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Las tragedias y alegrías de Ismael Cala

Las tragedias y alegrías de Ismael Cala

Revista Jet-set

El líder del prime time de CNN en Español viene a Colombia a dar una conferencia, aunque no de periodismo, sino sobre su vida privada, que empieza en su Cuba natal, sigue en el exilio canadiense, pasa por sus problemas familiares y acaba en sus días actuales de fama y fortuna.
Ismael divide su tiempo entre el programa Cala, de CNN, y su empresa que produce un magazín radial con sus entrevistas y crónicas de viajes. También recorre Latinoamérica con sus seminarios de motivación y liderazgo. Foto: Archivo Particular
Por: Edición 28320/5/2014 00:00:00
Uno de los periodistas estrella de CNN en Español, el cubano Ismael Cala, no solo recorre el mundo en busca de entrevistados, también hace seminarios donde comparte el testimonio de una vida que no ha sido ajena a infortunios, desde los días de hambre y pobreza durante su exilio en Canadá hasta un cuadro familiar que contiene suicidios y esquizofrenia.

En junio se presentará en el Teatro Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá, para hablar de esos temas menos amables, aunque también de su paso por la televisión de Norteamérica, que le ha permitido entrevistar a presidentes, colegas y celebridades del mundo del espectáculo.

Periodistas curtidos como Oriana Fallaci han dicho que es difícil entrevistar políticos. Las respuestas de los hombres del poder parecen sacadas de un libreto.
—Es cierto. Pueden llegar a ser muy predecibles, y por eso resulta aburrido entrevistarlos. Mi propósito es sacarlos de su discurso político. Lo interesante es tratar de darle la vuelta a la conversación para evitar que nos conduzcan a sus plataformas de gobierno o a las frases que se saben de memoria. Son personas que están entrenadas para hablar en público e invalidar al periodista. Ponen en duda lo que uno dice, sobre todo cuando se los cuestiona.

No fue fácil su entrevista a Evo Morales.
 —Sufrí al principio porque él fue hostil, poco cordial. Me dijo que yo representaba el imperialismo. Antes de hacerla, primero la canceló; y luego la postergó para el siguiente día a las 5:30 de la mañana.

CNN despierta ese tipo de comentarios entre gobernantes como Chávez, Maduro, Ortega, Morales…
—El cuento de los discursos antiimperialistas es una caricatura ideológica. Vengo de Cuba, donde se ataca a Estados Unidos como una manera de cohesión patriótica, sobre todo en momentos en que internamente buscan cortinas de humo a los problemas graves del país.

No es imperialista, pero de alguna manera encarna el sueño americano.
 —He tenido mis pesadillas americanas. Perdí la primera casa que tuve en Estados Unidos en plena crisis de la burbuja inmobiliaria debido a un embargo hipotecario. En 2008 no tuve más remedio que dejársela al banco porque el crédito era impagable y la casa se había devaluado en un 50%. Me fui a vivir en alquiler.

Es presentador, viste de Carolina Herrera, gana en dólares… ¿Es mejor todo esto que vivir en Cuba?
—Vengo de un país que me crió para ser proletario y yo decidí ser emprendedor. Vengo de un país que me negó a Dios y me puso el marxismo-leninismo como religión hasta que encontré mi propia cosmovisión. Mi relación con el dinero fue de carencia y hoy la he reprogramado hacia la abundancia. He transformado muchos paradigmas, como la palabra ‘líder’, que en mi país se entiende como cabeza del sistema. Líder es el que puede ser dueño de su propia vida.

¿Qué le duele de Cuba?
—Mi país no ha logrado salir de esa vida detenida en el tiempo. La gente dice: “¡Oh, qué bellos son los Chevrolet de los años 50 que hay en La Habana!”. Pero esos autos no hacen parte de una postal turística, sino de una realidad cruda porque no ha llegado el desarrollo. El socialismo es una utopía. Hay que apostarle al individualismo. La gente necesita Estados que respeten sus ideas, que desarrollen iniciativas para hacer empresas. Cuba quiere proletarios para regalarles la leche con el biberón.

¿Cómo empieza su vida de inmigrante?
—Salí en 1998 a Toronto en calidad de maestro de ceremonias de un espectáculo habanero con música y gastronomía. Decidí quedarme, pero fue difícil. Iba a las iglesias a pedir limosna. Gorreaba a la gente para poder sobrevivir. Fui mesero en dos restaurantes durante año y medio. Me echaron porque no era lo mío.

Cuba, Canadá, Estados Unidos. Finalmente, ¿de dónde siente que es?
—Hace 14 años no voy a Cuba. Tengo una añoranza por ir y constatar qué tanto ha cambiado. Quiero caminar las calles de mi pueblo El Caney y de La Habana, donde viví tres años. Deseo regresar, pero no para quedarme. Cuando te vuelves ciudadano del mundo ya no te apegas a nada. No sé a donde voy a parar. Quizá a España, me gusta.

En junio volverá a Colombia a un seminario de reflexión y liderazgo. ¿Cómo es eso? Pensamos que venía a hablar de periodismo.
—Soy un ejemplo claro de los milagros de Dios. Vengo de una familia con cuadros de suicidios y esquizofrenia que marcaron a mi papá y mi hermano. Desde muy temprano me di cuenta de que, si no tomaba el dominio de mi mente, estaba condenado a vivir el destino de ellos. La situación de mi hermano es tan complicada que no he podido ayudarlo con mis charlas. Escucha voces que dominan su mente. He tenido procesos difíciles y quiero compartir cómo salí de ellos.

¿Se considera exitoso?
 —Los días más exitosos son aquellos en los que más me he reído. Al final no vale la pena cumplir sueños si uno está amargado. Es bueno compartir con gente que quieres y que te quiere de verdad.
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