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La línea azul, el nuevo libro de Íngrid Betancourt

La línea azul, el nuevo libro de Íngrid Betancourt

REVISTA JET-SET

La excandidata presidencial acaba de lanzar en Nueva York The blue line, una novela de ficción que se desarrolla durante la dictadura militar en Argentina. Revestida de una espiritualidad que ha cultivado desde su secuestro por parte de las Farc, la novel escritora confirma su esperanza de que se firme la paz en Colombia.
El libro de Íngrid fue reseñado en el Sunday Book Review del New York Times: “La política colombiana, mejor conocida por describir sus seis años como rehén de la guerrilla, ha añadido su novela a las filas del realismo mágico”, escribieron.
Por: 11/2/2016 00:00:00

La librería McNally Jackson, en pleno corazón de Soho, Nueva York, estaba atestada de gente. El lanzamiento del libro The blue line era una deuda que Íngrid Betancourt tenía con los lectores de habla inglesa. Su primera novela de ficción, que narra la historia de Julia, víctima de la dictadura argentina en los años 70, fue presentada en compañía de Diane von Fürstenberg. La activista de derechos humanos y diseñadora de modas, reconocida por su famoso wrap dress, y la excandidata presidencial, se hicieron amigas por sus experiencias personales. Cuando Diane leyó el primer libro de Íngrid, No hay silencio que termine, se sintió identificada con el sufrimiento de su secuestro, ya que su madre, Liliane Nahmias, fue sobreviviente del holocausto nazi. “Después de conocer mi experiencia, ella dijo: ‘Tengo que conocer a esta mujer’, y la vida nos juntó”, cuenta Íngrid.

Así como ese encuentro no fue una casualidad, tampoco lo fue la aparición de Liliana, la argentina que inspiró el segundo libro. Con un acento mezclado entre el francés, el inglés y su español bogotano, Íngrid narra cómo empezó todo. Después de hacer la catarsis de su agonía de seis años en poder de las Farc, empezó a buscar nuevas historias que contar. La dictadura en Argentina siempre le había llamado la atención, y su interés se acrecentó gracias a su yerno, el director de cine Leonardo D’Antoni. “El esposo de Mélanie es argentino y con él hablamos de la importancia del sacerdote Mugica”, recuerda. Carlos Mugica Echagüe, el guía espiritual de las juventudes católicas de Buenos Aires, conocidas como Los Montoneros, encendió la luz para empezar el nuevo libro. Pero como esta vez quería escribir ficción, también se estaba dando un tiempo para abordar el tema con sus propios personajes. Fue en una playa de Cairns, Australia, donde Liliana la abordó. “Yo estaba huyendo de las multitudes, quería estar sola. De pronto oigo que alguien me llama por mi nombre con voz emocionada”. Íngrid no lo podía creer. ¿Quién la podía reconocer en ese lugar apartado, y cómo podía interrumpirle su momento de recogimiento? Era una mujer muy bella de pelo oscuro y ojos brillantes, que mientras se acercaba le decía que había leído su libro y quería contarle su propia tragedia, cuando se enamoró de un revolucionario montonero y después de muchas persecuciones los dos fueron torturados y exiliados por el régimen militar. De una manera casi mágica, la protagonista de la novela encontró a Íngrid.

The blue line representa la línea azul que se dibuja entre el cielo y el mar. “Ese punto del horizonte en el que es difícil diferenciar dónde empieza uno y termina el otro, allí creo que se encuentra la felicidad”, explica Íngrid, quien reconoce que cada vez se siente más cerca de su espiritualidad y más lejos de la necesidad que tiene la humanidad de comprobarlo todo científicamente. Dice que su corazón está tranquilo y en armonía, ya que está rodeada de los seres que más quiere, sus hijos Mélanie y Lorenzo Delloye-Betancourt, y su madre, Yolanda Pulecio. Íngrid transmite paz. Y ahora que el Gobierno y las Farc retomaron los diálogos en La Habana, se siente aliviada y espera que llegue el fin de la pesadilla de la que ella fue víctima, como cientos de colombianos. A pesar de que ese grupo insurgente la mantuvo en cautiverio durante 2323 días, no comprende que haya detractores de ese proceso de paz. “Hemos soñado con construir un país en el que dejemos de matarnos unos a otros, y en donde se puedan aceptar las diferencias”, comenta, y recalca que los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe no pueden olvidar que ellos contribuyeron desde sus gobiernos a que esto sea posible ahora. Con una voz muy diferente a la de la parlamentaria que denunciaba con vehemencia a los corruptos, comenta muy calmada que el fracaso de las conversaciones en El Caguán le ha servido de experiencia a Juan Manuel Santos para no cometer los mismos errores; y que el abatimiento de líderes de las Farc, como Alfonso Cano o Raúl Reyes, fue diezmando al grupo guerrillero que ahora está sentado en la mesa de conversaciones.

Su nuevo rol de escritora, dice, está construido desde la base de sus propias vivencias, de su crecimiento espiritual y de sus estudios de teología y griego antiguo en Oxford, los cuales fueron alentados por la lectura de la Biblia mientras estuvo retenida en la selva. Ahora que su texto está en las estanterías de las librerías de Nueva York, en la sección de literatura latinoamericana y al lado de maestros como Mario Vargas Llosa, Roberto Bolaño o Carlos Fuentes, afirma que no puede esperar más para terminar de escribir su tesis sobre la Teología de la Liberación. No le quita el sueño que esta nueva producción literaria tenga el mismo éxito que alcanzó No hay silencio que no termine, que formó parte de la lista de los más vendidos del New York Times en 2010. Lo que más le interesa es que a través de sus letras, los lectores se acerquen a la libertad que da el perdón. Ese que ella, después de casi ocho años de su liberación, siente arraigado en su corazón. La línea azul de Íngrid Betancourt será aún más larga, y ella espera que en Colombia se pueda leer en español. “Ojalá sea antes de que publique la segunda parte”, concluye.

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