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Pilar Ibarra: el espíritu vivo  de la Ronca de Oro

Pilar Ibarra: el espíritu vivo de la Ronca de Oro

Revista Jet-Set

La hija de Helenita Vargas se muere de amor cada vez que se encuentra con la actriz que representa a la Ronca de Oro en la serie de Caracol. Entre las dos crearon al personaje que ahora se roba los corazones de los colombianos noche tras noche.
Majida Issa no conoció a Helenita Vargas pero sabe todo de ella gracias a su hija Pilar quien no solo le ha contado cómo era sino que le ha servido de inspiración porque es la fiel copia de su madre. Foto: ©Imagen Reina/14
Por: Edición 27926/3/2014 00:00:00
Un día, hace más de cuatro años, antes de que muriera Helenita Vargas, Pilar Ibarra, su hija, descubrió un baúl lleno de fotos, cartas y recuerdos que su madre guardaba –tal vez sin saber– para la posteridad. Había tanta historia ahí que, mientras ambas repasaban sus vidas, imagen por imagen, surgió la idea de hacer un libro y una serie de televisión.

Al poco tiempo la Ronca enfermó y no sobrevivió para ver hecho realidad alguno de estos proyectos que Pilar se dedicó a sacar adelante, con la misma pasión con la que su madre cantaba sus canciones.

El libro, que más pretende ser un álbum de fotos que una obra literaria, está en proceso de edición; y la serie ya es una producción exitosa que pasará a la historia de la televisión como una de las de mayor audiencia en nuestro país. De la mano de CMO Producciones, Pilar no solo fue la fuente de este relato del viejo Cali sino que también se encargó de inspirar a Majida Issa –Helenita Vargas en la serie– porque es la heredera exacta de la figura, la voz, las expresiones y el sentido del humor que convirtieron a su madre en una de las cantantes más queridas por los colombianos.

Pilar y Maji reviven a la Ronca cada vez que se juntan y al final ya no se sabe cuál es la hija de quién: la una por genética y la otra por buena actriz. Se reunieron tantas veces durante las filmaciones que se adoran por cuenta de Helenita Vargas, a quien la protagonista de la serie nunca conoció, pero conmueve tanto con su representación, que la tía Monjis ha llegado a llorar viéndola representar a su hermana.

Es cierto que el argumento de La Ronca de Oro no se ciñe del todo a la realidad, más bien pretende a ratos concordar con las letras de algunas de sus canciones de arrabal; de hecho Pilar firmó un documento en el que permite a los libretistas dar rienda suelta a su imaginación siempre y cuando cuiden la integridad de la memoria de su madre. Y aunque algunos de sus amigos se han sentido incómodos con ciertos apartes, como cuando ella canta en una cantina estando embarazada, su hija siente que eso no falta a su moral porque es justamente en las cantinas donde se oyen las rancheras de Helenita. Y reitera: “mi mamá cantaba donde la contrataran: bares, discotecas, cantinas y hasta en el teatro Colsubsidio de Bogotá con la Orquesta Sinfónica”.

Pilar habla con toda certeza de las cosas de su madre, sin asomo de duda, como si ella le dictara las respuestas al oído desde el más allá. Alguien podría incluso haber pensado en que fuera ella quien protagonizara la serie por el parecido que tienen: la voz podría ser la misma y también canta, porque seguro, por su carácter, podría haber sido una buena actriz. Pero ni siquiera se lo planteó: “tengo dos hijos, marido y un perro en Estados Unidos, no habría soportado estar más de seis meses alejada de ellos”.

En la vida real, Pilar Ibarra Vargas dicta clases de español en un colegio como el Nueva Granada en Tampa, Florida. Ha vivido allá desde hace 20 años, cuando se casó con Ross Perkins, el padre de David, el menor de sus dos hijos. Hizo esta travesía sin haber cumplido 30 con su hija Helenita Salom, que apenas era una bebé. De alguna manera Perkins fue a Helenita, lo que el doctor Gonzalo Zafra –eterna pareja de la Ronca– fue a Pilar Ibarra, quien no conoció otro padre que él.

Cuenta que el penalista Hernán Ibarra no era cruel como Germán Hincapié, en la serie; que Helenita, en efecto se casó con él antes de ser mayor de edad; y que su abuela Ana Julia Marulanda de Vargas aunque tenía una relación difícil con la cantante y dejó de hablarle algún tiempo por haberse casado a escondidas, no era tan complicada como en la telenovela.

Lo que sí es cierto es que Zafra adoptó a Pilar cuando solo tenía 3 años y si no lleva su apellido es porque Ibarra no lo permitió, a pesar de no haber sido nunca una persona cercana. Aún recuerda que alguna vez la abordó para decirle que él era su padre, y ella que sabía la verdad, lo sintió como un extraño en su corazón. Pero aclara que su madre jamás le habló mal de él; por el contrario, lo vio decenas de veces en su casa, porque acostumbraban invitarlo a las parrandas que armaban. “Fui a su entierro –cuenta–. Y cuando se hizo lo del testamento renuncié a mi herencia en una notaría, porque no me pareció correcto recibirla si no fue mi papá”.

En Tampa, después de diez años de matrimonio, la única hija de Helenita Vargas enviudó y durante otra temporada vivió sola y sin intenciones de tener otra pareja. Sin embargo cierta noche, en una fiesta, mientras cantaba para sus amigos Las mañanitas, un hombre se le unió. No se parecía a lo que ella estaba buscando pero supo de inmediato que quería estar con él. Nick Flaskay canta tangos, a pesar de ser húngaro porque creció entre Brasil y Argentina. “Se me apareció la Virgen”, concluye con gracia vallecaucana Pilar Ibarra Vargas quien hace cinco años se casó por tercera vez con un hombre que la apoya de manera incondicional, adora a sus dos hijos y a su tía la Monjis, invitada frecuente a su casa en la Florida.
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