden bebidas alcohólicas. En las noches también hay una variada vida cultural, en especial alrededor de la música, una de las fortalezas del colegio, que cuenta con tres orquestas. Los eventos sociales son frecuentes y animados, pero nada como el glamuroso baile anual, preludio de las futuras fiestas de los jóvenes en el jet set alrededor del planeta. No hay que olvidar que sus discípulos provienen de 60 países, lo que obliga al instituto a contar con su propia agencia de viajes. Eso sí, ninguna nacionalidad puede sobrepasar el diez por ciento del alumnado. 
En cuanto a los colombianos son muy pocos los que han podido formarse allí. Para ser aceptado no solo se requiere poder pagar la matrícula. Las conexiones sociales no ayudan y lo más importante es tener excelentes créditos académicos y un nivel intelectual destacado. Todo con el fin de honrar los esfuerzos de Le Rosey por demostrar que es más que un colegio de alcurnia.
En los últimos años, se ha fortalecido en matemáticas e idiomas y mejorado dramáticamente sus puntajes en las pruebas suizas de saber. Sus egresados cada vez acceden más a universidades tan prestigiosas como Cornell, Dartmouth, Duke, New York University, Brown, Columbia, Princeton y la London Schools of Economics. Cada año Le Rosey recibe unas 350 solicitudes de ingreso para suplir entre 80 y 100 plazas disponibles. Para asignarlas, sus representantes entrevistan tanto al candidato como a sus padres, en busca de cierta “chispa”, como anota Michael Robert Gray, y del deseo de brindarles a sus hijos una experiencia “todo terreno”. “Además de conocimientos e ideas, los padres que acuden aquí quieren que sus hijos socialicen, sean creativos y conozcan otras culturas”, declaró.
Exalumnos consultados por Town & Country también aseguraron que en este colegio los jóvenes adquieren conciencia de sus responsabilidades en un mundo desigual. Deben sentir que son los creadores de su universo, en cierta medida, de Le Rosey. “Nosotros hacemos el colegio, no es el colegio el que nos hace a nosotros”, concluyó uno de sus actuales estudiantes.
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