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La verdad de Monica Lewinsky

La verdad de Monica Lewinsky

Revista Jet-set

La examante de Bill Clinton rompe diez años de silencio. En un explosivo artículo en Vanity Fair arregla cuentas con Hillary Clinton y revela cómo la sombra del escándalo ha arruinado su vida laboral y amorosa.
Lewinsky hoy tiene 40 años y es máster en Psicología Social de la prestigiosa London School of Economics, pero cuenta que siempre la rechazan en las entrevistas de empleo a causa de su “historia”. Foto: Getty Images.
Por: Edición 28320/5/2014 00:00:00
En la sesión abierta de preguntas y respuestas de un programa de televisión sobre su historia, en 2001, alguien la interrogó: “¿Qué se siente ser la primera reina del sexo oral de Estados Unidos?”. Monica Lewinsky quedó atónita porque había aceptado dar la entrevista convencida de que, tres años después del estallido del lío de su romance con el presidente Bill Clinton, la gente la miraría con otros ojos, a la luz de inquietudes profundas, como la erosión de la vida privada en la esfera pública o la equidad de género. “Cuán ingenua fui”, anota al recordar cómo se oyeron jadeos y gemidos en la sala, lo que no le restó valor para responder: “No sé por qué todo este cuento terminó siendo sobre sexo oral (…). Quizá ello sea el producto de una sociedad dominada por los hombres”.

La audiencia soltó una carcajada y Mónica, quien nunca había sido confrontada de manera tan abierta, comprendió que seguía siendo el molde de un arquetipo: “‘La zorra’, o, ‘esa mujer’, en la inexorable frase de nuestro cuadragésimo segundo presidente”. Con estas palabras, como se recuerda, Clinton negó en primera instancia haber tenido relaciones sexuales con Lewinsky. Pero a medida que avanzaron las pesquisas por la demanda en que Paula Jones acusaba al político de acoso sexual, se supo de carambola que, efectivamente, entre 1995 y 1997, él y Monica habían tenido un affaire en la mismísima Oficina Oval de la Casa Blanca, a donde la joven había llegado como becaria. Allí, como salió a la luz en el impeachment (o juicio) al mandatario por esta conducta, ella le practicó sexo oral a él varias veces, pero no hubo coito.

Hoy, Clinton goza de prestigio como estadista y filántropo, mientras que su esposa, Hillary, ha hecho su propia carrera política. Mónica, en cambio, se queja en su reciente artículo para Vanity Fair de ser la primera y eterna víctima de la cultura de la humillación que reina en Internet, tanto así que “quizá a usted le sorprenda saber que soy una persona”, explica.

Lewinsky titula su texto “Shame and Survival” y en él niega que calló en los últimos diez años porque los Clinton le pagaron por ello, según ciertos rumores. “No guardar un bajo perfil me habría expuesto a críticas por tratar supuestamente de ‘capitalizar’ mi notoriedad, como se ha dicho (…). Si los otros hablan de mí, está bien, pero si lo hago yo, no”.

“Vi correr las vidas de mis amigos (grados, matrimonios, hijos, divorcios)”, cuenta Lewinsky. Pero nada de eso le pasaba

a ella, agobiada siempre por el escándalo. Entonces, cursó una maestría en Psicología Social en la prestigiosa London School of Economics, donde encontró paz. Al graduarse, buscó trabajo en el área de la comunicación creativa, pero su “‘historia’ nunca era adecuada para los cargos”, asegura. “A veces, yo era apta por todas las malas razones: ‘Por supuesto, su trabajo requerirá que asista usted a todos nuestros eventos y en ellos seguro estará la prensa’”, le señaló algún jefe de personal. Cuando por fin una opción pintó bien en una organización que vive de donaciones y dineros del gobierno, le exigieron una “carta de indemnización” de los Clinton, porque, le recordaron, “hay un 25 por ciento de posibilidades de que la señora Clinton sea la próxima presidenta”. Comprendió entonces que su futuro no estaba en el empleo tradicional y optó por emprender negocios con dinero propio o prestado, como una línea de carteras, pero en ello también fracasó.

Su vida sentimental tampoco ha sido buena. “Con cada hombre que salgo (sí, yo salgo con hombres), sufro en cierto grado el latigazo de 1998 (año del escándalo). Debo ser muy cuidadosa con lo que significa hacer pública mi relación con alguien”, y agrega que se ha vuelto obsesiva en sospechar si un galán se le acerca por las supuestas destrezas sexuales que se le atribuyen a raíz del romance con el político.

Aunque expresa que esta no es una diatriba contra los Clinton, Lewinsky se refiere así al expresidente: “Mi jefe tomó ventaja de mí, pero siempre permanezco firme en este punto: fue una relación consensual. Ningún abuso vino cuando me convertí en el chivo expiatorio para proteger su poderosa posición”.

Monica se las canta a Hillary Clinton, por cuya posible campaña presidencial se ha visto afectada. A comienzos de este año, los paparazzi volvieron a perseguirla porque salieron a la luz unos comentarios que la exprimera dama le había hecho sobre ella a su amiga Diane Blair, con la viva intención, cree la exbecaria, de que se supiera algún día que quería agredir a la examante de su marido. En ellos, la exsecretaria de Estado calificaba de inexcusable la conducta Bill Clinton, pero también lo elogiaba por “tratar de lidiar con alguien que era claramente una loca narcisista”. Hillary, dijo Blair, en parte se culpaba a sí misma del affaire, por haber descuidado a su esposo emocionalmente, y por ello parecía perdonarlo.

Monica le responde a Hillary recordándole que, días después del estallido del escándalo, hombres mandados por el investigador del caso, Kenneth Starr, la emboscaron en un cuarto de hotel, no le permitieron llamar a su abogado y la amenazaron con que pasaría 27 años en prisión si presentaba una declaración jurada negando el affaire con Clinton, entre otros supuestos crímenes. A cambio de inmunidad por todo ello, le propusieron que facilitara chuzar sus conversaciones con amigos de Clinton y hasta con él mismo, a lo cual se negó por considerar que aquella sería la madre de todas las traiciones. “¿Valiente o tonta?, quizá. Pero, ¿narcisista y loca?”, concluye.

Lewinsky manifiesta que reaparece públicamente porque a sus 40 años cree que ya es hora de voltear la página, aunque de todos modos comprende que su misión es ayudar a quienes sufren humillación y acoso en la red al punto de querer suicidarse, posibilidad que ella misma varias veces llegó a contemplar.
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