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La casa de la contralora

La casa de la contralora

Revista Jet-Set

En pleno Parque El Virrey, tapada por arbustos y enredaderas, se encuentra la casa donde creció Sandra Morelli. Los vecinos se quejan del ruido que hacen sus mascotas, pero por dentro está la historia entera de su familia, que contó en exclusiva para Jet-set.
La contralora, considerada una de las mujeres más poderosas del país, en el comedor de la casa familiar donde creció. Foto: Imagen Reina/13
Por: 1/4/2013 00:00:00
Por los alrededores del Parque El Virrey quedan pocas casas. Todas han sido derribadas para construir los más modernos y apetecidos apartamentos de Bogotá. La ciudad, dicen los expertos, crece hacia lo alto, porque para los lados ya no se puede. Por eso llama la atención la residencia de la contralora general de la República, Sandra Morelli, que además está rodeada de arbustos y enredaderas, como si pretendiera preservarse de las inclemencias de la urbanización, como una casa de campo en pleno corazón de la ciudad.

La vivienda fue comprada por Gian Franco Morelli, el padre de Sandra, quien huyó de su Parma natal para no prestar el servicio militar en Italia, donde creció aterrorizado por las bombas de la guerra. En Colombia, como a la mayoría de los extranjeros, lo deslumbró lo exótico de la fauna y la flora, hasta el punto de marcarlo en todos sus gustos.

Así que después de montar una empresa siderúrgica con su hermano Alcides, compró la casa del Parque El Virrey, donde la contralora de la Nación tiene todos sus recuerdos de infancia y donde también los está construyendo, desde hace un tiempo, su hijo de 9 años.

Los vecinos del sector se han quejado y hasta le interpusieron una querella por el ruido que hacen sus perros, una guacamaya y el niño cuando juega fútbol en uno de los jardines de la residencia. Ahí, además de las mascotas, crecen como en el campo varios pinos, unos árboles de papayuela y algunas plantas de flores que trajeron hace poco de Paloquemao. También hay una especie de estanco con peces domésticos y tres chihuahuas –Papi, Mami y Messi– que corretean por ahí y hace poco dieron crías. La gata Verenice duerme, consentida, en el segundo piso, pero es parte de la fauna de la familia Morelli, que a primera vista no hace daño a nadie.

Los perros grandes, dicen en la casa, están ahora bajo control y la guacamaya, que tenía el pico roto y no podía alimentarse por sí misma, fue llevada a la finca de la familia, donde tal vez no vuelva a molestar.

No es la única, pero si es curiosa una vivienda así, en medio de unas de las avenidas más transitadas de Bogotá. Muchos constructores han querido comprarla, pero los Morelli se niegan, no solo porque es el legado del padre de la contralora, sino porque su madre, Teresa Rico, quien fue magistrada del Tribunal de Bogotá, quiere pasar sus días en el mismo lugar donde vivió con su marido y crio a sus hijas. La contralora lo que quiere es acompañar a su madre y brindarle un poco de seguridad, a pesar de que a ella le parece que todo funcionaba mejor antes de que su hija aceptara ese cargo.

La casa mantiene intacto el estilo que le impuso el arquitecto que la construyó, excepto por algunas rejas y otros elementos de seguridad que se vieron obligados a instalar debido a las muchas veces que se les entraron los ladrones. Pero ahí está la zona social, que al patriarca Morelli le parecía tan importante, porque sin ser un hombre de fiestas, recibía con cariño a todos sus amigos en casa. Y como buen italiano, se disgustaba si no se quedaban a cenar.
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