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Se estrena en Colombia la telenovela de la vendedora de rosas

Se estrena en Colombia la telenovela de la vendedora de rosas

Revista Jet-set

El Canal RCN y Sony Televisión presentan la serie sobre la vida de Lady Tabares, la vendedora de rosas que pasó de dormir en las calles de Medellín a desfilar por la alfombra roja en Cannes.
Lady Tabares, de 32 años, le vendió los derechos de su historia al Canal RCN y a Sony Televisión, quienes graban una serie sobre su vida en barrios de Medellín y Bogotá. Foto: Oscar Garcés/14 - Cámara Lúcida
Por: Edición 2849/6/2014 00:00:00
En su casa en Bello, Antioquia, donde desde hace un mes paga prisión domiciliaria, después de 11 años en las cárceles, habló con Jet-set sobre los dramas de su vida.

Sin duda, la historia de Lady Tabares, la famosa “vendedora de rosas”, es incluso más impactante que la propia película que la hizo famosa. Por eso RCN y Sony decidieron llevarla a la televisión en una serie que contará la tragedia de esta joven que pasó de caminar por la alfombra de Cannes a la cárcel, donde estuvo recluida 11 años y seis meses por ser cómplice de un asesinato. Hoy sigue pagando una condena de 26 años en su casa en Bello, Antioquia, donde con recelo recibió a Jet-set. “He pensado mucho acerca de la serie y si lo veo desde el punto de vista personal me parece muy chévere ver reflejada mi vida en televisión, pero si lo miro por el lado del público y la crítica, me da mucho miedo. No pretendo tener más fama, ya tengo la justa. Por eso he perdido mucha privacidad en la vida”.

La serie, basada en el libro La niña que vendía rosas de Édgar Domínguez, se graba actualmente en los barrios Manrique y Niquitao en Medellín y la protagonista es Natalia Reyes. Andrea Marulanda, productora de Teleset, no descarta que Lady tenga un pequeño papel en esta producción pero eso depende de que el Inpec les dé autorización. Al respecto, Lady opina: “No sé si quiera volver a actuar, es algo que tengo que pensar. Ahora mi prioridad es pasar tiempo con mi familia”. Tiene dos hijos: Fernando José, de 13, quien presenció, al lado de su madre, el asesinato de su papá en 2001, y Julián Esteban, de 10. “Yo vengo a ser mamá ahorita realmente. Con Julián tuve más cercanía pues él nació en la cárcel, pero a Fernando fue más lo que lo lloré en prisión que lo que lo disfruté”, dice con nostalgia. A pesar de que ahora los tiene cerca, la convivencia no ha sido fácil. “A los dos les ha tocado una vida muy dura, yo trato de entenderlos pero a veces me sacan el malgenio. Julián es muy grosero, le gusta mucho la calle y se altera por nada, para mí es difícil porque a veces no sé qué hacer con él. Edison, el papá de Julián, salió hace más o menos ocho meses de la cárcel y pensé que las cosas iban a cambiar para Julián, pero no ha hecho nada por él ni tampoco por mí, de hecho solo me ha traído problemas”. Sin embargo, trata de llevar una relación respetuosa con el papá de su hijo. “Él tiene su pareja y yo ahora estoy sola”.

Lady reconoció en la cárcel que era lesbiana. Cuatro meses antes de salir tenía una novia, pero cuando la cambiaron de patio, ella decidió terminar. “Es muy rara la relación que trasciende a la libertad. Batallar contra lo que significa que la una esté adentro y la otra afuera es muy complicado”. Dice que empezó a sentir que le gustaban las mujeres desde que estaba muy pequeña, pero nunca lo expresó porque su mamá, Magdalena, siempre le hablaba de que tenía que conseguir marido. “Recuerdo que cuando era chiquita tuve un novio con el que jugaba al papá y a la mamá y yo siempre quería ser el papá, eso no era fácil de entender. A los nueve años me metieron a un internado y allí sentí algo muy especial por una niña. Ella se enojaba conmigo y yo lloraba mucho, o no me recibía un regalo y para mí era fatal. Después en mi adolescencia empecé a sentir el deseo de ser madre”.

Casi 12 años en prisión forjaron su carácter. Hoy, más fuerte, Lady asegura que esta es una nueva oportunidad que le da la vida para volver a disfrutar de su familia. Lo primero que quiere hacer cuando logre la libertad es reformar su casa, pues la encontró muy deteriorada. Además desea terminar su bachillerato y estudiar medicina forense. “Toda la vida me ha llamado la atención, es una ciencia muy peculiar que genera mucho conocimiento de cómo explorarnos”. Para Lady, la muerte es el mejor momento que puede tener el ser humano pues se despoja de sus obligaciones terrenales. “A mí me gustan mucho lo paranormal y lo esotérico. Estoy convencida de que la reencarnación existe. Sé por ejemplo que en una vida anterior yo fui hombre, un escritor, y morí decapitado”. Cuenta que eso le salió en la primera carta astral que se hizo. ¿Cree en la existencia de Dios?: “Yo fui una persona muy creyente, de ir a misa y sentir un impacto muy fuerte estando en esa ceremonia, pero en la cárcel esa fe cambió. Sin embargo me gusta mucho orar y le hablo a ese ser supremo que algo dentro de mí me dice que existe”.

A pesar de que la vendedora de rosas ha tenido una vida llena de espinas, no se arrepiente de casi nada. “Lady Tabares nunca ha sido una drogadicta ni lo será. Que haya nacido y me haya criado en los lugares más pesados de Medellín no quiere decir que sea como me han catalogado. Es verdad que dormí en la calle con mi mamá, que muchas veces pedí limosna y aguanté hambre; pero nunca consumí sacol. Probé la marihuana, claro, pues es imposible haber salido perfecta en medio de la vida que tuve”. Lady supo lo que era la miseria desde muy pequeña. Para sobrevivir vendía rosas en la calles de su natal Medellín, donde la encontró el director Víctor Gaviria y le propuso el protagónico de su película. En 1998, ella, el director y el Zarco, otro de los protagonistas de la cinta, viajaron a Francia como invitados del prestigioso Festival de Cannes. Fueron recibidos como estrellas y compartieron alfombra roja con varias celebridades de Hollywood. “El error más grande de nosotros fue pensar que al regresar íbamos a tener nuevas oportunidades, pero cuando toda esa euforia pasó nos vimos otra vez en la realidad de tener que buscar la plata para pagar los servicios”. Por mucho tiempo su nombre quedó en el olvido. Sin embargo en 2002 volvió a ocupar los titulares de prensa cuando fue acusada por cómplice de homicidio. “A veces pienso que si no hubiera sido ‘la vendedora de rosas’ quizás no habría pasado por esto, pero era algo que tenía que vivir”, dice con resignación. Y es que Lady, así lo quiera, no puede escapar de la fama. Dentro de poco sus tragedias y la entereza para afrontarlas también llegarán a la televisión colombiana.
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