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La tusa de Diego Trujillo y Jennifer Leibovici

La tusa de Diego Trujillo y Jennifer Leibovici

REVISTA JET-SET

Después de romper su noviazgo hace nueve meses, la pareja de actores protagoniza la obra de teatro El arte de compartir la tusa, posconflicto. La comedia romántica, escrita y dirigida por Diego, estará en el Teatro Arlequín de Bogotá hasta el 2 de octubre.
Son socios de la productora Qadrante, en la que además de hacer giras con los cuatro monólogos de Diego y la nueva comedia romántica, también hacen guiones originales para empresas.
Por: Revista Jet-set21/9/2016 00:00:00

Diego Trujillo y Jennifer Leibovici se comunican con una mirada. Este par de artistas que fueron novios por un año y terminaron su relación en diciembre del año pasado, han sabido llevar su ruptura. Se les ve y se les oye bien como amigos. Además, se entienden como socios de Qadrante, la productora con la que presentan los monólogos de Diego, y su más reciente comedia romántica, El arte de compartir la tusa, posconflicto que protagonizan juntos en el Teatro Arlequín de CasaE en Bogotá.

“No hay nadie que pueda ser mejor amigo de uno que la expareja”, comenta Jennifer. Y Diego aclara que esto es posible siempre y cuando no se hayan separado por unos cachos. Ellos dicen que son la prueba fehaciente de que se puede ser amigos después de terminar una relación sentimental. Se conocieron hace diez años cuando grababan la telenovela Infieles anónimos y hubo química actoral. Desde entonces se volvieron compinches, “vivíamos pendientes el uno del otro”, recuerda Jennifer. La vida dio unas cuantas vueltas, cada uno vivió sus romances, hasta que se volvieron a encontrar hace un año y medio.

Desde marzo de 2015 trabajan juntos en la empresa de montajes artísticos con la que ofrecen obras originales para multinacionales, y giras de las tres obras anteriores que Diego escribió: Qué desgracia tan infinita, Molestia aparte, y Padre rico, pobre padre, cada una reflejo de diferentes aspectos de su vida como la llegada de los 40, el deterioro de la salud, y los avatares de la paternidad. Ninguno se refiere a las razones de su ruptura en diciembre de 2015: “Pero fuimos muy sensatos al juntarnos laboralmente. Jennifer es muy paciente, se aguanta mi neura y además, tiene talento para los negocios y las relaciones públicas”. Con Qadrante han viajado por todo el país y ya completan más de 100 funciones de los monólogos. Nunca han tenido un mal momento y se lo atribuyen al respeto y la honestidad. “Él es buen padre, amigo, pareja, expareja, profesional y actor. Un hombre generoso tanto en la vida como en escena”.

Para crear el texto de esta última obra, Diego se tardó dos meses en los que escribía más de cinco horas diarias. Su propósito al concebir los diálogos fue decir de manera coloquial, no literaria, lo que les pasa a todos los enamorados cuando terminan. “Este es mi pequeño aporte a la construcción de la paz. Las relaciones se manejan a punta de clichés, y estoy en un momento de madurez y seguridad en el que siento que puedo decir las cosas sin venias ni concesiones. El fundamento de la paz está en los núcleos más pequeños, en la familia, en la pareja”, dice.

Jennifer tiene un nuevo amor hace unos meses y para su fortuna a él, que no tiene nada que ver con el medio artístico, no le afecta que trabaje con su ex. Por su parte, Diego está soltero y sin la menor intención de casarse: “Es fantástico estar solo”, bromea. “La verdad es que no me gusta la convivencia, es el camino directo al final de la relación”. Aunque los dos aclaran que El arte de compartir la tusa, posconflicto no es una historia personal, Diego sienta sus opiniones. Dice que la diferencia de edades dejó de ser un prejuicio; y que hay que zafarse de las imposiciones de la Iglesia, como el matrimonio, para que cada cual pueda desarrollar su individualidad. Él, que estuvo casado y tiene tres hijos, aún cree en que puede existir una pareja para toda la vida, “lo que pasa es que no debería ser por contrato, además hay que entender que el amor puede acabarse”.

El actor, director y guionista está viendo los frutos de 23 años de carrera en televisión, el teatro y el cine. La influencia de sus ídolos y maestros, el humor negro, como Louis de Funès, Peter Sellers, o Woody Allen, se ve impresa en cada uno de los diálogos de este proyecto que él define como el más ambicioso que ha realizado. Esta obra que va hasta el 2 de octubre en CasaE y sigue su gira por cuatro semanas en El Teatrico de Medellín, con una escenografía, vestuario, video y musicalización muy bien cuidada, esta última realizada por su hijo Pablo, quien ha trabajado con él desde 2009 en sus monólogos.

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