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La subasta de Vivi Barguil

La subasta de Vivi Barguil

Revista Jet-set

La esposa del banquero Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez subastará 23 obras de artistas colombianos, como David Manzur, Fernando Botero y Edgar Negret, el próximo 30 de septiembre en el Gun Club de Bogotá. Con los fondos recaudados construirá un centro lúdico para 450 niños del barrio Furatena en Montería.
Vivi con algunas de las obras que subastará el próximo 30 de octubre. La primera, de Cristo Hoyos, con un precio estimado en 12 millones de pesos. La segunda, de Rafael Echeverri, avaluada en 30 millones. Y la tercera, una escultura de Eduardo Ramírez Villamizar, con un precio en catálogo de 90 millones. Foto: Imagen Reina/14
Por: Edición 29012/9/2014 00:00:00
Cualquiera pensaría que la labor filantrópica de Vivi Barguil, la esposa de Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez –hijo del hombre más rico de Colombia según la revista Forbes– es fácil. Sin embargo, así como su apellido de casada le abre puertas también se las cierra. Cuando visita a posibles patrocinadores de su Fundación A la rueda rueda de pan y canela, que creó hace un año, algunos no se aguantan las ganas y le preguntan: “¿Usted qué hace pidiendo plata si es la esposa de un millonario?”. Ella les aclara que este es un proyecto personal y no de su familia política.

Dice que ya aprendió a tocar puertas y que así como a veces encuentran personas que se las cierran en la cara, hay otras muy generosas que se ponen la camiseta y la ayudan. “Pedir dinero nunca es rico y hay días en los que me canso, pero cuando voy a la Fundación y se me acercan los niños y los papás a darme las gracias por la labor que estamos haciendo, siento que vale la pena el esfuerzo”. Ahora su reto es conseguir 2.500 millones de pesos para construir el Centro de Ocio Creativo, que atenderá a 450 niños en el barrio Furatena de Montería, una zona con altos índices de violencia. Para lograrlo, subastará el próximo 30 de septiembre, en el Gun Club de Bogotá, 23 obras de artistas colombianos, entre los que figuran David Manzur, Alejandro Obregón, Édgar Negret, Ómar Rayo y Miguel Ángel Rojas. La pieza más cotizada es un dibujo de Fernando Botero, titulado “Gato”, que tiene un precio de venta estimado en 110 millones de pesos. Convencer a estos maestros y a las galerías de que le donaran sus creaciones fue relativamente fácil, pues apenas les habló de su fundación y de los niños se sensibilizaron con la causa.

Desde que se metió de cabeza en este proyecto, a Vivi le ha tocado aprender de arte, y para ello ha contado con la asesoría de María Victoria Estrada, una de las personas que más sabe de este tema en Colombia. De su mano descubrió la obra de Ana Mercedes Hoyos, impregnada del colorido del Caribe. “Me llamó la atención ver cómo una cachaca que vivió en Nueva York termina pintando cuadros de palenqueras y ayudando a esta comunidad. Lo que hace es admirable”. También visitó el estudio de Pedro Ruíz. “Su colección Barca me recordó el río Sinú y a mi tierra, Montería”. Confiesa que no le gusta el estilo abstracto y que prefiere los paisajes y los bodegones con frutas, que adornan las paredes de su casa al norte de Bogotá. “Yo escojo el arte más con el corazón que con los ojos. La obra puede ser muy cotizada, pero si no me llega al alma, no la compro”.

Los niños y preadolescentes de la Fundación tienen entre sus actividades clases de pintura. “Cuando empezamos, en enero de este año, había algunos que ni siquiera sabían qué era un pincel y ahora hacen un trabajo muy bonito”. Hace poco, una de las estudiantes le hizo un retrato con la técnica de puntillismo a Juanes, quien los visitó y les donó instrumentos. “En este momento podemos tener a un Picasso o a un Mozart y no lo sabemos”.

Vivi y su esposo, Luis Carlos, disfrutan por igual el arte, el espectáculo y las fiestas. “Mi marido siempre ha estado conmigo ‘al frente del cañón’ en todo lo que hago. Me apoya económicamente y me da ideas. Vive orgulloso de nuestro trabajo”. Él es tranquilo y ella, como buena costeña, es desparpajada y muy sociable. Tienen un hijo, Emilio, de cuatro años y medio, quien sabe que su mamá trabaja para ayudar a los niños que no tienen las mismas oportunidades que él. “Cada tanto recoge juguetes y me los da para que los mande a la Fundación. Le estoy enseñando que cuando crezca él va a ser un líder de este país y que debe ser generoso”. A Vivi se le iluminan los ojos cuando habla de su primogénito: “Él es mi jefe”, bromea. Y confiesa que se muere de las ganas de darle pronto un hermanito.

Por ahora se dedica a conseguir patrocinios y a vender las boletas de la cena-subasta. Los que quieran unirse a esta causa pueden escribir al correo electrónico: info@fundacionalaruedarueda.org.
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