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Fanny Kertzman ahora vende mochilas y cultiva marihuana

Fanny Kertzman ahora vende mochilas y cultiva marihuana

REVISTA JET-SET

La exdirectora de la DIAN vive en Portland, Estados Unidos, donde la marihuana es legal. Ella y su novio, Jerry, la siembran en su casa y la venden a los dispensarios que le dan uso medicinal. Además, acaba de abrir un negocio de mochilas wayúu que comercializa en Internet.
KertzmanFanny y su novio, Jerry, cultivan marihuana en el patio de la casa y luego la venden a los dispensarios pero con fines medicinales.
Por: 8/10/2015 00:00:00
Después de permanecer por tres años en Medellín, Fanny Kertzman tomó la decisión de regresar a Portland, Oregón, a vivir con su novio, Jerry Anderson, que es constructor, y sus dos adoradas gatas, a las que dedica gran parte de su tiempo. En ese lugar, donde no es famosa y puede salir a la calle en bermudas y camiseta, lleva una vida relajada, dedicada a su nuevo negocio de mochilas wayúu que vende por Amazon.com e internet. 
En su casa, en la capital de los hippies, tiene un cultivo de marihuana, que le vende a los dispensarios de la ciudad y le ayuda a curar los dolores de la artritis en la espalda que la aquejan hace varios años. Su relación con el cannabis no es nueva, la primera vez que fumó estaba en sexto bachillerato. En una columna que escribió en 2012 en Kienyke.com, Kertzman cuenta que cuando la nombraron embajadora en Canadá, ella y su esposo le abrieron un hueco a la Biblia con una navaja, la rellenaron con hierba y la mandaron con su menaje por barco. El equipaje debería demorarse tres semanas en llegar pero a la sexta la llamó un agente de aduanas de Estados Unidos a decirle que el container estaba parado en Nueva York porque querían revisarlo. “La sangre se me heló y me dio vértigo, pero ejercí mis mejores dotes de funcionaria pública y le dije que era equipaje diplomático, por lo cual no debería ser revisado”. El gringo dejó finalmente pasar el equipaje y la Biblia llegó sana y salva”, escribió. Y, como estos, tiene miles de cuentos que para sus lectores suenan fantasiosos. Quienes la conocieron cuando era directora de la revista Dinero creen que está mamando gallo porque sus escritos tienen ingenio y buen humor. Pero para ella todo es real. Así habló con Jet-set.
¿Por qué se fue de Colombia? –Estaba muy aburrida viviendo en Colombia, en Medellín el calor era insoportable, no me dejaba dormir. Pero lo más importante es que me fueron cerrando las puertas laborales. 
Usted atribuye ese cierre de puertas a que la tildaron de uribista… –Sí, estoy segura de que fue por eso. Aunque ese calificativo de uribista no me cabe a mí. No me da vergüenza ser amiga de Álvaro Uribe y aprobar muchas cosas que hizo durante su primer periodo, pero también hay que recordar que yo no estaba en el país durante su gobierno. La gente no sabe que durante la campaña presidencial de Enrique Peñalosa le recogí plata, y ahora estoy con Federico Restrepo para la Gobernación de Antioquia, o sea que en este momento me identifico más con el movimiento de Sergio Fajardo. 
¿Cómo está su vida ahora? –Llegué a vivir a Portland en 2010, cuando mi hija Perla y su novio decidieron venirse para acá. Luego ella se fue para Chicago y yo me quedé. El trabajo que tenía era una bobada y mi papá estaba muy enfermo de alzhéimer, por eso decidí irme para Medellín en 2013 a ayudarle a mi mamá y a tratar de trabajar en Colombia. Al principio me fue relativamente bien, pero luego me empezaron a zafar de todos lados. Cuando se me acabaron las posibilidades en Colombia decidí regresar a Portland y poner un carro de comida colombiana, esta es la capital de los food trucks, pero descubrí que era muy difícil. Yo andaba con una mochila wayúu para todos lados y la gente me preguntaba de dónde eran, les parecían divinas, y se me ocurrió vender mochilas. Estoy empezando un negocio, vendo en Amazon.com y en mi sitio en internet que se llama Moshila.com. He ido dos veces a La Guajira a comprarlas. 
¿Cómo es su rutina de vida en Portland? –Mi casa es un desastre, a Jerry, mi novio, que es constructor, no le caben las cosas; hay herramientas por todos lados. Me levanto temprano y voy al gimnasio, trato de ir todos los días a nadar, tengo mucho trabajo en internet con el sitio de las mochilas. Además tengo dos gatas: Cata y Onix, que son como mis hijas, vivo pendiente de ellas todo el tiempo, yo soy la mamá. 
Usted había dicho que no volvería a vivir con un hombre. ¿Qué pasó? –Cuando mi marido murió en 2004 yo dije: “Voy a esperar cinco años antes de cualquier cosa”. Pero concluí que eso no es cuando uno lo decida, sino cuando resulta. Después de haber dado muchas vueltas empecé con Jerry Anderson, pero me vine para Colombia. Seguimos una relación a larga distancia y cuando las cosas en Medellín estaban complicadas lo llamé y le dije que me iba a vivir con él. Se asustó un poquito, pensó que yo era una princesa, que no iba a trabajar. Al principio fue difícil pero ahora estamos totalmente adaptados. 
