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La colonización de Barú

La colonización de Barú

Revista Jet-set

Jorge Mattos y Gabriel Echavarría, dos de los empresarios más importantes del país, se unieron a otro grande, Andrés Obregón, para darle vida a un sueño común: un condominio de 23 lujosas casas en Barú, con el que le dan un giro positivo a uno de los paraísos naturales de Colombia que sus familias han conocido bien a través de generaciones.
Jorge Mattos y Gabriel Echavarría pusieron su experiencia de décadas en las islas del Rosario. Según Echavarría, “Barú es la mejor opción de vivienda para quienes ven en Cartagena un hogar potencial”. Foto: Andrés Rozo/14.
Por: Edición 2944/11/2014 00:00:00
La idea se inició hace tres años en una reunión de amigos en Barú. Gabriel Echavarría Obregón, les propuso a Jorge Mattos Barrero y a Andrés Obregón construir un condominio frente al mar, alejado del bullicio de la ciudad, pero con la comodidad de estar a solo 30 minutos de Cartagena de Indias. Junto al arquitecto Fernando Rodríguez Londoño, cuñado de Echavarría y quien ha renovado sus casas de playa, le empezaron a dar forma a los planos. Desde el principio me pareció un proyecto muy atractivo, porque aunque me he movido en el negocio inmobiliario en el interior del país, siempre me ha apasionado la vida frente al mar”, comenta Jorge Mattos, uno de los inversionistas colombianos más destacados y presidente de la constructora Neos Group. A los pocos meses el condominio ya tenía nombre: Estancia del Mar.

Para ellos el desafío era combinar el impacto de la civilización con los beneficios de la naturaleza, pero además con la ventaja de que los tres socios siempre han estado ligados a la costa Caribe colombiana. Aunque Andrés Obregón Santo Domingo vivió la mayor parte de su juventud fuera del país, heredó de su padre, Pablo Obregón González, la gran afición por los deportes acuáticos. Gabriel, hijo del respetado empresario Hernán Echavarría Olózaga y de Loli Obregón, española de padre barranquillero y una de las más bellas aristocráticas de su generación, creció junto al mar. “Sabemos cómo debe ser la casa ideal en Barú a punta de vivir aquí, y en el condominio aplicamos nuestra experiencia. Desde los siete años viví en Puerto Colombia, en la Sierra Nevada, en María la Baja y en las islas del Rosario”. Por su parte, Jorge tiene su casa en las islas del Rosario hace 18 años y también es navegante y buzo.

Aún no estaban terminados los diseños de las 23 casas, cuando las máquinas ya preparaban el terreno. El primer paso fue levantar la parte de atrás del lote, un metro y medio, para que todas tuvieran vista al Caribe. La distribución es en forma de herradura y en el centro hay tres lagunas. “Cuando uno construye en tierra caliente debe tener en cuenta la temperatura, los vientos y el sol. El que no ha vivido en la costa y no se ha tostado la piel, o lo ha cogido un ‘culo e’ pollo’, como llaman aquí a una tormenta, no sabe que si se deja un espacio abierto en el centro, genera una olla de calor gigantesca”, aclara Gabriel.

Para estos hombres de mar y de empresa, es muy importante cuidar la biodiversidad de la península que los ha acogido a ellos durante décadas, al igual que a sus familias. Toda la zona posterior del condominio es una reserva de bosque tropical que han conservado los Echavarría y los Santo Domingo desde hace más de 50 años. “A quien le guste correr o hacer caminatas, el bosque está lleno de senderos. Y si quiere nadar tiene tres kilómetros de mar calmado. Yo nado por lo menos tres veces al mes, y ahora que lo hago desde mi casa hasta el proyecto, es un ejercicio espectacular”, comenta Gabriel. También está la posibilidad de bucear en zonas de corales, montar en bicicleta marina, hacer kayak, esquí o paddleboard. Algunas de las casas que tienen cinco habitaciones, piscina, terraza con jacuzzi y quiosco privado, han sido modificadas por los compradores para poder recibir familias más numerosas. “En la costa hay una costumbre y es que la gente llega sin avisar. En temporada de vacaciones, en nuestro hogar muchas veces se reúnen más de 20 personas”, cuenta Gabriel.

Ahora que ya está vendido el 50 por ciento de Estancia del Mar, el grupo de inversionistas se alista para un nuevo desafío. Playa Blanca, un proyecto de mil viviendas y tres hoteles de lujo que, según ellos, generará 5 mil empleos directos y 12 mil indirectos entre los pobladores de Barú. “Uno no puede tener afluencia en medio de la pobreza”, concluye Echavarría, quien lleva más de cuatro décadas planeando un centro turístico que ponga a Cartagena y a Colombia en el mapa mundial y estimule la inversión en el país.
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