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María Carolina Hoyos perdonó a Popeye

María Carolina Hoyos perdonó a Popeye

REVISTA JET-SET

La segunda al mando del MinTIC, María Carolina Hoyos, se reunió con alias Popeye, uno de los responsables del secuestro que desencadenó la muerte de su madre, Diana Turbay, en 1991. Las revelaciones del exsicario le revivieron las heridas que creía cerradas.
La viceministra de las TIC, María Carolina Hoyos, canceló una primera reunión con Popeye, pero luego reconsideró esta decisión y solicitó un nuevo encuentro en Medellín. “La verdad, tenía mucho miedo. Me aterrorizaba con solo verlo en televisión”, dijo.
Por: 5/11/2015 00:00:00
Hasta hace unos días, la viceministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, María Carolina Hoyos, decía que el momento más difícil de su vida había sido cuando se enteró de la muerte de su mamá, la periodista Diana Turbay Quintero. Nada se comparaba con aquel dolor, hasta que se reunió con uno de los victimarios, John Jairo Velásquez, alias Popeye, también conocido por la crudeza de sus relatos como brazo armado de Pablo Escobar.
Ella misma propició el encuentro a través de su amigo Juan Roberto Vargas, el director de noticias de Caracol Televisión. La cita con Velásquez dejó a manera de archivo histórico un informe periodístico que las redes sociales avalaron como un gran ejemplo de valentía y que adquiere relevancia, justo ahora que el país habla de perdón y reconciliación. “Cuando vi a Popeye me enfrenté al sufrimiento de mi mamá en sus últimos días. Fue terrible abrir esa puerta después de 25 años del asesinato”, recordó Hoyos, quien para entonces tenía tan solo 18 años.
Pero de manera paradójica, la reunión, que duró un par de horas, tuvo un sentido liberador para la funcionaria, quien le dio la mano en señal de paz a uno de los hombres más temidos de los carteles de la droga. “La Virgen estuvo allí para acompañarme. Una amiga que vive en Medellín, donde nos reunimos con ese señor, me regaló una medallita para darme el valor de verle la cara. También le pedí al Espíritu Santo que me arropara. Pasamos por un callejón largo antes de llegar al lugar donde estaba Popeye. Casi me devuelvo, pero alguien me empujó para que me pusiera frente a él”, dijo. Así habló con Jet-set. 
¿Por qué se reunió con alias Popeye? –Era el único sobreviviente del cartel de Medellín que podía contarme cómo fueron los últimos días de mi mamá. Conocer la verdad libera.
En las redes sociales escribieron que era como enfrentarse a un monstruo. –Sabía que iba a ser muy duro para mí, y muy complicada la logística porque a él lo mueven de un lugar a otro debido a los problemas de seguridad. Aunque Popeye no apretó el gatillo, de alguna manera generó la fatalidad de la muerte de mi madre.
¿Y su familia la apoyó? –No faltó el que dijo que no lo hiciera. Alguno lanzó un argumento muy válido: llevábamos 25 años de sufrimiento por la desaparición de Diana Turbay y con la reunión, de alguna manera, se iba a postergar ese dolor. Llamé a mi tía María Victoria Turbay, quien quedó en reemplazo de mi mamá, para que me acompañara.
¿Cómo reaccionó su abuela, la ex primera dama Nidia Quintero? –Le daba miedo que me enfrentara a él. Pero la convencí. Y es que si ella tuviera menos años, con seguridad también hubiera ido a la cita.
¿Qué dijo el exconcejal Miguel Uribe, su hermano? –Me dijo: “Hágalo”. Me dio la aprobación para que fuera a perdonarlo en nombre de los dos.
El encuentro con este hombre, la mano derecha de Escobar, estuvo a punto de no concretarse. –Faltando un día para la primera cita, escuché muchas voces que me decían que no me fuera a meter a la boca del lobo. Llamé a Caracol y les dije que no podía ir. Esa vez se perdieron los tiquetes.
¿Qué la hizo cambiar de parecer? –La necesidad de verlo era muy grande. Le pedimos otra cita, pero esta vez no le conté a toda mi familia. Volví a llamar a mi tía María Victoria y compramos los pasajes. Miguel, mi hermano, no pudo ir debido a los compromisos políticos. El ministro David Luna también me acompañó. Incluso, en este encuentro yo no quería cámaras, pero Juan Roberto me dijo: “Grabemos para que le quede el testimonio”. Juan también pensó que mi caso sería ejemplarizante para mucha gente que había vivido el drama de perder a un familiar en circunstancias violentas y no pudieron perdonar. 
