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María Corina Machado: “buscan asfixiarme”

María Corina Machado: “buscan asfixiarme”

REVISTA JET-SET

Parte de la vitalidad de la oposición venezolana se le atribuye a la ex diputada María Corina Machado, pero a un costo muy alto en su vida privada: no puede salir del país ni visitar a sus hijos que viven en el extranjero. Justo cuando la Asamblea Nacional de Venezuela busca los mecanismos para sacar a Maduro del poder, Machado habló con Jet-set.
María Corina Machado habla fuerte cuando denuncia la falta de medicamentos en los hospitales y la deficiencia de los servicios públicos en el campo y resguardos indígenas de Venezuela.
Por: 7/4/2016 00:00:00

Hace dos años María Corina Machado quedó sin la curul en la Asamblea Nacional de Venezuela, el escenario donde increpó las acciones del Gobierno de Nicolás Maduro. Hoy, su voz aún resuena como una de las más influyentes y fuertes de la oposición en su país.

Al inicio de marzo, por ejemplo, pidió la renuncia del mandatario chavista, mientras la prensa internacional elogiaba su valentía para denunciar la masacre de los mineros de Tumeremo, al sur de este país. Machado no ha perdido su estatus de personaje enérgico que a diario se levanta contra el oficialismo, y quien con Leopoldo López y Henrique Capriles hacen parte del sonajero de los presidenciables en la esquina de la oposición venezolana.

La ex diputada mantiene el pulso firme para hablar de política y hasta de su vida privada, solo que en este aspecto lo hace con cautela desde que descubrió que sus pasos son vigilados por la policía y el servicio de inteligencia de Venezuela. La líder habló de su vida vertiginosa con Jet-set.

Cuando asumió las riendas de la oposición tomó una decisión muy dura que fue sacar a sus hijos de Venezuela. –Los regímenes totalitarios como el de mi país buscan atacar a la sociedad a través de la familia. Lo han hecho de manera sistemática contra todos los venezolanos con el fin de evitar la confrontación ideológica. Miles de jóvenes han huido para salvar sus vidas. Mis hijos padecieron desde muy pequeños el drama de la persecución implacable. Cuando conocimos las primeras amenazas me tocó dejarlos en casa de mis padres. Luego, con el fin de protegerlos, salieron de Venezuela.

¿Cómo hace para verlos si no puede salir del país? –La responsabilidad de madre y el compromiso político nos obligó a separarnos. Esto fue muy doloroso, pero lo hice por el bien de ellos y de Venezuela. Como se sabe, desde hace dos años no puedo poner un pie fuera de mi país. Esta situación ha sido arbitraria y anticonstitucional, pero tengo otra forma de definirla: es una verdadera aberración. El mecanismo de este sistema político busca asfixiarme, pero no lo va a lograr. Tengo mis baterías recargadas para ver el fin del oficialismo.

¿Qué otro tipo de boicoteos la siguen martirizando? –Todos los días hacen algo para intimidarme o llevarme al límite. Todavía no me dejan comprar tiquetes a las aerolíneas estatales. Cada vez que recorro una calle de Caracas tengo a la policía política y a la inteligencia militar detrás de mí. Es increíble que cuando voy al pueblo de San Diego, donde tengo congregaciones con los líderes opositores, nos quitan la luz. Abusan de las personas que participan en las movilizaciones.

¿Qué tanta visibilidad tiene usted en los medios de Venezuela? ¿La censuran? –Todos tienen la orden tajante de que mi rostro no puede aparecer en la prensa y noticieros de televisión. El programa de Diosdado Cabello es un ataque continuo y frontal contra mí. De manera sistemática me agrede verbalmente y me calumnia. Con este panorama no tan grato, la única protección que tengo para seguir con nuestra lucha es la prensa internacional.

¿Cómo se las arregla para tener una vida de vértigo debido a las continuas amenazas? –Soy consciente del riesgo que estoy tomando, además mis amigos y familiares me lo recuerdan diariamente, pero de corazón digo que no tengo miedo. Aunque tratan de doblegarnos, hay una Venezuela que está dispuesta a dar su vida para construir un país lleno de esperanza, donde los jóvenes no tengan que escoger entre su familia y el asilo político. Los venezolanos vivimos con el temor de salir de nuestras casas. Mi país es uno de los más violentos de América Latina, con un índice de 90 víctimas por cada 100 mil habitantes. Uno de los casos es el de la masacre de los mineros en el sureste.

