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Kate Middleton es la reina de Londres

Kate Middleton es la reina de Londres

REVISTA JET-SET

La duquesa de Cambridge vuelve deslumbrante a la vida social de la capital británica y reafirma su cada vez más sonoro poder en la realeza.
El duque y la duquesa de Cambridge llegan a la premiere mundial de Spectre, el nuevo episodio de la saga James Bond, en el Royal Albert Hall de Londres. Ella estaba maravillosa con un modelo de diáfano chiffon azul hielo, de Jenny Packham, con cinturón de cristales que también salpicaban las mangas, y zapatos de Jimmy Choo.
Por: 5/11/2015 00:00:00
“La gloria es el resplandor de un nombre en la memoria de los hombres”, escribió el literato francés Villiers de L’Isle-Adam, y la duquesa de Cambridge hace todo lo posible para que esa sentencia se cumpla inexorablemente en su historia. 
Luego de una cruel ola de rumores, según los cuales ella se debatía con su posición de miembro de la casa real, por lo cual se empeñaba en mantenerse oculta, la esposa del príncipe William confirma su rol como fulgurante estrella de la monarquía británica.
En una verdadera campaña de imagen, la bella Kate retomó su agenda de compromisos sociales y de caridad, y dejó sin asidero a quienes aseguraron que su matrimonio con el duque de Cambridge tenía los días contados. Otros afirmaron que ella comenzaba a repetir la tragedia de la fallecida Diana de Gales, la suegra que nunca conoció, a quien el estrés como princesa y la acuciante atención del público y la prensa, llevaron a la depresión y los trastornos alimenticios. 
Pero no hay indicios de nada de eso, como lo dejaron ver las primeras planas de los diarios londinenses, engalanadas de nuevo con la imagen siempre reluciente y contenta de la duquesa. En esta agitada temporada de recepciones de otoño, que incluyó el estreno mundial de Spectre, la nueva cinta de la saga James Bond, Kate ha manifestado además que encarna lo que el cronista de moda inglés Hamish Bowles llamó “la fuerza oculta bajo la seda”. 
Todo ese glamour que ha vuelto a derrochar, tras meses dedicada a la crianza de su segunda hija, Charlotte, de solo cinco meses, evidencia que ya es dueña de su propio estilo, así como de un poder en ascenso dentro y fuera de los muros de palacio.
En las calles, el pueblo le prodiga su cariño y sigue su moda, mientras que la jefa de la familia, la reina Isabel II, de 89 años, le confiere protagonismo, consciente de que en manos de la esposa de su nieto William quedará uno de los mayores atributos de la Corona: el sentido de continuidad.
El momento más estelar del altivo regreso de Kate al primer plano fue su participación en el banquete que ofreció la reina en el Palacio de Buckingham, en honor al presidente de China, Xi Jinping, y su señora, Peng Liyuan, quienes realizaron una visita de Estado a Londres. 
Era la primera vez que la duquesa asistía a una de estas recepciones, la expresión más refinada de la hospitalidad británica. Ataviada con un vestido rojo de Jenny Packham, un tributo a la bandera de China, Kate fue el centro de las miradas. En aquella noche inolvidable, la reina la sentó en la posición más prominente reservada para una mujer de la familia real después de ella misma, es decir, a la derecha del homenajeado, al tiempo que la monarca lo hizo a la izquierda. Así, la duquesa de origen plebeyo quedó por encima de princesas de sangre real como Ana, la hija de Isabel, quien también se encontraba entre los invitados. 
El despliegue de joyas de Kate fue otro gesto del afecto y aplauso de Isabel. Llevaba la tiara Papyrus o de las flores de loto (elemento también caro a la cultura del país oriental), que perteneció a la reina madre Elizabeth, progenitora de Isabel, quien además le prestó otras dos alhajas de gran valor histórico. En la muñeca izquierda, llevaba una pulsera que su esposo, Felipe, duque de Edimburgo, le obsequió con motivo de sus bodas en 1947. En el brazo derecho, Kate lucía un brazalete original del joyero de la reina Mary, abuela de la reina. La prenda, que Isabel nunca ha usado, había sido vista por última vez hace muchos años adornando a la reina madre, y su reaparición en la duquesa parecía simbolizar que algún día ella se unirá a la galería de damas que se han sentado en el antiquísimo trono de Inglaterra.

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