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La maldición del castillo de ‘Downton Abbey’

La maldición del castillo de ‘Downton Abbey’

Revista Jet-Set

El majestuoso castillo de Highclere, en Inglaterra, famoso por la serie Downton Abbey, tiene un misterioso nexo con la historia: perteneció al aristócrata detrás del descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón, cuya muerte se ha convertido en leyenda.
El actual castillo de Highclere es la última de una serie de construcciones que se han levantado en este lugar desde hace 1.300 años. De estilo isabelino, fue rediseñado en 1838 por el mismo arquitecto que renovó el famoso Parlamento de Londres. Foto: Other Image Press/Camera Press.
Por: 7/2/2013 00:00:00
“El sol se eleva por detrás de Downton Abbey, una grande y espléndida casa, en un grande y espléndido parque. Tan segura se ve, que parece como si el estilo de vida que ella representa fuera a durar un siglo más. Pero no persistirá”. Así resume el laureado escritor Julian Fellowes el encanto de la magnífica mole en que se escenifica la serie que creó en el 2010 y hoy, luego de tres temporadas, es la más exitosa de los últimos años.

En una acogida poco usual para un dramatizado de época, Downton Abbey cautiva por mostrar el esplendor de la aristocracia de la Inglaterra eduardiana y su intrigante contrapunto con su servidumbre, que podía alcanzar los 25 miembros en una sola mansión. A partir de las vivencias de los Crawley, liderados por sus padres, los condes de Grantham, el programa muestra cómo para aquella opulenta high class era inconcebible trabajar, por lo cual ignoraba el significado de la expresión “fin de semana”. Pero esos comienzos del siglo XX marcaron los últimos instantes de tal decadencia y de una época que no volverá jamás.

Mostrar los momentos cotidianos y trascendentales de un clan que experimenta los coletazos del hundimiento del Titanic o la Primera Guerra Mundial no habría resultado tan magistral sin su principal locación, el castillo de Highclere, donde se escenifica Downton Abbey, la rica propiedad de los Crawley. El secreto está en que se trata de una de las propiedades más bellas y mejor conservadas de su género en Inglaterra, verdadera residencia de nobles, los condes de Carnarvon, quienes están ligados al lugar desde el siglo XVII. La actual construcción data de 1838, cuando el tercer conde le encargó a sir Charles Barry, arquitecto del Parlamento de Londres, la transformación de la residencia en un verdadero palacio que maravillara al mundo. Con su exterior de estilo isabelino, Highclere, ubicado en Newbury, al oeste de Londres, se convirtió en el epicentro de la política británica en los tiempos de la reina Victoria I y fue hospital y refugio durante las dos guerras mundiales.

Su más famoso habitante fue George Edward Stanhope Molyneux Herbert, el quinto conde de Carnarvon, quien con su incalculable fortuna financió las excavaciones del arqueólogo Howard Carter que concluyeron en noviembre de 1922 con el descubrimiento de la asombrosa tumba de Tutankamón, el faraón adolescente, en el Valle de los Reyes de Egipto. Sin embargo, el aristócrata egiptólogo nada más disfrutó de unas cuantas semanas de su paso a la historia y no alcanzó a admirar todo el opulento ajuar funerario del monarca.

En febrero del año siguiente se lastimó con su navaja de afeitar una picadura de mosquito. La herida se le infectó y contrajo la neumonía que acabó con su vida. Otros dicen que en realidad el insecto lo contagió de erisipela. Días antes había empezado a cobrar eco la versión de que todos los males caerían sobre quienes abrieran las tumbas milenarias selladas y el trágico deceso de Carnarvon fue visto como la primera manifestación de la llamada “maldición de los faraones”. Pero los detractores de la leyenda alegan que el propio Carter tuvo una vida tranquila después de su hallazgo y murió muchos años después, en 1939.

Hoy, Highclere está en manos de George Reginald, octavo conde de Carnarvon y ahijado de la reina Isabel II. Con su esposa Fiona él se esfuerza por mantener intacta la gloria de esta edificación, que por doquiera exhibe obras maestras de la pintura y las artes decorativas. Downton Abbey, según lo han revelado en varias entrevistas, fue su salvación. La crisis económica redujo los ingresos de la casa por concepto de alquiler para fiestas. Estuvieron a punto de venderla, pero una vez que su amigo Julian Fellowes la recomendó para escenificar la serie, las cosas cambiaron.

De los 1,6 millones de dólares que vale cada capítulo del dramatizado, una buena tajada paga la locación, cuyo presupuesto de mantenimiento asciende a 17 millones de dólares al año. La propaganda del programa también ha dejado sus réditos: si en el 2011 la casa se alquiló para cien actos sociales, en el 2012 la cifra subió a seiscientos, además de que la afluencia de turistas atraídos por la magia de la televisión también se ha incrementado, pues pagan gustosos los 23 dólares que vale la entrada. Así, Highclere vive su mejor auge financiero desde 1895, cuando el quinto conde gastó cuarenta millones de dólares en su boda con Almina Wombwell, una Rothschild ilegítima.
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