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Las milongueras del jet-set

Las milongueras del jet-set

Revista Jet-Set

Varias señoras que aparecen con frecuencia en las páginas sociales entraron en la moda del tango, un género que hace unos años era exclusivo del bajo mundo y el arrabal. Toman clases individuales con el profesor Carlos Julio Ramírez, y los viernes cada 15 días, en sus tradicionales milongas, se reparte porque es, literalmente, el parejo de todas.
Saturia Esguerra, Marta Blanco de Lemos, Julieta Villegas, Carlos Julio Ramírez, María Inés Pantoja, Mariluz Uribe de Holguín, Nicoleta Tapalaga, Mariluz Holguín. El profesor de tango, Carlos Julio Ramírez, se ha convertido para todas estas mujeres en el terapeuta que les ayuda a generar unos sentimientos y acabar con otros. Foto: Imagen Reina/12.
Por: 11/7/2012 00:00:00
El alma de la fiesta y la que convoca es la notaria María Inés Pantoja. “Desde que tengo memoria, me gusta el tango, la música, la letra de sus canciones, la sensualidad y la cadencia del baile y el dramatismo del bandoneón. Los primeros tangos los oí de mi madre en Cali, después cuando era monja y vivía en Medellín, el vecindario no era de los más católicos que digamos y estaba lleno de talleres, prostíbulos y bares, ya se imaginaran los tangos que escuché feliz desde la terraza del convento”. De esa época recuerda Yira, Cambalache, Y ahora me conoces, Allá en el cielo y Muñeca brava. “Mis amigos, como Alfredo Escobar, dicen que me gustan los tangos cantineros, y es verdad”.

Años más tarde en Bogotá, la entonces notaria Blanca Lucía Vallejo, la introdujo en el baile y las milongas. “Ella me llevó a mí y yo llevé a mis amigos por el ‘hondo bajo fondo donde el barro se subleva’, como dice Saturia Esguerra Portocarrero, que ahora entrevera el juicioso ejercicio del derecho con los estudios de lunfardo”. Esguerra, la abogada de este parche arrabalero, confiesa que llegó al tango por amor. “En 1976 tuve un tinieblo uruguayo que me invitaba a los espectáculos y a los boliches de Bogotá en donde se mantenían los tangueros. Luego me ennovié con un mendocino a quien también le gustaba, pero en esa época nunca lo bailé”.

Según María Inés, en el tango se van quedando enredadas las nostalgias y las tristezas, y el alma baja de peso. “Es una especie de yoga que sirve para relajarse y equilibrar los chacras. Ernesto Sábato escribió que los napolitanos bailaban tarantela para divertirse y los porteños bailaban el tango para meditar”. Marta Blanco, viuda de Carlos Lemos Simmonds, lo usa como terapia para pasar el trago amargo que le dejó la muerte de su esposo en el 2003. Bromea con que estaba a punto de convertirse en monja cuando su amiga María Inés la convenció de salir del encierro, y hace ocho meses le presentó al profesor de baile Carlos Julio Ramírez, un antioqueño que lleva más de veinte años dictando clases y a quienes todas se pelean para que sea su parejo en las fiestas.

Ramírez define el tango como una improvisación de momentos. “La personalidad se refleja en el baile. Saturia, por ejemplo, tiene un temperamento bastante fuerte y a veces le cuesta trabajo dejarse llevar. Marta es elegante y su fuerte es la milonga, que es más rítmica y rápida”.

Hace poco Marta celebró su cumpleaños con una noche de tango a la que asistieron el embajador de Estados Unidos, Michael McKinley, Luis Carlos Sarmiento Angulo y Fanny de Sarmiento; el expresidente Ernesto Samper y su esposa Jacquin, otra fanática de este género musical; entre otras personalidades del jet-set nacional. Dice que ahora que va a ser abuela, pues su hija Laura Samper está esperando su primer hijo, le va a tocar colgar por momentos las zapatillas y cambiarlas por la costura y los teteros.

Pero la más experimentada del grupo es sin duda Mariluz Uribe de Holguín, quien empezó a tomar clases hace quince años en su natal Medellín. “En 1997 me operaron del corazón y el médico me dijo que tenía que hacer ejercicio y no quería ir al gimnasio. Ese día abrí el periódico El Colombiano y encontré una página en la que decía: ‘Siga los pasos de sus padres, siga los de Voz Tango’. Cogí el teléfono y me inscribí”. La sicóloga y exmodelo, hija de Ricardo Uribe Escobar, exrector de la Universidad de Antioquia, que estuvo a punto de ser excomulgado por su tesis ‘Apuntes feministas’, fue una de las primeras colombianas en dejarse seducir por esta danza. “Cuando el tango llegó al país era mal visto, se consideraba un baile de cabaret y prostitutas.

En nuestra casa no nos dejaban oír las letras. Mi abuelo cogió el vinilo de A media luz y lo rayó para que los hijos y los nietos no oyéramos esa vulgaridad. Ahora está de moda, me buscan de todas partes, bodas de oro y de plata, para que vaya a bailar con mis profes. En Medellín a los Uribe nos llaman “la familia show”. Su hija, Mariluz Holguín, también baila tango, pero asegura que no le llega ni a los tobillos a su madre. “Todavía me falta mucho por aprender. Lo que más me gusta es descubrir que puedo seguirle los pasos al caballero, sin importar cuántas locuras se invente”, dice.

Las clases con Carlos son individuales, pero cada quince días se reúnen en la casa de María Inés y arman una tertulia milonguera. El grupo en total está conformado por 15 mujeres, reconocidas en Colombia por sus trabajos. Hace poco se unió Nicoleta Tapalaga, una rumana que llegó a vivir en Colombia hace seis meses, cuando a su esposo lo nombraron gerente general de Porsche en el país. Y no solo bailan, se toman unos tragos y hablan de poesía, literatura, historia, cocina y, sobre todo, de amor.
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