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La nueva vida de la ex de Rodríguez Orejuela

La nueva vida de la ex de Rodríguez Orejuela

Revista Jet-set

Aura Rocío Restrepo, la pareja durante ocho años del narcotraficante Gilberto Rodríguez Orejuela, destapa en su libro, Ya no quiero callar, la historia de la mafia de los años 80 y 90, y cuenta detalles de su tormentosa vida al lado del jefe del Cartel de Cali.
Aura Rocío vive en Cali con su pareja Rubén Pino –un ingeniero de sistemas a quien conoció hace casi un año– y sus dos hijos, Luis Carlos y José Alejandro, que son fruto de su matrimonio con el empresario caleño Alejandro Ramos. Foto: Kathalina Muñóz/14.
Por: Edición 28925/8/2014 00:00:00
“Mija, ¡nos cayeron!”, le dijo Gilberto Rodríguez Orejuela a su pareja Aura Rocío Restrepo cuando la policía llegó a capturarlos el 9 de junio de 1995. Aura entró al Buen Pastor a los 28 años y salió un mes antes de cumplir los 32. Ese tiempo de encierro fue un infierno.

¿Por qué la metieron a la cárcel si, como dice, usted no es culpable de nada? “Yo fui el chivo expiatorio. Además, a Gilberto le decían que si declaraba en contra del entonces presidente Samper le liberaban a la monita, ellos sabían que yo era su debilidad. Le pidieron 100 millones de pesos por dejarme libre pero él no los quiso dar. Que me tuvieran a mí allí era el seguro de que no se iban a fijar en nadie más de su familia”.

Mientras estaba en prisión descubrió que Gilberto se había hecho la vasectomía a escondidas para no darle un hijo. “En ese instante murió el intenso amor que sentía por él. Yo era una joven que soñaba con ser madre y él jugó con eso. No le importó pisotear esa necesidad”.

Cuando terminó definitivamente su relación con el jefe del Cartel de Cali, se ennovió con un médico. “Gilberto le mandó a decir que no había problema con que estuviéramos juntos, pero que él sabía que era un picaflor y que si me hacía derramar una sola lágrima se las iba a ver con él, obviamente el tipo no volvió a aparecer. Después, cuando salí de la cárcel, los hombres me tomaban como un trofeo, todos querían salir conmigo y que nos vieran para ufanarse de que estaban con la mujer de Gilberto porque él era una institución en Cali”.

En 1999, cuando, según afirma, estaba resignada a quedarse solterona, conoció a Alejandro Ramos, hijo de un reconocido empresario de pollos del Valle con quien se casó y tuvo dos hijos, José Alejandro y Luis Carlos. Después de once años de matrimonio él le fue infiel con la mamá del mejor amigo de su hijo. “En pocos días decidió irse de la casa y empezó a agredirme. Me encañonaba con su pistola para hacerme presión psicológica. De hecho, se llevó a la mujer a vivir a la misma unidad donde yo vivía en Sabaneta, Antioquia. En esas peleas Alejandro le gritaba a mis hijos que yo era prostituta por haberme metido con Rodríguez Orejuela y que había estado en la cárcel. Me tocó sentarme con ellos a explicarles que me había enamorado de Gilberto, pero que no era una delincuente ni una narcotraficante”.

Aura, para desahogarse, empezó a escribir prosa romántica en sus tres perfiles de Facebook, donde tiene más de 13 mil seguidores. Sus versos enamoraron a Rubén Pino, un ingeniero de sistemas que cayó rendido ante su belleza. “Él vio mi foto en el perfil de un amigo del colegio y empezó a leer mis escritos. Después me contó que ponía mis fotos en la pantalla del computador y que cuando estaba cansado o estresado las miraba y se ponía a acariciar mi rostro y a soñar despierto”.

En noviembre de 2013 la invitaron a dictar una charla en Ciudad Bolívar, en Bogotá, y ella pidió, en su página, donaciones para comprarles regalos a los niños de esta localidad. Rubén se ofreció a ayudarla y así fue como empezaron una relación que ya lleva casi un año. Viven juntos en un apartamento al norte de Cali con los dos hijos de ella que estudian en el Colegio Bilingüe Lancaster. El mayor, de 14 años, está en octavo; y el menor, de 11, en cuarto grado. Valentina, la hija que adoptó mientras estaba con Gilberto, reside en Medellín con su esposo y su hija de dos años.

