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Cindy Crawford: "me enamoré de Bogotá”

Cindy Crawford: "me enamoré de Bogotá”

REVISTA JET-SET

La estrella de la época dorada de las top models vino por primera vez a la capital y disfrutó del típico paseo santafereño: subió a Monserrate, se dio un septimazo, probó platos típicos y se confesó con la prensa nacional.
Durante la rueda de prensa en el Centro Andino. Ha hecho una fortuna cercana a los 100 millones de dólares con contratos publicitarios y su propia línea de cuidado de la piel, entre otros negocios. Vino a Colombia invitada por la marca Omega, de la cual es imagen, y la joyería Glauser.
Por: 5/5/2016 00:00:00

Apenas se ve frente a una cámara, así sea de teléfono inteligente, actúa como si estuviera en una sesión profesional y despliega la gracia que le mereció el favoritismo de genios de la fotografía como Herb Ritts o Richard Avedon. Es esbelta, de brazos largos y si bien conserva ese aire de la next door girl (muchacha de al lado), otra llave de su triunfo, se destaca entre la multitud con sus modales sofisticados.

Su voz es rica en matices graves, de mujer poderosa, y con una pizca de dramatismo. Se toma con humor los contratiempos, ríe fácilmente, usa mucho la muletilla en inglés you know (tú sabes) y responde sin frases hechas, pese a que le preguntan lo mismo todo el tiempo.

Bogotá fue una de las recientes escalas de un viaje que la ha llevado por todo el mundo y que inició en su natal DeKalb, un pueblito cerca de Chicago, donde cultivaba maíz y seguía una dieta rica en harinas. La jovencita provinciana floreció como la modelo más popular y mejor pagada del mundo, en los años 80 y 90, al lado de Claudia Schiffer, Linda Evangelista y Naomi Campbell, entre otras. Su verruga, o beauty mark, junto a la boca se volvió su distintivo, con la bendición de Vogue, revista que la adoró al igual que marcas como Chanel, Dior, Versace, Revlon y muchas más. Con el actor Richard Gere, su primer esposo y el hombre más codiciado de la época, conformó la pareja sensación, objeto del rumor de que él era gay y ella lesbiana. Hoy está casada con el empresario Rande Gerber, con quien tiene dos hijos, Presley y Kaia, la cual ya le sigue los pasos en el modelaje.

Invitada por Omega para lanzar uno de sus relojes, la también empresaria dio una rueda de prensa en la que habló de sus destapes para Playboy, la llegada a los 50 años y hasta de los coqueteos de Donald Trump.

¿Cómo la recibió Bogotá? –Me ha dado una bienvenida maravillosa. Ayer solo me dediqué a disfrutar de la ciudad y sus alrededores, estuve en Monserrate, La Candelaria, la catedral de Sal de Zipaquirá. El día estuvo precioso y la comida excelente. Estoy enamorada de Bogotá.

Luce fantástica a los 50 años. ¿Cuál es el secreto de la eterna juventud? –Te lo podría decir pero tendría que matarte (risas). Hablando en serio, el secreto es que no hay secreto sino que se trata de cumplir lo que ya sabemos: comer y dormir bien, hacer ejercicio, no fumar y no mucho alcohol, un poquito está bien (risas). Hay que aceptar lo que no podemos cambiar, como envejecer. Si en vez de enfocarte en problemas encuentras belleza y valores en tu vida, no te obsesionarás con una arruga.

¿Cómo define su estilo? –Eso depende. Vivo en la playa de Malibú, en California, así que cuando estoy allí visto t-shirts, jeans y sandalias. Pero si voy a un evento me pongo algo especial. Amo la moda, he crecido con ella, pero no quiero que la gente se sienta impresionada por mi vestido o por mi maquillaje, sino que diga ‘se ve fantástica’. Es cuestión del aspecto en general y no de un detalle abrumador. De otro lado, valoro lo atemporal de un reloj fino, unos buenos vaqueros, la gabardina perfecta, esas cosas que te acompañan por años.

¿Qué hay de cierto en que se retira de la moda? –No me he retirado. La prensa me citó erróneamente. Durante la escritura de mi libro Becoming, que lancé el año pasado, comprendí que amo lo que he sido pero estoy lista para emprender otro capítulo. Hoy me veo más como la presidenta de una empresa alrededor de la marca Cindy Crawford que como una modelo. Es un cambio en cómo veo mi carrera.

Donald Trump dijo que le gustaría pasar una noche con usted. ¿Qué opina de eso y de su campaña presidencial? –No siento nada por Donald Trump. ¡Y no hablo de política! (risas).

¿Cómo ve la incursión de su hija Kaia en el modelaje? –Es su decisión. Tiene 14 años y puede cambiar de opinión cientos de veces. Si quiere dedicarse a esto al menos me considero una buena maestra para ella, no como modelo a seguir, porque la forma de presentarse frente a la cámara es algo que tiene que resolver por sí misma. Pero sí puedo enseñarle las cualidades que le servirán para cualquier trabajo.

A propósito, ¿cómo recuerda sus comienzos en la pasarela? –No los recuerdo (risas). Mi primer desfile quizá fue para Diane von Fürstenberg. El backstage era emocionante porque había muchas chicas en maquillaje y peinado. Me acuerdo del brillo intimidante de las luces y que si algo me ayudaba a salir bien en la pasarela era que me gustara la ropa que llevaba puesta.

¿Cómo fue trabajar con Richard Avedon? –Él no quería una expresión vacía, sino ver inteligencia, un pensamiento, una emoción detrás de tus ojos. Eso puede ser diferente cada día, depende de si tienes un nuevo novio o estás alegre por algo. Con él aprendí a valerme de lo que pasa en mi vida para modelar y pienso en eso cuando poso.

Es inevitable hablar de su verruga… –Marilyn Monroe tuvo una mucho antes que yo, o sea que no fui la primera famosa con una beauty mark. Cuando comencé, mi agencia me recomendó removerla pero mi madre me dijo: ‘tal vez te quede una cicatriz’. Yo contesté: ‘me la dejo’. No faltó quien la menospreciara, pero apenas hice mi primera portada para Vogue, los demás empezaron a decirme ‘si es bueno para Vogue, es bueno para nosotros’.

¿Volvería a posar desnuda como lo hizo para Playboy? –No me niego a nada. Para mí, cada oportunidad está supeditada a la relación que tengo con el fotógrafo. Me pregunto si creo que él se está aprovechando de mí o si estoy incómoda. Me sentí bien las veces que posé para Playboy porque sabía lo que hacía.

Vivió días de gloria en la moda con Naomi Campbell y Claudia Schiffer, tan célebres como usted. ¿Siguen en contacto? –Sí, hace tres meses trabajé con ellas en una campaña para Balmain.

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