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Las segundas oportunidades

Las segundas oportunidades

Revista Jet-set

El periodista y escritor Gustavo Castro Caycedo presentó en la Feria Internacional del Libro Su segunda oportunidad, un texto en el que recopila 20 historias de tragedia y resurgimiento entre las que se destacan la quiebra de Pedro Gómez, el secuestro de Fernando Araújo, el atentado a Adriana Eslava y la ruina de Jota Mario Valencia.
Pedro Gómez Barrero. Foto: Revista Semana (©Andrés Gómez Giraldo).
Por: Edición 2825/5/2014 00:00:00
Pedro Gómez Barrero
Resurgió como el ave fénix
Gustavo Castro Caycedo destaca la historia de superación de Pedro Gómez Barrero como una de las más sobresalientes del país. En su relato explica cuánto afectó al constructor del primer centro comercial de Colombia, Unicentro, la gran crisis económica de 1996, cuando el Banco de la República subió las tasas de interés para vivienda y el sector inmobiliario cayó vertiginosamente. Gómez confiesa que en ese momento perdió lo logrado durante treinta años de trabajo, pero sabía que no podía hacer nada distinto que cumplir con las deudas que tenía su empresa. “Por eso entregó, a precios inferiores a su verdadero valor, algunos de sus bienes más preciados”, dice Castro. Entre muchos de sus activos, Gómez Barrero vendió el Hotel Santa Teresa de Cartagena, sus oficinas en el Centro Andino de Bogotá, la Posada de Don Pedro, su avión privado, y dos pinturas del maestro Fernando Botero. Pero en abril del año 2000 llegó su segunda oportunidad. Jacobo Torres, un empresario colombiano radicado en Panamá, le propuso construir un centro comercial mucho más grande que Unicentro. “Yo nunca me sentí derrotado ni me rendí. Ese fue un gran estímulo, pues generó mucha confianza, y además me ayudó en la lucha que adelantaba parar salir al otro lado”. El Multicentro de Panamá es el más ambicioso complejo residencial-hotelero de Latinoamérica y es la tercera construcción más grande e importante de ese país, luego del Canal y del Puente de las Américas.

Fernando Araújo
El increíble drama durante 2.222 días
La experiencia de su secuestro, perpetrado por las FARC el 4 de diciembre de 2000, y su posterior fuga el 31 de diciembre de 2006, es narrada por Fernando Araújo Perdomo en un capítulo de casi treinta páginas. A las preguntas de Gustavo Castro Caycedo, el excanciller responde con completas descripciones de los inhóspitos lugares en las selvas del sur de Bolívar a los que lo trasladaban cada cierto tiempo. Nada se le escapa a su memoria. Tiene frescos los nombres de los guerrilleros del Frente 37 que lo custodiaron durante seis años. Recuerda las conversaciones con “Gabriel”, encargado de cuidarlo y quien fue su único amigo durante el cautiverio. No olvida las fechas exactas en las que oyó los mensajes de sus hijos en alguno de los tres radios que tuvo. Pero la mejor descripción es la del momento en el que decidió escaparse, mientras las tropas especiales del Ejército Nacional asaltaban el campamento donde estaba confinado. “De una, dije: ‘Me voy o me matan’. Me lancé al piso y comencé a arrastrarme hacia la libertad, decidido a coronar mi sueño, en medio de balazos y explosiones. Las ráfagas de las ametralladoras con sus centenares de balas perdidas (esas que no saben quién es quién), se repetían aterradoras. Entonces yo, con derecho a mi miedo, pensaba en la muerte”. Luego de cinco días de caminar por la selva, Araújo sintió de nuevo la vida. Llegó al corregimiento de San Agustín, Bolívar, el 5 de enero de 2007, y allí fue rescatado y trasladado a Cartagena.



Adriana Eslava

“En ese atentado se salvó mi vida”
La presentadora Adriana Eslava Botero encontró su segunda oportunidad al salvarse de un atentado que le causó la pérdida de su ojo derecho. Sin ningún motivo aparente, el 25 de noviembre de 1987 la hija del torero Pepe Cáceres y de la exreina Olga Lucía Botero recibió tres disparos a quemarropa cuando iba a subirse a su carro Renault 4. Para ella fue un milagro que ninguna de las balas llegara al cerebro y, sobre todo, que no le hubieran quitado la vida. Recuerda que a las cinco de la tarde de ese miércoles el oftalmólogo de la Fundación Santa Fe, Gabriel Jiménez Echeverry, le dijo que había perdido el ojo derecho y que iban a tratar de salvar el izquierdo. “Sin pensarlo mucho, mi respuesta fue: ‘Por el izquierdo no se preocupe doctor, que Dios a través de sus manos lo va a salvar. Y por el otro tampoco, pues para lo que hay que ver en este mundo con un ojo basta’”, recuerda Adriana. Su actitud positiva ante la adversidad y la buena onda que desde el principio le puso al parche que debía llevar por el resto de sus días, no solo la llevó a ser una de las presentadoras de televisión mas destacadas en la década del 90, sino que también le mostró que ella podía ser ejemplo para los otras personas en su misma situación. Hoy a su página www.adrianaeslava.com llegan constantemente mensajes de gente que quiere aprender a fabricar, como ella, sus propios parches. Adriana fue clave en la recuperación del ánimo del toreo español Juan José Padilla, quien también perdió un ojo después de una cornada en 2011.

Jota Mario Valencia
Así vivió su ruina y su exilio
Para Jota Mario Valencia 1999 fue uno de los años más difíciles de su vida. Cuando creía tener el mundo a sus pies y era famoso por su trabajo en Caracol Televisión, recibió amenazas telefónicas contra él y su familia. “Me decían la dirección donde vivía, dónde estudiaban mis hijos y qué hacía. Sabían todo. Me reuní con el general Rosso José Serrano, quien me dijo que me fuera del país”. El presentador estaba devastado. Vendió su casa, su carro, y con la ayuda del Defensor del Pueblo y la Embajada de Estados Unidos se embarcó hacia ese país, sin ningún contacto para trabajar. “No hallaba qué hacer hasta que el Presidente Andrés Pastrana habló con Telemundo, y me abrieron las puertas en esa empresa”. Sin embargo, la plata que ganaba no era suficiente para cubrir todos los gastos que le demandaban los colegios de sus hijos, el arriendo y los servicios. Además, estaba en un proceso de divorcio y tenía que acarrear con esos gastos. “Como es fácil de deducir, mi vida, que había sido positiva, cómoda y tranquila, se convirtió en una tragedia”, cuenta. Solo pudo aguantar un año en esas circunstancias. Expuesto de nuevo a las amenazas y sin un centavo en el bolsillo, decidió regresar. En Bogotá se transportaba en un carro del DAS, y sus hermanos le prestaron un dinero para vivir. “Pasé siete meses sin recibir un centavo y estaba endeudado hasta el cogote. Hice gestiones con RCN, pero había un pacto entre esta empresa y Caracol de que si alguien salía de una de las dos, no podía trabajar en la otra. Un tiempo después de que se cumplieron los términos, pude entrar a RCN y esa fue mi segunda oportunidad, hace 15 años”.
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