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Las grandes herederas

Las grandes herederas

Revista Jet-set

A las hijas de las familias más célebres de sangre azul, las grandes fortunas y el poder no les basta con su nombre para ser noticia. Sus escándalos, brillantes carreras y derroche de millones hacen soñar al mundo.
La hija de la princesa Carolina de Mónaco y el fallecido Stefano Casiraghi estudió Filosofía, es equitadora profesional e imagen de Gucci. Foto: Look Press Agency.
Por: Edición 26024/5/2013 00:00:00
Carlota Casiraghi
Princesa de corazones
Bella entre las bellas, la hija mayor de Carolina de Mónaco no es princesa oficialmente, pero sí en el corazón de quienes admiran su fresco glamour, herencia de su madre y de su abuela Grace Kelly. Pero Carlota, de 26 años, no cree en cuentos de princesitas hechas solo para adornar regios salones y es una joven muy de su generación, en quien la profundidad de los estudios de Filosofía en la Universidad de la Sorbona convive con la frivolidad de los trajes de Chanel con que alegra las galas del jet-set. Además de una consagrada equitadora, su profesión de cabecera y en la que ha brillado como campeona de salto con obstáculos, también sigue la onda ecológica con la revista Ever Manifesto, que aboga por la moda amable con la naturaleza.

Por las venas de Carlota corre el gen comerciante de los Grimaldi, pues le saca millonarios dividendos a su fina estampa como imagen de Gucci.

No es rebelde ni escandalosa como su tía Estefanía, pero sí ha sabido imponer en la casa principesca a su novio Gad Elmaleh, el cómico más famoso de Francia, quince años mayor que ella, muy a pesar de las reticencias de su madre, quien seguro añora para su hija a un aristócrata o un príncipe.

Stella McCartney
El nuevo glamour
Sus aspiraciones en la moda fueron vistas en principio como las veleidades de una hija de papi que sería inflada por las buenas conexiones de su familia. Por supuesto, ser hija del Beatle Paul McCartney y la fallecida fotógrafa Linda Eastman fue un excelente gancho, pero en menos de dos décadas Stella ha construido un imperio por mérito propio.

Desde niña quiso ser independiente de la fama de su padre. Estudió en un colegio público y cuando tenía 13 años diseñó sus primeros vestidos. A los 16 ya trabajaba para la casa Christian Lacroix, de París, y en 1997, dos años después de su grado como diseñadora de modas en el Central Saint Martins College of Art and Design de Londres, fue nombrada directora creativa de Chloé, donde venció el escepticismo frente a su talento.

En el 2001, finalmente, fundó su propia casa de modas, que forma parte del imperio del lujo Gucci Group, y cuyo estilo se ha reafirmado como emblema de la feminidad, la naturalidad y la elegancia favoritas de las jóvenes representantes del jet-set.

Chelsea Clinton
La hija del poder
Cuando la historia hable de ella, la mencionará como testigo de excepción de una de las épocas más candentes entre los muros de la trascendental Casa Blanca. No solo por presenciar los hechos que su padre Bill Clinton protagonizó como presidente de Estados Unidos en los años 90, entre los que se cuentan los escándalos sexuales que hicieron tambalear su matrimonio con Hillary Clinton.

Chelsea, de 33 años y quien vino a Colombia con su papá, fue blanco de malévolos comentarios en la prensa que la tildaban de fea, a los cuales ella se sobrepuso con una brillante hoja de vida académica en las universidades más prestigiosas del globo: Stanford, Columbia, New York University y Oxford, donde hoy cursa un doctorado. Todos esos créditos en Historia, Relaciones Internacionales y Salud Pública la han llevado a puestos principales en empresas top de la Gran Manzana, la Fundación Clinton y la Iniciativa Clinton, entre otras, pero se espera que el destino final de todo ello sea su llegada a la política, tras los pasos de su padre y de su madre, exsenadora, exsecretaria de Estado y, al parecer, candidata reincidente a la presidencia en el 2016.

Bárbara Berlusconi
El terror del A. C. Milan
Nadie sabe qué opina de que su padre, de 76 años, se acueste con jovencitas menores de edad, pero lo cierto es que ha dicho sentirse orgullosa de ser hija de Silvio Berlusconi, el hombre más rico y admirado, pero también más odiado, de Italia.

