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En el primer aniversario de su muerte, Jet-Set presenta la Cartagena de Gabo

En el primer aniversario de su muerte, Jet-Set presenta la Cartagena de Gabo

REVISTA JET-SET

El escritor Gabriel García Márquez escogió a Cartagena como la eterna sede de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que cumplió 20 años. En esta declaratoria de amor a la Heroica existe una serie de edificaciones que recordarán el paso del nobel por la capital de Bolívar. A continuación, algunos de los lugares garciamarquianos más emblemáticos.
La relación de Gabriel García Márquez con el Corralito de Piedra fue muy estrecha. Dos de sus libros –El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios– transcurren en las calles coloniales de la ciudad costera.
Por: 9/4/2015 00:00:00
1948. El impacto del Bogotazo y la consecuente anarquía que desencadenó el cierre del comercio, los planteles educativos y centros de salud aceleraron el viaje de Gabriel García Márquez a Cartagena de Indias. Este momento, que sus biógrafos y amigos describen como el inicio de la historia de amor de Gabo por la Heroica, fue relatado en Vivir para contarla, el glosario de sus vivencias más personales. “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla de Cartagena de Indias para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde. No pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”, escribió el nobel literario.

Con el tiempo, justo en 1995, refrendó la emoción que le produjo la ciudad colonial con la apertura de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que se encuentra en la calle San Juan de Dios, a unos cuantos metros del antiguo edificio del periódico El Universal. El autor buscó este lugar por la importancia que cobró dicho matutino en su vida, cuando le publicó sus primeros artículos a mediados del siglo pasado. “De esta manera cerró el ciclo del comienzo de su carrera y la culminación de su gran proyecto periodístico que fue la Fundación”, explicó Jaime Abello, quien la dirige desde antes de que Gabo adquiriera la edificación. 

En ese entonces, el autor de Cien años de soledad abrazaba la idea quijotesca de crear un diario para fomentar los géneros de la crónica y el reportaje, pero decidió enterrar el viejo sueño a cambio del centro de formación periodística. En las dos últimas décadas, diez mil comunicadores han asistido a los setecientos eventos, entre talleres y foros, de este organismo cultural.

Los cuatro puntos cardinales de Cartagena atesoran lugares que hacen referencia a la vida de Gabriel García Márquez y que, en últimas, están ligados a su literatura macondiana. En la época que se oficializó la noticia del Premio Nobel, el hijo de Aracataca compró uno de los apartamentos del edificio que los cartageneros conocen popularmente como “La máquina de escribir”, debido a su estructura parecida a los equipos Remington y Underwood que antecedieron a la era del computador. Allí también vivió el maestro Enrique Grau, cómplice de rumbas y de inquietudes intelectuales durante sus andanzas con el llamado Grupo de La Cueva. 

En la comodidad de este sector que los urbanistas comparan con Miami, y cuando había espantado la pobreza, el autor de La mala hora recordaba con humor las dificultades que vivió en Hotel Suiza, cerca del Parque Bolívar, que tenía más cara de pocilga y de donde fue expulsado por no pagar el arriendo. 

De la Cartagena cosmopolita se trasladó con los años a una casa esquinera que convirtió en su última morada en Colombia, y que está ubicada frente a la parte posterior del Hotel Santa Clara. Gabo le encomendó la construcción al arquitecto Rogelio Salmona en un terreno que le ofreció Cecilia de Bustamante. “Siempre se dijo que el nobel vivió en el exilio. Pero la verdad es que desde 1966, gracias a una invitación del Festival de Cine, dividió su vida entre México y Cartagena. Con Barranquilla tuvo muchos nexos, pero él prefirió a la ciudad amurallada”, aseguró Abello. 

En este sector colonial nutrió la imaginación hasta darle forma a la historia de los amores imposibles entre la niña Sierva María de Todos los Ángeles y el exorcista Cayetano Delaura, los protagonistas Del amor y otros demonios. El punto de partida para la creación de esta novela surgió durante los trabajos de restauración del Santa Clara, antiguo convento de las clarisas y centro reclusorio de Sierva María. 

Así mismo Fermina Daza y Florentino Ariza, personajes de su libro El amor en los tiempos del cólera, sobrevivieron a su tragedia amorosa en la Cartagena histórica, en otros lugares que obsesionaron a Gabriel García Márquez, entre estos el Portal de los Dulces y la Calle de las Ventanas.

Hoy, el turismo de la capital de Bolívar también le saca partido a los fragmentos de esta ciudad que apasionaba al afamado escritor como el restaurante La Vitrola, uno de sus favoritos, y la casa del pintor Alejandro Obregón, su centro de tertulias a mediados de los años 80. Gabo, quien no era pretencioso cuando salía a comer, siempre pedía pastas. 

El autor falleció hace un año. La muerte no ha podido desligar a Cartagena de la magia que le imprimió en sus novelas.


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