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La historia de Andrés Felipe Blackburn, todo el mundo lo quería

La historia de Andrés Felipe Blackburn, todo el mundo lo quería

REVISTA JET-SET

El hijo del político José Blackburn fue despedido por sus familiares y amigos en la iglesia Inmaculada Concepción en Bogotá, el pasado jueves 5 de marzo. Pipo, como le decían cariñosamente, cumpliría 43 años en abril, era esposo de Cuqui Valencia y un amoroso padre de Tomás y Sybilla.
En la misma semana en que el cuerpo de Pipo era repatriado, él y su segunda esposa, Cuqui Valencia, cumplían diez años de matrimonio. Se casaron en Anapoima por lo civil y rodeados de amigos.
Por: 12/3/2015 00:00:00
Los altos círculos capitalinos están devastados con la sorpresiva muerte del empresario Andrés Felipe Blackblurn. El mayor de los tres hijos de José Blackburn, expresidente del Congreso y confundador del Nuevo Liberalismo, y Consuelo Cardona, se caracterizaba por su temperamento alegre y su entusiasmo contagioso. Tal vez por eso tenía tantos amigos que hoy sienten su partida como la de un pariente. 

Hoy la muerte de Pipo sigue siendo un misterio para las personas cercanas, quienes aún no se explican por qué tomó la decisión de quitarse la vida en el hotel Marshall House en Savannah, Georgia, donde fue encontrado su cuerpo el pasado 26 de febrero. En los medios y en las redes sociales se ha especulado que tenía problemas financieros o conflictos familiares, pero su padre lo desmintió con unas cortas y sentidas palabras en la emisora La F.M.: “Nada de lo que han dicho es cierto, pero no quiero ahondar en el tema”. 

Quienes lo conocían dicen que tenía un bonito matrimonio con Cuqui Valencia, su segunda esposa, egresada de mercadeo del Politécnico Grancolombiano, con quien se casó por lo civil en Anapoima hace diez años. “Si era una pareja que tenía problemas lo disimulaba muy bien. Uno siempre los veía felices y unidos”, le contó a Jet-set una de las amigas más cercanas de Cuqui, quien prefiere mantener su nombre en reserva por respeto al dolor de la familia. Pipo y su esposa sacaban tiempo para estar juntos, les gustaba salir a comer, viajar y reunirse con sus amigos a conversar al calor de unos buenos tragos. 

Antes de Cuqui, el empresario estuvo casado con Liliana Henao Arteaga, con quien mantenía una excelente relación. Ella incluso fue una de las primeras que publicó en Facebook la noticia de la misteriosa desaparición de su exesposo el pasado 23 de febrero, cuando se subió a un taxi en la calle 95 con carrera 9, a las 11:30 a.m. Liliana y Cuqui, además, se la llevan muy bien y es común verlas juntas en los eventos familiares, conversando animadamente. 

Andrés Felipe vivía ante todo por sus dos hijos: Tomás, de 17 años, fruto de su primer matrimonio, y Sybilla, de 9, del segundo. Ambos estudian en el Anglo Colombiano, donde profesores y compañeros se han solidarizado con el terrible dolor por el que están pasando. 

Aunque siempre logró combinar el mundo del trabajo con el de la familia, su prioridad siempre fue esta última. Fue excelente hijo y un amoroso hermano de Carolina, directora de Inversión Social Privada en la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema, y de Bibiana, la menor de los tres. Las dos viajaron a Savannah para coordinar la repatriación del cuerpo de Andrés Felipe a Colombia, que fue cremado en Estados Unidos. 

Andrés tenía una especial debilidad por sus sobrinos: Carlota, Nicolás y Martina con quienes salía frecuentemente de paseo. Era común encontrárselos a todos los fines de semana en el Club Guaymaral –del que son socios–, haciendo ejercicio. Andrés Felipe fue muy deportista, jugaba squash y desde hace tres años iba todos los días al gimnasio Fun2Fit de sus amigas Marcela Barajas y Tata Gnecco. Era un duro saltando lazo.

Nació en Bogotá y estudió casi todo el bachillerato en el Gimnasio Campestre, pero finalmente se graduó del José Joaquín Casas. “No era el más pilo pero tampoco el más vago. En esa época acostumbraba a reunirse en su casa con los amigos a escuchar Guns N’ Roses, Inxs y rock en español. Él no era ni de salsa ni de rumba, pues se consideraba un pésimo bailarín. Tuvo una novia como desde los 15 a los 21 años a la que quiso profundamente”, recuerda uno de sus mejores amigos del colegio. 

Egresado de administración de empresas de la Universidad de la Sabana, Andrés estaba al frente de una empresa familiar que le prestaba servicios a las petroleras. Era muy reservado a la hora de hablar de sus negocios. 

La muerte del empresario creó una cadena de solidaridad en los medios de comunicación y las redes sociales. Su Facebook, en el que tiene 1203 amigos y que continúa abierto, está lleno de mensajes de condolencias. Nicolás Ruiz escribió: “Pipo, descanse en paz. Me quedan grandes recuerdos de nuestro barrio y Soda Stereo a todo volumen en su casa”. Y Ariel Gelman comentó: “Querido hermano Andrés. Le agradezco a la vida haberte conocido. Me recibiste en tu casa, compartí comidas con tu familia, me trataste como se trata a un hermano. Nos reímos juntos ‘peleando’ a ver quiénes eran más lindas, si las mujeres colombianas o las argentinas. Nunca nos pusimos de acuerdo en quién inventó el dulce de leche y cuando ya no sabíamos más de qué ‘pelear’ me mostrabas los cinco dedos de la mano recordándome Colombia 5 Argentina 0. Me duele el alma el saber que no estás más. Pero tu espíritu y tu ‘buena onda’ (como decimos en Argentina) me van a acompañar el resto de mi vida”. 

Todos coinciden en que era un hombre muy sociable, correcto, que se desvivía por ayudar a las personas y era difícil verlo triste. Siempre tuvo una sonrisa y una cara amable para todos los que lo conocían. El pasado jueves 5 de marzo, amigos y familiares le dieron el último adiós con una emotiva misa ante sus cenizas en la iglesia de la Inmaculada Concepción en Bogotá. Muchos lo recordarán como el hombre que tenía como banda sonora de su vida la canción Un millón de amigos, de Roberto Carlos.


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