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Laura Urrutia, una mujer con clase y buen gusto

Laura Urrutia, una mujer con clase y buen gusto

REVISTA JET-SET

Hace 40 años Nani Restrepo fundó Criscolit, una exclusiva boutique de decoración en Bogotá. Hoy, su hija Laura Urrutia se sumó al equipo y las dos celebran el creciente éxito del negocio con un espectacular nuevo local en el corazón de la Zona G .
Laura hizo un curso de un año en Parsons School of Design, en Nueva York, y aprendió sobre la marcha a afinar su ojo artístico y a presentar renders en computador.
Por: 23/4/2015 00:00:00
Laura estudió derecho y es hija del abogado Carlos Urrutia Valenzuela y de Nani Restrepo. Hace cinco años renunció al bufete Brigard & Castro para trabajar en Criscolit, un sofisticado almacén de decoración que fundó su mamá hace cuatro décadas en Bogotá y es reconocido por su diseño atemporal. “Después de que nacieron mis gemelas, Mariana y Sofía, traté de volver al derecho pero no pude. Mi mamá tenía un viaje y me recomendó que estuviera pendiente del almacén. Empecé a venir por las mañanas, me enamoré del lugar y aquí estoy”, cuenta.

La historia de Laura con la decoración viene de tiempo atrás. Cuando era pequeña acompañaba a su madre al almacén y mientras la veía trabajar jugaba con retazos de telas. Creció influenciada por dos ambientes: el de la estética y el del derecho. “Mi abuelo materno, Manuel Restrepo, era arquitecto. En su casa todo giraba alrededor del piano y del arte. Recuerdo mucho una caja de Prismacolor que me regaló cuando era niña. Mi abuela materna, Nelly Mallarino, fue socia de mi mamá en el almacén hasta que murió, hace siete años, y tenía un ojo artístico muy afinado. También tuve mucha influencia de la casa de mis abuelos Urrutia donde se hablaba mucho de política y de la situación del país”, cuenta. De ahí que Laura se mueva con tanta facilidad en ambos universos. En la mitad de su carrera de derecho

se tomó un año e hizo un curso de diseño de interiores en Parsons School, en Nueva York. “Siempre pensé que un día terminaría trabajando en decoración, pero nunca imaginé que fuera a ser tan rápido”.

A sus 34 años, le ha dado un nuevo aire al negocio de su madre, una mujer refinada y con un gusto sobrio y exquisito. “He aprendido mucho junto a ella, sobre todo en el ojo que se necesita para la dirección del taller”. Para ambas es muy importante conservar ese estilo clásico-contemporáneo que ha caracterizado a Criscolit durante estas cuatro décadas. “Hacemos muy buen equipo, aunque ella tiene un estilo más clásico y yo más ecléctico. Me gusta combinar espacios sobrios con otros ricos en texturas y patrones geométricos. Eso lo heredé de mi abuela Teresa. Ella tenía en su casa un baño tapizado de piso a techo con papel de colgadura de papagayos. Nada me parece más bonito”.

Hace un mes se trastearon del Centro de Diseño Portobelo, donde permanecieron por 20 años, al primer piso de un edificio en la calle 70 con carrera 4 en Bogotá. Se tardaron siete meses en remodelar el espacio en el que antes había una oficina de abogados. En Criscolit están expuestos objetos de diferentes épocas y estilos, allí se puede encontrar desde un sofá clásico tapizado en un moderno estampado, hasta mesas en bronce, pasando por vajillas, velas, cuadros, lámparas y coloridos tapetes. Todos los muebles los fabrican en Colombia con énfasis en lo artesanal. Las telas son de la marca Concepto Uno, de Gustavo Salazar, y las importan de Estados Unidos y Europa. La línea de accesorios incluye piezas nacionales y otras traídas de Francia, Brasil, Argentina, Tailandia e Italia. Nani viaja con frecuencia a las ferias internacionales de diseño en búsqueda de nuevos proveedores. “Precisamente, el encanto de este lugar es tener cosas distintas a las que uno encuentra en el mercado local”.

Lo que pretendemos, enfatiza Laura, es vender un estilo de vida y eso tiene que ver con el arte, la moda, la música. Atienden a sus clientes de una manera personalizada con la intención de reflejar sus gustos y necesidades en sus diseños. Según Nani, el minimalismo ya pasó de moda y ahora se usa de “todo un poquito”: “Están de regreso los muebles clásicos y las telas con flores. La gente se aburrió de los ambientes fríos y quiere crear espacios más acogedores, donde haya calor de hogar”.

Para Laura decorar es un ritual que toma su tiempo. “Mi apartamento lo amoblé con mucha calma. Primero diseñé el sofá, después las poltronas, luego la mesa de centro y así sucesivamente. Mi esposo me presionaba para que termináramos rápido”. Se casó hace siete años con Felipe Boshell, gerente de la Productora de Caracol Televisión, y tienen tres hijos: Mariana, Sofía y Alejandro, quien nació hace siete meses. Su prioridad es la familia y precisamente trabajar en Criscolit le da tiempo para estar con ellos. “A veces los traigo al almacén. Es más, cuando a las gemelas les preguntan qué van a hacer cuando sean grandes dicen: ‘Sofás’”. Esta es la mejor prueba de que Criscolit perdurará por muchos años más.

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