La primera hija del exmandatario con su segunda esposa, Veronica Lario, sorprende hoy al ámbito del fútbol, pues a sus 26 años se ha propuesto darle un revolcón al A. C. Milán, uno de los mejores equipos del mundo y de propiedad de su padre. Cuando Berlusconi la impuso en el 2011 como miembro del consejo de administración del club, se pensó que ella figuraría solo en el papel, pues sus nexos con el deporte eran casi nulos. Pero ya en el puesto, empezó a pedir cuentas e indignada con el nivel de las deudas tomó cartas en el asunto: Ordenó la transferencia de los jugadores más caros, tachó como débil al gerente (cuarenta años mayor que ella) y declaró que la época del derroche era cosa del pasado.

Delphine Arnault
El alma de Dior
Aunque es la hija de Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y el más poderoso del mundo del lujo, se le ve poco en las revistas del jet-set porque lo suyo no es airear su fama y fortuna en los sitios chic, sino influir en las entrañas mismas del negocio. Su padre le ha confiado la dirección de una de las joyas de la corona de su emporio, la casa de alta costura Christian Dior, en la cual ha cobrado fama de “intensa”. Antes de llevar el prestigioso logo de la marca, cada traje, perfume o accesorio es supervisado paso a paso por esta egresada de escuelas de negocios como la Edhec, de Francia, y la London School of Economics. Ella fue la primera mujer en sentarse en la mesa directiva de LVMH, el conglomerado de su padre.

Paris Hilton
No es ninguna bruta
En su reciente visita a Colombia, las malas lenguas no hicieron más que echarle en cara sus múltiples líos por videos sexuales, problemas con la justicia por posesión de drogas ilegales y rumbas de largo aliento, para concluir que solo se trata de otra gringa rubia, rica y bruta. Pero la verdad es que no debe serlo tanto quien a la hora del té no canta, no baila, no actúa y ha hecho fama y fortuna por el simple hecho de llamarse Paris Hilton.

Como bisnieta de Conrad Hilton, fundador del famoso imperio hotelero, ella es lo suficientemente hábil para descubrir las oportunidades de negocios. Así, desde muy joven hizo de su nombre una mina de plata prestándolo para reality shows y con una buena estrategia de mercadeo, que incluía dar escándalo tras escándalo para estar siempre en primera plana, le dio forma a un estilo de vida que incluye ropa y accesorios, como las carteras que acaba de introducir en Colombia, la escala más reciente de su fama en declive.

Allegra Versace
La favorita de Gianni
Su tío Gianni Versace la prefería por encima de sus demás sobrinos y en su testamento le dejó el cincuenta por ciento de su célebre casa de modas, entre cuyas clientas han figurado Diana de Gales y Madonna.

Pero sus traumas emocionales y la ansiedad por su temprana fama la llevaron a la anorexia, mal que ella y su madre, Donatella Versace, reconocieron públicamente en el 2007. “No quería ser nadie, no ser reconocida, no ser asediada”, dijo sobre aquellos duros años en los que se escondió en Nueva York tomando trabajos anónimos como asistente de vestuario en películas o actriz de teatros clase D.
Hoy, a sus 26 años, parece haber superado los trastornos alimenticios. En el 2011 asumió su lugar en la junta directiva de Versace y está diseñando vestidos para la marca.

Petra y Tamara Ecclestone
Despilfarradoras tipo Fórmula Uno
Con sus escándalos y derroche de opulencia, las hijas del inglés Bernie Ecclestone, el multimillonario presidente de la Fórmula Uno, son las herederas del momento. Petra, quien ha hecho carrera en el mundo de la moda, es famosa porque es hipocondriaca y enfermiza por la limpieza.

Tamara, su hermana mayor, por su parte, es la comidilla en el jet-set por su relación con Jay Rutland, quien fue expulsado del sector financiero por prácticas non sanctas. Aún así, ella insiste en unir su vida a la de él para siempre, en la que sin duda será una boda de cuento.

Pero, de lejos, el distintivo más pronunciado de las Ecclestone es que son unas gastadoras tan compulsivas, que en cuestión de nueve años acabaron con 4.500 millones de dólares. Semejante fortuna se les fue en asombrosas colecciones de ropa y zapatos, y en adquirir las casas más caras y grandes del planeta, lo que ha marcado una verdadera revolución en el campo de la finca raíz.
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