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Las muñecas de Raquel Coronell, una campaña contra la leucemia

Las muñecas de Raquel Coronell, una campaña contra la leucemia

REVISTA JET-SET

La hija mayor de los periodistas Daniel Coronell y la Tata Uribe transformó el cáncer, que combate hace siete meses, en su proyecto de vida. Con el lema: Bald is Beautiful le regala muñecas calvas a las niñas que, como ella, han perdido el pelo por las quimioterapias.
El proyecto de Raquel Coronell Uribe, Bald is Beautiful, se inició con las muñecas American Girl. Para la campaña en el país, acaba de recibir la donación de 200 muñecas hechas en la Fábrica de Muñecos Infantiles de Colombia, las cuales son muy parecidas a las originales y se facilita la distribución.
Por: 21/4/2016 00:00:00

Desde la misma columna en la que ha denunciado casos como la Yidispolítica o la Comunidad del Anillo, el periodista Daniel Coronell reveló a sus lectores su dolor personal más profundo. El 3 de octubre de 2015, como regalo de cumpleaños adelantado, le escribió a su hija Raquel: “Es posible que esta semana necesites ayuda para apagar las velitas del ponqué. La batalla que estás librando exige hasta la energía de ese mínimo soplo”.

A su amada Gu le diagnosticaron leucemia. A los 17 años, la estudiante de secundaria se enfrenta con gran valentía a un cáncer llamado Pre-B ALL, del que, según explicó Daniel en su escrito, hay millones de antecedentes de curación completa pero el tratamiento es duro: “La quimioterapia es un veneno que mata células malas y células buenas”, escribió el vicepresidente ejecutivo de Noticias Univisión.

Han pasado siete meses y efectivamente lo más difícil para Raquel han sido las quimioterapias que ha tenido que enfrentar. Los esteroides le producen dolores muy fuertes, le exacerban los sentidos y cosas tan sencillas como caminar se le hacen complicadas. Ella, ávida lectora, fue perdiendo el foco de las letras, y a veces son sus padres quienes le leen algunas páginas de sus títulos favoritos. Esta situación no es permanente y los días que no debe asistir al hospital se siente mejor.

Con el tratamiento también llegó la inevitable pérdida del pelo. Un motivo más para hacerse preguntas y buscar soluciones. Al principio la salida fue ocultar su calvicie con una peluca, pero el calor de Miami, donde vive, sumado al temor de quedar en evidencia ante la sacudida de un ventarrón le hicieron desistir de usarla.

En la batalla su aliada ha sido su mamá, María Cristina Uribe, quien le propuso que exhibiera con orgullo su cabeza pelada. “También dejé de usar pañoletas. Al principio me incomodaba que la gente se quedara mirándome. Pero cuando empezaron a decirme que les parecía una actitud fuerte, me animé. Ese es el mensaje que quiero dar: ser valiente, darle duro y pelear por la vida”.

Tan grande fue la sensación de libertad, que Raquel ha descubierto que esa es la mejor manera de ayudar a otras niñas que pasan por su misma situación. La idea surgió de una conversación con su mejor amiga, María Restrepo, quien le contó que había encontrado las American Girl con las que jugaban desde que se conocieron en el jardín infantil, y a las que nunca olvidaron a pesar de que Raquel se fue a estudiar a los colegios Helvetia y Nueva Granada. Como la gracia de esas muñecas es que se parezcan a sus dueñas, Raquel le bromeó: “Te apuesto que no vas a encontrar una calva como yo”. La buscaron y la encontraron, y les pareció un buen proyecto compartir esas muñecas sin pelo con otras niñas con leucemia. “Son pacientes muy chiquitas, que tienen entre 7 y 12 años. María y yo tenemos la posibilidad de enseñarles que está bien ser calvas. En la primera entrega que hice, me habían contado que la niña estaba triste porque se sentía muy fea”. A Raquel se le ocurrió regalarle una peluca para la muñeca. Y cuando le preguntaron si se la iba a poner dijo que no porque se veía más valiente sin pelo.

Su reto ahora es lograr a través de su página, www.baldisbeautifulproject.org, el patrocinio de empresas privadas para poder llevar a más niñas la alegría y esperanza de las muñecas. Lo que más les interesa es solucionar el transporte hacia Colombia, porque son más grandes que una Barbie, y en este momento solo tiene la ayuda de personas que van de visita a Miami y regresan con dos de ellas en la maleta. “A través de nuestra asociación con la fundación Sofia’s Hope, hemos recaudado casi 12.000 dólares. Suficiente para más de 100 muñecas. Esperamos distribuirlas en el Nicklaus Children’s Hospital, el Jackson Memorial Hospital, y hospitales pediátricos en Bogotá y Cali, en Colombia”.

Raquel no ha pensado en que esta sea una misión en su vida, con honestidad dice que aún no ha encontrado el porqué de lo que le sucede, ya que el cáncer no discrimina: “Le pasa al que sea y cuando sea”. Después del impacto inicial, ella y sus padres, Daniel y María Cristina, además de su hermano menor, Rafael, decidieron que no iban a permitir que la enfermedad les ganara la batalla, “nos dedicamos a salir adelante”.

Rafael, quien tiene 9 años, cuenta con la admiración total de su hermana. Ella lo describe como una persona dulce y muy inteligente: “Su sentido del humor lo demuestra. Su cuarto queda frente al mío y cada vez que me oye toser o quejarme aparece al instante a atenderme”.

En este momento ella recibe quimioterapia dos veces por semana en el Nicklaus Children’s Hospital de Miami. “Nada de eso ha menguado tu alegría, ni tu carácter de acero. De manera que cuando superes esto –y lo vas a superar– nada te va a detener”, concluye la carta de Daniel.

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