Aura trabaja en la empresa de sistemas de su pareja en el área de mercadeo y tiene un proyecto de piscicultura con tres biólogos. Rubén fue quien la animó a escribir el libro. “Tenía mucho miedo de hacerlo porque para mucha gente yo lo que busco es lucrarme con esta historia, pero esa no es mi intención”. Ella lo ve como la oportunidad de contarle sus vivencias a las adolescentes que sueñan con transformar su cuerpo con senos grandotes y cola elevada para conquistar a un hombre con plata, sin importar cuál es el origen de ese dinero.

Recalca que no se enamoró de Gilberto por su chequera. “Él no fue el primer hombre millonario que me pretendió”. Dice que ella nació en el seno de un hogar de clase media alta de Cali; que en la familia de su padre están el primer cancerólogo que hubo en el país, el primer colombiano integrante de la Real Academia de la Lengua, y que su bisabuelo fue general en la guerra de los Mil Días. “Originalmente, el Castillo de Marroquín al norte de Bogotá fue de nuestra familia. Al contar esto no intento descrestar a nadie, solo es una manera de explicar que yo no era una muchachita desamparada y hambrienta que se entregó a un mafioso por dinero”, narra en el libro.

Después de graduarse del colegio empezó a vender pólizas de seguros para pagar sus estudios de administración de empresas en la Universidad Icesi. Su amiga, la Turca, la contactó con el senador Armando Holguín Sarria. “Él me dijo que no me iba a comprar nada pero que me iba a presentar a alguien que sí lo haría”. Así, llegó a la oficina del “Ajedrecista”. Aura todavía no se explica cómo Gilberto se fijó en ella porque a él le gustaban las mujeres maduras y ella era 27 años menor que él. “No fue por mi belleza, porque él tuvo a su lado a muchas mujeres bonitas que se morían por estar con él”. A Aura la deslumbró lo culto que era el hijo mayor de Ana Rita Orejuela y Carlos Rodríguez, un pintor de iglesias: “Sabía mucho sobre historia universal y filosofía, y era un ‘monstruo’ para los números. Creía en Dios pero le gustaba ir donde las brujas para que le adivinaran su destino”.

Como amante y confidente, Restrepo empezó a conocer muchos secretos del Ajedrecista: la muerte de Pablo Escobar, los aportes que el Cartel de Cali le hizo a la campaña de Ernesto Samper y a políticos regionales, y el mediático robo del Banco de la República en Pasto. Sin embargo, Aura Rocío aclara que su libro no pretende ser una biografía de Gilberto Rodríguez Orejuela, el gran capo del narcotráfico. “Por eso no ahondé en su carrera delictiva que no viví”.

Aura, de 47 años, dice que desde 1999 no habla con Gilberto. Ella llevaba un año de casada cuando él le pidió que lo visitara en la cárcel de Palmira, sin embargo, ella no lo hizo por respeto a su esposo. Lo último que supo de él es que estaba muy enfermo de un cáncer de colon. Hoy no se siente culpable por haberlo abandonado. “Si él no me hubiera hecho lo que me hizo seguramente seguiría atada a él y visitándolo en Estados Unidos, donde sigue pagando su condena”.

No cree que Gilberto haya leído su libro, aunque sabe que tratarán de hacérselo llegar. Siente dolor por lo que está viviendo su expareja. “Él siempre fue un hombre depresivo y le tenía mucho miedo a la soledad. Ver a su hija consentida y a sus dos hijos, uno graduado con tesis laureada de Stanford y el otro profesional de Harvard, en la cárcel debe ser muy difícil”. Después de que Aura se divorció quiso visitarlo pero no tenía visa, por eso decidió escribirle una carta en el último capítulo del libro con la que quiere poner punto final a esta historia: “Ya no te amo, es cierto, pero mirar atrás y saber todo lo que di, me da tranquilidad. Deseo lo mismo para ti y para tantos que afectaste, deseo que sus heridas y las tuyas no se queden en el aire, que cierren y cicatricen. Yo te perdoné y dedicaré mis días a exponer como un ejemplo tu historia”.
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