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Por el rescate del hotel El Prado en Barranquilla

Por el rescate del hotel El Prado en Barranquilla

REVISTA JET-SET

La firma Marriot empezará a manejar el hotel El Prado, en Barraquilla, gracias al consorcio FTP, que cuenta con capital de Estados Unidos y del país. El centro hotelero quiere recuperar la grandeza que tuvo antes de pertenecer al clan Nasser Arana, vinculado al narcotráfico. Entre sus huéspedes ilustres estuvieron Grace Kelly y Charles Lindbergh.
El grupo Marriot, que empezará a operar el hotel El Prado de Barranquilla, lo rebautizará con el nombre Prado Autograph Collection. El complejo turístico también tendrá nuevo look. Se calcula que su restauración costará 21 mil millones de pesos.
Por: 5/5/2016 00:00:00

No suena exagerado cuando los barranquilleros dicen con orgullo que el hotel El Prado es tan emblemático como el estadio Metropolitano, el Puente Pumarejo, la Plaza de la Aduana y otros símbolos arquitectónicos de la ciudad.

Pese al valor histórico, el complejo hotelero vivió un largo período de recesión turística y de cifras en saldo rojo hasta que, hace unos días, el Fondo Nacional de Turismo le dio un nuevo aire al entregarlo en administración a la firma FTP, que asoció el capital norteamericano de Investment Corporation y de Espidel Ltda, ubicado en Barranquilla. Estas empresas cedieron la operación a la firma Marriot, valorada en el sector turístico debido a sus inversiones en más de 5.500 complejos hoteleros.

La construcción del hotel El Prado inició en 1927, cuando Barranquilla empezaba a ganarse el apelativo de Puerta de Oro de Colombia, ante la avalancha de familias de inmigrantes que veían oportunidades de negocios en aquella aldea polvorienta pero abierta mentalmente al modernismo. Por allí entró la aviación, la radio y el telégrafo a Colombia.

En el trópico, los hijos adoptivos de la ciudad –los McCausland, Renowitzky, Santo Domingo y Bellingrodt, entre muchos más apellidos– necesitaban un hotel donde pudieran alojar a los ingenieros y técnicos extranjeros que se encargaban de instalar la infraestructura eléctrica y el acueducto que atravesaban los barrios Prado, Bellavista y Centro. Para completar aquel panorama, los gringos empezaron la exploración petrolera en las poblaciones de Usiacurí y Tubará, en Atlántico.

La fama de Barranquilla llegó a oídos del ingeniero Karl Parrish, de Iowa, Estados Unidos, quien construyó el hotel en sociedad con los Obregón, dueños de la industria textilera de la ciudad. El diseño republicano, de columnas y arcos monumentales, se lo encomendaron al arquitecto Burdette Higgins, artífice de la edificación que fue declarada patrimonio histórico del país en 1982.

Finalmente el hotel fue inaugurado en 1930, ante la euforia mediática que resaltaba dos de sus grandes atractivos para la época: las habitaciones con baño propio y una piscina semiolímpica que lo ponderó entre los más grandes e importantes de Latinoamérica.

Por el majestuoso hotel pasaron personalidades de la talla de la princesa Grace Kelly, cuando todavía era la reina de Hollywood. La bella actriz se paseó oronda por los lados del balneario de Pradomar, donde filmó algunas escenas de la cinta Fuego verde.

Para completar el ramillete de luminarias, Greta Garbo fue huésped de El Prado durante algunos días. La leyenda cuenta que le mandaron a instalar un aire acondicionado en la habitación con el fin de atender los caprichos de la diva, quien lanzaba rayos y centellas contra el calor infernal que agobia a la capital del Atlántico.

El hotel también tuvo entre sus visitantes al héroe de la aviación Charles Lindbergh, justo cuando abría las rutas que conectaban a América desde Barranquilla. La urbe se volcó hasta Puerto Colombia para ver el aterrizaje del famoso personaje que parecía extraído de las novelas de Julio Verne. Así mismo, el centro hotelero fue la última morada de Carlos Gardel, antes de emprender el fatídico viaje a Medellín, donde murió.

Después de tanta fama mundial, el complejo turístico vivió una etapa oscura y de mala prensa cuando, en la década de los 80 y 90, se convirtió en el centro de acción del lavado de activos y el narcotráfico. El Prado hizo parte del inventario del clan Nasser Arana, el cual las autoridades relacionaron con el narcotraficante Alberto Orlández Gamboa, conocido con el alias de El Caracol. Dicen que Sheila Arana, la matrona de la familia, lo compró por un valor cercano a los cuatro mil millones de pesos, por los días en que decidió adquirir la mayoría de los inmuebles de la carrera 54, donde está ubicado el hotel.

En 1994 Sheila Arana fue detenida en Suiza y luego la extraditaron a Estados Unidos, donde pagó una condena de nueve años. En consecuencia, el hotel El Prado cayó en el proceso de extinción de dominio. El entonces Departamento Nacional de Estupefacientes lo manejó durante un tiempo, hasta que decidió entregárselo a la firma Dann y a los hoteles Country. Durante años se dijo que Shakira estuvo a punto de comprarlo, o que Silvia Tcherassi lo iba a administrar. Finalmente la diseñadora desmintió este tipo de rumores.

Cuando el Dann devolvió la administración de El Prado al Gobierno, Fontur (Fondo Nacional del Turismo) se encargó de sacarlo de los cuidados intensivos con un trabajo que incluyó la apertura de la pizzería, el relanzamiento del Bar Caribe, que suspendió sus operaciones en la última década, y de la galería de arte, que no funcionaba desde el 2014. En medio de las dificultades El Prado siempre tuvo una ocupación superior al 32%. Actualmente cuenta con 193 habitaciones que se llenan en su totalidad durante el Carnaval y las eliminatorias del Mundial de fútbol.

Los nuevos administradores de la firma FTP, que lo manejarán durante los próximos 30 años, prometieron una inversión de 21 mil millones de pesos para la restauración de algunas alcobas y de las áreas sociales, incluyendo jardines, piscina y de los salones de eventos de acuerdo a los estándares de la casa Marriot. “El hotel está en buenas condiciones, incluso mejor que hace tres años”, aseguró su gerente, Abner López.

Investment Corporation, que hace parte de FTP con el 55% del capital, ha recuperado algunos hoteles de Miami y Cuba. En su nueva etapa la edificación de Barranquilla buscará hacerle honor al estribillo publicitario de “Prado es Prado”, que lo popularizó en las últimas décadas.

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