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Margarita Posada, Sex o no sex

Margarita Posada, Sex o no sex

REVISTA JET-SET

La escritora no solo estrena puesto en Mujeres W, sino que conduce un videoblog de sexo en Red + Noticias, los jueves en el horario prime time, en el que hace sondeos sobre lo que nadie se atreve a confesar.
Margarita Posada elige los temas que va a tratar en cada episodio de Sex o no sex y con Monarca Producciones planea las locaciones y los invitados que llevará al programa.
Por: 19/5/2016 00:00:00

Además de haber sido la editora de la revista SoHo, a Margarita Posada le asignaron la columna de sexo bajo el seudónimo de Conchita, y por eso hoy le llueven propuestas para que siga hablando sobre el tema. Una de ellas se materializó en el videoblog Sex o no sex que conduce los jueves en la sección de entretenimiento de Red + Noticias, en Claro Tv.

Margarita es de las pocas mujeres que, en un país tan conservador como Colombia, se atreve a hablar de sexo en televisión y a preguntarles a otros por sus fantasías, sin ser sexóloga como Flavia Dos Santos o Alessandra Rampolla. Lo hace desde su visión periodística y con un lenguaje directo y descarnado, que para algunos resulta intimidante. Para empezar, como abrebocas, en el primer video de la segunda temporada de Sex o no sex, le preguntó a Spencer Tunik, el famoso fotógrafo de desnudos, si le gustaba comer después de tener sexo, y él, irónicamente, le contestó que le encantaban los helados de banano.

Ella sabe que sus comentarios, llenos de frases inteligentes y con sentido del humor, causan controversia, y lo disfruta.

Cambia de look como de ropa, aparece a medio vestir frente a una cámara en la TV, y se desnudó sin reparos para ilustrar un cuento erótico que escribió en SoHo. Le importa muy poco lo que la gente piensa de ella, o por lo menos eso aparenta. “No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo”, dice.

Cuando las mujeres se enteran de que ella es la famosa Conchita, se incomodan y la ven como una amenaza. “Se sienten traicionadas en su feminidad, porque ‘no está bien’ que hable de sexo con tanta naturalidad”. Ella hace lo que se le da la gana y lo que le dicta su intuición.

“No soy sexóloga, en esto es mejor la práctica que las palabras. Cuando hablo de sexo soy como un borracho con el vino, no como un catador o un sommelier. No me considero experta en nada, que cada uno folle como le dé la gana”. No da consejos y su única regla es: “Vive y deja vivir”. Todo se centra en un común acuerdo entre las parejas. “¿Qué puede pensar un tipo del que yo digo que es mal polvo? Pues que yo también soy pésimo polvo. Es algo de dos. Las mujeres se la pasan quejándose, pero cada una es responsable de sus orgasmos”, dice.

Para Lalita, como la llaman sus amigos, el sexo es determinante en una relación. “Uno sabe si una persona es buena en la cama desde el primer beso, aunque yo he tenido casos en los que me he dado una segunda oportunidad y las cosas mejoran”. Confiesa que ya tiene la lista chuleada del sexo por el sexo. “Durante mucho tiempo fui esa mujer que salía y señalaba con el dedo ‘quiero esto’ y comía a la carta. Con los años, uno se da a la tarea de querer comer más en la casita. Antes era pura gula sexual, ahora estoy en la onda de la sana alimentación”, bromea.

La @SrtaBovary (como se bautizó en Twitter en alusión a Madame Bovary, el personaje de la novela de Flaubert que tiene mil amantes pero aún así vive aburrida) no es de hacer tríos u orgías. “Todas esas fantasías son muy excitantes pero puestas en escena y llevadas a la realidad pueden ser apabullantes o terminar en una mala pasada”. Tiene clarísimo que le gustan los hombres aunque “me he dado besos con mujeres para provocar, por libidinosa. He estado enamorada de mis amigas, pero es un amor filial, no carnal”.

Ya nadie se escandaliza con sus comentarios porque la conocen. Es consciente de que sus curvas y su experiencia intimidan, especialmente a los latinos. “Me sabe mal, me pesa que me miren como una muñeca inflable. No me considero una rompecorazones, lo que pasa es que cuando uno no está en el mismo timing que el otro, es difícil. No soy una femme fatale, eso tiene que ver con una fachada o un personaje que uno crea para trabajar y generar discursos narrativos divertidos”. Asegura que en el fondo es tan cursi y querendona como cualquier mujer, que cuando se levanta después de un one-night stand quiere que le pidan el teléfono y la llamen al otro día. “Los hombres con los que he estado saben quién soy, lo demás es pura paja”.

Ahora está sola y recuperándose de su más reciente fracaso amoroso. Estuvo a punto de casarse pero al final huyó como el personaje de Julia Roberts en Novia fugitiva. “Me metí con un gringo que no conocía muy bien y me puse en adopción. No sé qué quería demostrar yéndome a Austin, Texas, para volverme ama de casa, pero afortunadamente me devolví”.

Después de terminar con esa relación, y al darse cuenta de que el problema era ella, tuvo un episodio de depresión. Y es precisamente en esa enfermedad que se centrará el próximo libro que planea lanzar, el año entrante. “Quiero hacerle entender a la gente que no hay una línea tan clara que divida la cordura de la locura. A mí me ha ayudado mucho entender que no soy el centro del universo y controlar mi ego. En estos días le dije a mi siquiatra: ‘Estoy muy contenta de sentir que ya solté el control’, y me dijo: ‘Vas a estar más contenta cuando te des cuenta de que nunca lo habías tenido’”.

Ahora se siente tranquila y sin tanta ansiedad de comerse el mundo. “Donde yo hubiera llegado antes a un programa como Mujeres W habría sido la irreverente porque sí, y eso ya ni lo compro ni lo vendo. Desde que viví unos días en el Éxito me di cuenta de que el éxito no es otra cosa que un supermercado, y quien no lo entienda está muy jodido”, concluye.

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