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María Luisa Calle: "no es doping, es un problema hormonal”

María Luisa Calle: "no es doping, es un problema hormonal”

REVISTA JET-SET

La ciclista, que le ha dado al país más de 30 medallas, acaba de firmar una sentencia que la deja fuera de las pistas durante los próximos cuatro años. Según ella, tuvo que aceptar las consecuencias de una dudosa prueba antidoping por la falta del apoyo económico de las autoridades deportivas. Desde Medellín habló con Jet-set.
En su casa campestre a las afueras de Medellín, María Luisa disfruta del verde de las montañas del Alto de Carrizales.
Por: 23/3/2016 00:00:00

María Luisa Calle es dulce y tranquila. Pero cuando se trata de defender su carrera la campeona de ciclismo hace uso de la fuerza que ha cultivado durante más de dos décadas de pedaleos y triunfos. El pasado 3 de marzo recibió en su correo electrónico una carta de la Unión Ciclista Internacional, UCI, que debía firmar. El encabezado decía: “Yo, María Luisa Calle Williams, acepto las siguientes consecuencias como resultado de mi primera muestra, en la que se detectó la presencia de GHRP-2 y metabolitos, una sustancia prohibida que se encontró presente en mi cuerpo con ocasión de un control de dopaje celebrado el 18 de julio de 2015 durante los Juegos Panamericanos”.

Esa mañana de marzo la antioqueña estaba sola en su casa, a las afueras de Medellín. Con las manos temblorosas, pero con el espíritu firme, escribió su nombre con letras grandes y redondas sobre la línea al final del documento que, entre otras, contenía la consecuencia más devastadora: una sanción de cuatro años de inhabilidad. Tuvo que hacerlo a pesar de que ella asegura que nunca ingirió alguna sustancia para aumentar su rendimiento. Firmó porque, como le aconsejó su hermana Cristina, no tenía sentido volver a contar la historia del tumor benigno de 10 centímetros que le extrajeron del ovario izquierdo hace tres años, y que muy seguramente es el causante del desbarajuste hormonal que siempre se evidencia en sus pruebas de dopaje. María Luisa desistió en la lucha por desmentir las acusaciones porque, a diferencia del 2004 cuando también fue acusada de doping en los Juegos Olímpicos de Atenas, esta vez no tuvo el apoyo económico ni de Coldeportes ni del Comité Olímpico Colombiano para su defensa. “Ahora los directivos dicen que lo del doping es un problema personal, solo mío. Pero durante todos los años que corrí con el uniforme de nuestro país, gané, me monté al podium y gracias a mi esfuerzo sonaban las notas del himno, yo era un orgullo nacional. Parece que en las buenas soy Colombia, y en las malas soy solo María Luisa Calle”, se queja con la voz entrecortada.

Se siente engañada, abandonada. Pero a pesar de que esta sensación le ha robado horas de sueño y sacado algunas lágrimas, la deportista sigue en pie. Cada mañana se levanta a las seis, y después de desayunar y atender al perro, las dos gatas y los caballos que son su adoración, se va a entrenar. Unos días sale a pedalear durante cuatro horas por el Alto de las Palmas, cerca a su casa; otros, levanta pesas en el gimnasio.

Después de aceptar esa derrota que nada tiene que ver con su capacidad física e inquebrantable disciplina, pensó en vender la bicicleta contrarreloj, su tesoro más preciado. Sin embargo, cree que es muy pronto para tomar decisiones, por ejemplo, en la rueda de prensa que ella convocó para aclarar que no se había dopado, alguien le sugirió que compitiera en los próximos Juegos Nacionales.

La antioqueña, que en octubre cumple 48 años, siempre fue esquiva a la pregunta de su retiro del ciclismo. Ahora que se ve obligada a cambiar, prefiere pensar que todo se debe a una señal de la vida. “Desde los 23 años, cuando empecé a entrenar, ya me decían que era vieja para competir”.

Sin mucho aspaviento, a los 46 años completó en 29 minutos, un segundo y 16 centésimas, los 20 kilómetros de la prueba contrarreloj individual femenina en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Veracruz, México. Se llevó la medalla de oro, una más para su inventario de premios internacionales que ya sobrepasa la treintena; y en la de los nacionales, que ni ella misma sabe cuántos son en total. Lo que nunca olvida es el orgullo que sus triunfos le han traído a Colombia.

A pesar de tener el título de administradora de empresas agropecuarias, ella lleva la mitad de su vida montada en un caballito de acero: “No tengo experiencia laboral, nunca ejercí mi profesión”. Confiada en que este momento de aparente desgracia es el preámbulo de algo muy positivo, está ocupada en la organización de la segunda edición de la Crono Escala Palmas, que será el próximo 3 de abril, en el que espera se unan más de 1.500 participantes: “Es una carrera tipo maratón de atletismo, que corren los ciclistas con un chip, desde el centro comercial San Diego y termina en las Palmas. Hay diez categorías en bicicletas de montaña y ruta”.

No ha contemplado la posibilidad de entrenar a futuras promesas del ciclismo femenino ya que es consciente de su nivel de exigencia, “pobrecita la que se arriesgue a ponerse en mis manos porque sufriría mucho. Soy demasiado disciplinada, responsable y hasta exagerada”, dice.

María Luisa exagera cuando se describe solo de esa manera. Porque cuando se le cambia el tema para hablar sobre sus gustos musicales, su humor paisa sale a flote: “Es una mezcla como de sancocho con leche”, dice. A la hija mayor del antioqueño Luis Guillermo Calle y la inglesa

Sally Williams le gustan las rancheras y la música electrónica. Las 300 canciones de Vicente Fernández que tienen en su iPod, le alegran la vida, y los beats de la electrónica le ponen ritmo al ejercicio.

La rubia de ojos azules está en la tarea de subirle la nota a su ánimo un poco ‘aporriado’, pero quiere que la gente sepa que lo último que espera es despertar compasión. Todavía tiene pedal para rato.

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