En algunas revistas digitales encontramos un titular muy curioso que decía: “María Corina Machado: enamorada de un muerto”. Hacía alusión a su tío abuelo Armando Zuloaga, quien encarnó su ideal de hombre. –Mi amor de juventud fue Armando, el hermano menor de mi abuela materna. Por todo lo que me cuentan fue un hombre excepcional. Aquel tío abuelo fue escritor y vivió a plenitud la lucha contra el dictador Juan Vicente Gómez. A los 24 años, cuando se encontraba en el desembarque del Falke, en Cumaná, lo asesinaron con un disparo en la cabeza. Siempre ha sido una gran motivación para seguir en los momentos de dificultad. Cada vez que recuerdo su historia pienso que nada ni nadie puede doblegarme. Armando siempre soñó la construcción de una república libre y democrática, como yo.

Hablemos de su actual pareja. No debe ser fácil para él ser su novio. –El tema más complicado que enfrento en el día a día es mi relación de pareja. Lo único que puedo decir es que comparto mi vida con un hombre excepcional debido a su fortaleza ética y a su amor por Venezuela. No podríamos estar juntos si no compartiéramos estas dimensiones. Es un ser humano que me hace crecer en cada momento. No hablo de él porque entenderán que no es conveniente.

El oficialismo busca descalificarla con el término de ‘Sifrina’, que hace referencia a las personas que son de la clase alta. –El actual régimen busca fomentar la división de la sociedad venezolana. Lo único que puedo decir es que en los sectores rurales jamás me han descalificado debido a mi familia u origen. Yo no escogí dónde nacer, pero sí escogí qué hacer con mi vida. Tengo unos padres que han trabajado de manera decente por mi país y me enseñaron que lo importante es dar y no recibir. No creo en una Venezuela dividida entre blancos y negros; entre ricos y pobres. Los regímenes totalitarios son los que fragmentan la sociedad.

¿En algún momento anunció que quería ser presidenta de Venezuela? –Claro que dije que quería ser presidenta, pero eso fue hace rato. La prioridad de hoy es lograr la fuerza y energía total para llegar a un cambio político. El gobierno de transición, después de la salida de Maduro, dirá quién será el siguiente mandatario.

También dijo que Maduro tenía que salir del palacio presidencial. ¿Cuál será la vía más corta y fácil? –La constitución ofrece varios mecanismos, pero la renuncia sería la opción más ajustada al clamor del pueblo. En estos días este camino se ha planteado incluso en Brasil. Históricamente hemos visto que algunos mandatarios, escogidos democráticamente o por la vía dictatorial, han dejado el poder. En mi país, el propio oficialismo entendió que Venezuela solo dará avances en la medida que Nicolás Maduro se vaya. Eso no será tan fácil, pero no imposible. El cambio está cerca.

Algunos analistas dicen que la reconstrucción de Venezuela podría durar entre 10 y 20 años. –Mi vida se limita a recorrer el país de arriba abajo. En esta travesía desde Falcón hasta los Llanos he visto el deseo de reconstruir al país en un tiempo récord, a partir de la renuncia de Maduro y de la instalación de un gobierno de unidad nacional. Con la confianza del pueblo y el apoyo de la comunidad internacional, en 100 días Venezuela será otra. Sin Maduro renacerá la confianza en las instituciones, los campesinos empezarán a cultivar y el comercio abriría nuevamente sus puertas. También se acabará la persecución a los periodistas y veremos el regreso de los medios que valientemente asumieron una crítica al régimen. Podría apostar que los aeropuertos no estarán llenos de venezolanos que se van sino que asumirían el reencuentro con sus familiares.

Los herederos del chavismo aseguran que la prensa internacional desdibuja la situación de Venezuela. –Si no fuera por los medios internacionales hace rato nos habrían enterrado como hicieron con los mineros del sureste. Quiero recalcar que yo fui una de las primeras personas en denunciar que había fosas comunes en esa región. Hoy, gracias a la prensa extranjera, lograron desenterrar los cadáveres. Muchos medios han sido víctimas del régimen: a NTN24 lo sacaron de nuestro país y el diario La mañana dejó de circular. Los reporteros extranjeros denuncian todos los días la violación de los derechos humanos y los vínculos de un sistema político con la mafia, el paramilitarismo y la guerrilla. La crisis humanitaria de Venezuela es una amenaza para la región, para Colombia.

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