¿Qué imagen le quedó de Popeye después de la reunión? –No alcancé a dimensionar que él iba a decir cosas muy fuertes y dolorosas. Me alcanzó a descomponer. Él habla de matar con frialdad absoluta. Me dijo que era la única persona viva que conocía los últimos minutos de mi mamá. Me aseguró que él se responsabilizaba por todo lo que había hecho el cartel de Medellín. 
Durante la conversación, ¿qué tantas revelaciones le hizo? –Hubo un instante en que sentí como si me estuvieran metiendo chuzos en mi corazón. Describió el momento en que Escobar se levantó –en blue jeans y sin camisa–, tomó el radio y escuchó que Diana Turbay había sido rescatada por la policía. Se puso furibundo porque sintió que se le había debilitado su plan contra la extradición. Pero luego confirmó que no la liberaron, sino que se estaba desangrando y se puso feliz. Cuando anunciaron que murió, según Popeye, Pablo Escobar y sus secuaces celebraron por esto.
¿Qué más le contó del cautiverio de Diana? –Me habló de la Virgencita de plástico que le dieron. La tenía en la mano el día que la mataron. 
¿Qué imagen tiene Popeye de Diana Turbay? –Me aseguró que era respetuosa, pero de temperamento fuerte. Ella retó a Escobar, y por eso la amo. Le dijo que creía en la extradición. Estaba detenida, pero no negociaba sus valores. Fue muy valiente cuando le recriminó la manera de hacerse sentir con los ataques terroristas a aviones y retenes de policías. Le afirmó que mi abuelo Julio César no iba a mover un dedo por los extraditables bajo la presión del secuestro, ni siquiera por el de ella. 
Su abuela Nidia le enviaba cartas para conmoverlo, ¿qué dijo Popeye de esto? –Que a Pablo Escobar le resbalaba ese tipo de peticiones. Fue cuando me puse a llorar.
¿Cuándo empezó su proceso de perdonar a Popeye? –Mis abuelos quedaron devastados, de luto eterno. La familia tiene un antes y un después de la muerte de mi mamá. Y aun así perdonaron. Yo tuve hijos, pero ella no estuvo para verlos. Así que la emoción no era completa. Las navidades sin Diana han sido difíciles siempre. Todos los días nos hace falta.
¿Cómo se siente después de la cita? –Este ejercicio de verle la cara a Popeye, el gran victimario de la familia, fue la definición del perdón total. Me siento liviana, como si hubiera vencido los miedos. Lo había perdonado pero de manera introspectiva, en silencio, años después del asesinato.
Háblenos del momento en que usted le dice: “Lo perdono”. –Le dije: “Usted va estar en mis oraciones, cueste lo que cueste”. Y con mucha humildad lo he cumplido para que Dios lo ilumine. La idea es quitarse rencores sin que esto implique que me voy a convertir en la mejor amiga de él. 
¿Usted le creyó cuándo él le pidió perdón? –Le creí honestamente, mi corazón me lo dice. Aun como victimario, valoró este encuentro. Ojalá que también me haya creído que lo perdoné desde mi corazón.
¿Su mamá lo hubiera perdonado? –Con toda seguridad. Era una mujer de paz.
¿Pensó en ir a la cárcel a visitarlo? –No. Cuando salía en televisión me moría de pánico. Para mí, él tenía el rostro de Pablo Escobar, el hombre que más daño me ha hecho. 
Popeye está libre. ¿Esto le genera algún malestar? –No soy la justicia. Ya pagó una pena de 23 años. No sé si eso fue mucho o poquito tiempo. Siento que lleva un proceso de crecimiento por tomar la opción de vida equivocada. Creo que se merece recomponer el daño que él mismo se hizo.
Este encuentro con Popeye forma parte de un proceso que empezó cuando usted fue a Copacabana, Antioquia, donde murió Diana Turbay. –Fui a conocer los sitios donde la tenían secuestrada. Cuando llegué allá hablé con una señora que vivía en la casa vecina donde estaba mi mamá. El pueblo lo sabía, pero no podía hacer nada. Hubo conmoción cuando la mataron. Oré mucho en ese lugar.
¿Se arrepiente de la cita? –Le agradezco a Dios por este momento que me ha dado. El encuentro con Popeye me despertó las heridas del dolor pero fue edificador.

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