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La onda filantrópica de Vivi Barguil

La onda filantrópica de Vivi Barguil

Revista Jet-set

La esposa del industrial Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez lanzará su fundación A la Rueda, Rueda el 2 de mayo con un desfile del diseñador Ángel Sánchez. Con los fondos recaudados construirá un comedor comunitario y una sala lúdica para 400 niños del barrio Cantaclaro de Montería.
La monteriana siente que ahora su vida está más equilibrada. Reparte su tiempo entre la Fundación y su familia. Se casó hace siete años con el empresario Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez y tiene un hijo de 3 años. Foto: ©Imagen Reina/13.
Por: 11/4/2013 00:00:00
A Vivi Barguil de Sarmiento no la para nada. Un día puede estar en un barrio de Montería llevándoles recursos a los niños más necesitados de esa ciudad y a la semana siguiente en Nueva York, la meca de la moda, invitando al reconocido diseñador Ángel Sánchez a unirse a su causa social. El venezolano será la estrella central del lanzamiento de la Fundación A la Rueda, Rueda, que se realizará el próximo 2 de mayo en el colegio Jordán de Sajonia en Bogotá. Allí, Sánchez presentará su más reciente colección y donará todos los vestidos.

Con el dinero que recauden en el evento, Vivi aspira construir un comedor comunitario y una sala lúdica para 400 niños, entre 0 y 6 años, en el barrio Cantaclaro de Montería, una popular zona que tiene gran influencia de las Bacrim. “Queremos evitar que esos niños que viven en ese foco de violencia se conviertan en los futuros gatilleros de Colombia. La idea es que se concentren en actividades productivas como la pintura o la música. En este momento podemos tener a un Picasso o a un Beethoven y no lo sabemos”, dice.

La monteriana, que durante tres años solo se dedicó a ser mamá, asegura que desde hace cuatro meses su rutina cambió, y ahora divide su tiempo entre la Fundación y la familia. “En febrero, cuando me iba a Nueva York a hablar con Ángel, mi hijo Emilio me preguntó cuánto tiempo iba a estar por fuera. Le contesté que cuatro días y me dijo: ‘¿Y nos vas a dejar solitos a mi papá y a mí ’. A él se le hace muy extraño que su mamá trabaje, pero le estoy enseñando que cuando él sea grande va a ser un líder de este país y tiene que ser generoso con los demás”.

Por estos días, Vivi no duerme de pensar en cómo va a conseguir los recursos que le faltan para la Fundación. Reconoce que cuando se trata de pedir dinero para ayudar a los demás no tiene problema, pero que para su proyecto le ha parecido más difícil. “Cada vez que voy donde un posible patrocinador me dicen: ‘¿Usted pidiendo plata con la chequera tan grande que tiene?’. Pero como le contesté el otro día a un señor: ‘Si yo tuviera esa chequera, estaría ahora mismo en un spa sin hacer nada, sabiendo que todo está cubierto. Y no tendría esa adrenalina y esa emoción de venir adonde usted a contarle lo que quiero hacer y que me apoye. Eso es más gratificante’. Cuando les explico que este no es un proyecto de mi familia política sino mío, de mi esposo y de mi hijo, me entienden”.

Su esposo, Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez, se ha involucrado de una manera muy activa. “Me ayuda económicamente y da ideas. Yo le consulto muchas cosas y él sugiere qué debo hacer y adónde debo ir. Siento que está muy orgulloso con lo que estamos haciendo. Hace poco estuvo dictando una conferencia en una universidad extranjera y les habló del proyecto. Me está ayudando a conseguir benefactores internacionales”, cuenta Vivi. Por su lado, ella ha tenido varias reuniones con la Fundación Clinton para hacer un proyecto conjunto de sostenibilidad con los padres de estos niños. La idea es que ellos puedan producir y exportar productos de la región a Estados Unidos.

Así como le pasó con Ángel Sánchez, a Vivi se le han cruzado en el camino varios ángeles de la guarda que apoyan su causa social. Cine Colombia, por ejemplo, ya le donó una sala de cine infantil. Además, cuenta con un equipo de trabajo en el que todos son profesionales capacitados como ella y con una gran voluntad de trabajo social. “No estoy buscando talentos ni egos, sino personas que tengan un buen corazón, que sepan lo que están haciendo sin esperar nada a cambio”, asevera.

Inicialmente la Fundación se iba a llamar Barguil-Bechara (los apellidos de Vivi) y así está registrada en la Cámara de Comercio, pero después le cambió el nombre por el de A la Rueda, Rueda, pensando en que tuviera relación con los niños. “Ha sido muy bonito porque cuando visitamos a los gerentes de importantes empresas para mostrarles el proyecto, la mayoría terminan cantando: ‘A la rueda, rueda, de pan y canela, dame un besito y vete a la escuela…”, dice Vivi.
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