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La famillia real de Grecia a la reconquista del trono

La famillia real de Grecia a la reconquista del trono

Revista Jet-set

Los destronados reyes Konstantinos II y Anne-Marie celebraron con su familia en pleno los 50 años de su boda en Atenas, una puntada más de sus supuestas aspiraciones de restablecer la Corona en el país que los derrocó en 1967.
La fiesta con motivo de los 50 años de matrimonio de los reyes, en Atenas, congregó a toda la familia real. De izquierda a derecha: los príncipes Marie-Chantal y Pavlos, heredero del trono; Anne-Marie y Constantinos; la princesa Alexia y su esposo Carlos Morales; y los príncipes Theodora y Philippos. Los reyes tienen otro hijo, Nikolaos. Foto: Look Press Agency.
Por: Edición 29210/10/2014 00:00:00
Mientras que una estampida de griegos pudientes abandonan su país, aterrados por la grave crisis económica y política que los azota, Konstantinos y Anne-Marie regresan luego de casi medio siglo en el exilio a causa del golpe de Estado que los expulsó del trono en 1967. El rey, quien aún se autoproclama como tal, pues nunca ha abdicado, vendió por cerca de quince millones de dólares su mansión en Londres, donde vivió desde su derrocamiento, y ahora habita con su esposa en una casa arrendada en Porto Heli, en el Peloponeso, una zona que sigue siendo monárquica.

Esta movida ha dejado pasmados a sus compatriotas y a las demás casas reales europeas, de las cuales los reyes son parientes, dado que hace un tiempo él no podía poner un pie en el país sin ser atacado. En 1993, por ejemplo, Konstantinos fue perseguido por mar y aire, y un año después el gobierno lo humilló expropiándole palacios como Tatoi y otros bienes. ¿A qué viene este deseo de retornar, si un referendo suprimió la monarquía e implantó la república en 1974?

Según Christos Zabounis, biógrafo oficial de Konstantinos, “el rey afirma que quiere estar cerca del pueblo griego que sufre con esta crisis”. No obstante, tanto Zabounis como otros analistas internacionales creen que el retorno de los reyes a su tierra es un paso más en el camino hacia la reconquista del trono. “Konstantinos gozó de una muy buena posición en su reinado y tenía una gran historia detrás de él, pues sus ancestros doblaron el territorio de Grecia. Él quiere conservar su puesto”, asegura el biógrafo.

El destronado monarca, por su parte, ha declarado que no tiene aspiraciones políticas, aunque sí mucha nostalgia de su patria, y que en su regreso asumirá el papel que los griegos le señalen. Pero para ciertos sectores de la prensa local, varios de sus movimientos indican que sin prisa, pero sin pausa, está en campaña por la restauración de la monarquía, pues la ve viable. El más reciente gesto fue la celebración de los 50 años de su matrimonio con Anne-Marie, que congregó a la familia real en pleno en Atenas, incluidas la reina Sofía de España y la princesa Irene, las hermanas del rey, además de la reina Margrethe de Dinamarca, hermana de Anne-Marie. Los esposos renovaron sus votos en la misma catedral ortodoxa donde se casaron en 1964, una declaración de que siguen ligados a una de las más caras insignias de la nacionalidad griega. La historia recuerda que el matrimonio fue uno de los momentos que más popularidad y devoción le reportó al rey, quien se unió con una de las princesas más bellas de Europa seis meses después de su ascenso al trono.

Meses antes de las bodas de oro se había estrenado también un documental sobre el rey Pavlos, padre de Konstantinos, quien encabezó uno de los reinados más estables de Grecia, una nación que antes de él había destronado y vuelto a poner en el trono a varios monarcas. Tanto así que su predecesor, Geórgios II, aseguraba que el accesorio indispensable de un rey griego era una maleta. Según un artículo del número de octubre de la edición española de Vanity Fair, el acto fue percibido como otra expresión de que la familia Glücksburg, oriunda de Dinamarca y Alemania, está aprovechando este convulso momento de la patria de Aristóteles para restablecer la Corona.

Konstantinos parece no estar solo en este empeño. En su casa del Peloponeso lo visitan magnates de familias como los Lemos, Latsis y Goulandris, quienes lo apoyaron económicamente en su exilio. “El pueblo es muy gentil con nosotros a donde vamos, la atmósfera ha cambiado dramáticamente”, declaró el rey en una entrevista para Today.com, cuando regresó en 2004 para los Juegos Olímpicos de Atenas, otro aspecto sensible de su vida, pues en las gestas de 1960 él ganó una medalla de oro para Grecia.

En el otro lado de la balanza están los griegos que aún le reprochan que los haya dejado solos en todos estos años o, peor aún, que haya jurado lealtad al grupo de coroneles que lo

derrocaron en el 67. En su defensa, él recuerda que luego lideró un contragolpe que fracasó y que si no siguió adelante con ello fue por evitar un baño de sangre.

Konstantinos es el último eslabón de un trono establecido en el siglo XIX para asegurar la independencia de Grecia del imperio otomano. En 1863 fue escogido como jefe de Estado el príncipe William de Dinamarca, quien reinó como Geórgios I, y entre cuyos descendientes, además de Konstantinos, figura Felipe de Edimburgo, el esposo de Isabel de Inglaterra, de quien también es pariente. Los monarcas siempre fueron acusados de una abierta participación en política, en contra de la Constitución, y ese al parecer fue también el error de Konstantinos, a quien tampoco le ayudó la injerencia de su ambiciosa madre, la reina Frederica de Hanover, en asuntos de Estado. Ahora que aquellos azarosos días del golpe palidecen ante la cruda crisis griega de hoy, fruto del fracaso del régimen que lo derribó, él cree que esta es su última oportunidad de volver a llevar con toda propiedad el título de Rey de los Helenos.
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