Usted publicó en una columna que su hijo Pedro había decidido volverse mujer y ahora se llama Camille. ¿Cómo es su relación con ella? –Camille está estudiando para ser ayudante de abogado en un community college en Austin, Texas. No manejaba carro porque le habían quitado el pase hace diez años por una infracción, ahora como lo necesita se lo voy a regalar. Veo que está bien y lo más increíble es que tiene novia: Olivia. Camille sigue siendo muy amiga de Karah, su expareja, viven juntos, pero Karah decidió que ya no quiere ser mujer sino hombre y ahora se llama Chase. Todos son amigos, es una cosa muy loca. Estoy muy contenta de verla feliz.
¿Y se hablan con frecuencia? –Me llama cuando necesita plata, una vez al mes. Estamos en contacto por email y por teléfono. 
¿Y cómo es la relación con Perla, su otra hija? –Ella vive en Chicago y tiene un trabajo muy bueno de programadora en un sitio que vende instrumentos musicales. Ella toca la batería en una banda de metal y ahora la guitarra eléctrica. Le aconsejé que no fuera a descuidar el trabajo por la música. No hablamos mucho, aunque sé que está bien. Conversamos por Facebook pero ella no quiere hablar por teléfono, no sé por qué razón. Estamos pasando por una buena relación, las dos se acordaron de mi cumpleaños, eso es una gran cosa. Estoy contenta, sobre todo ahora que estoy en Estados Unidos y las puedo ver. 
Cuando fue directora de la DIAN llegó a tener mucho poder. ¿No lo extraña? –No, el poder es un encarte, es pasajero y la gente se lo cree. Lo que realmente me hace falta de Colombia son las frutas y la empleada de servicio. Acabo de llegar de Colombia y Jerry me dijo que no volviera yo, sino que enviara a Orfidia, la empleada. 
¿Jerry conoce Colombia? –Sí, él ha ido dos veces y le fascina. Le gustan mucho las frutas, esta vez le traje granadillas. 
Tienen un cultivo de marihuana en la casa. –Acá la marihuana es legal. En el verano la marihuana crece afuera porque hay sol y no dentro de la casa en el invernadero. En este momento tenemos unos árboles en el patio de atrás. Se la vendemos a los dispensarios. 
¿Cree en el tema de la marihuana como medicina? –A mí me ha ayudado mucho con el dolor pues tengo artritis en la espalda y esclerosis. A Jerry, no sé.
¿Cómo sigue de salud? –Yo soy bipolar y por eso lo primero que hice cuando llegué a Portland fue buscar un psiquiatra. Ese proceso se demoró porque no me querían asegurar por los altos gastos que implican las drogas psiquiátricas, me tocó amenazarlos con abogados. Las cosas acá funcionan como en Colombia. En este momento estoy tomando más o menos los mismos fármacos que en Colombia: 13 pastillas diarias.
¿Y se siente mejor? –En una condición como la mía la mejoría es la estabilidad, y eso lo logro con las medicinas. A veces me doy cuenta de que hago locuras. Por ejemplo en Medellín me conseguí un novio terrible y una noche, no sé qué me dio, y empecé a abrir y a cerrar el cajón de la mesa de noche buscando algo; abría y cerraba, abría y cerraba. El tipo se fue a los tres días pero fue mejor para los dos. Él era narcisista, no hacía sino hablar de sus hijos, no tenía plata y no podíamos salir a ninguna parte, vivíamos todo el tiempo encerrados en la casa. Agradecí cuando me botó. 
¿Cómo ha sido esa convivencia con Jerry? –Con él, bien. En Medellín tuve otro novio con el complejo de Peter Pan, tenía la mentalidad de un niño de siete años. El tipo tenía plata y dije: “Ve, de pronto con este sí me caso”. Había leído que los tipos que tienen ese complejo nunca cambian, son personas adversas a los compromisos. Y así era él, se perdía entre semana o los fines de semana. Finalmente lo boté. 
¿O sea, la condición para que sea su marido es que tenga plata? –Jerry no tiene plata, pero es que tampoco me voy a casar con él.
¿Cómo hace para conseguirse esos personajes tan extraños? –No sé. Tengo 56 años y no hay mucho de dónde escoger o, más bien, creo que esa es la verdadera razón, es que a esta edad los tipos que están solteros porque tienen algún problema. 
¿Le hace falta escribir? –Realmente he pensado que puedo escribir otro libro, incluso fui a dos editoriales en Bogotá pero no mostraron mucho entusiasmo. Las memorias que escribí fueron hasta 2004, cuando murió mi marido. Luego me empezaron a pasar todas esas cosas tan locas, con hombres y todo, porque yo no estaba diagnosticada como bipolar, andaba en una manía todo el tiempo, como loca. No he tenido el tiempo, pero ahora con lo de las mochilas creo que lo voy a poder hacer.
¿En Colombia trató de trabajar con el Gobierno? –No, y menos con este. Traté de ser lobista en el Congreso, pero el que yo conocía ya se había renovado, entonces no funcionó. Fuera de eso tenía la fama de uribista, que en Medellín es normal, pero incluso así no me dieron trabajo por la influencia del Gobierno. A la gente le da miedo. 
¿Qué piensa del gobierno de Santos? –La crisis con Venezuela ha obligado a Santos a mirar nuevamente el país y salirse de su único tema que era el proceso de paz. Pero mejor no hablemos de política.

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