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La actriz Robin Wright, una arpía en ‘House of Cards’

La actriz Robin Wright, una arpía en ‘House of Cards’

REVISTA JET-SET

La actriz texana vive un apoteósico segundo debut gracias a la malvada primera dama de Estados Unidos que encarna en la serie de Netflix.
En House of Cards, estrenada en 2013, Robin interpreta a Claire Underwood, la esposa y cómplice del implacable presidente Frank Underwood, encarnado por Kevin Spacey. Cada uno acepta las miserias del otro, incluidos sus crímenes e infidelidades.
Por: 7/5/2015 00:00:00
Cerca de tres millones de abonados de Netflix, el proveedor de contenidos por Internet, están ignorando a sus amigos y hasta las horas de las comidas, debido a la fascinación en que los tiene sumidos House of Cards. La serie, basada en un drama satírico británico de los años 90, es un fenómeno mundial por cuenta de las conspiraciones de Frank Underwood, interpretado por Kevin Spacey, un cautivador y a la vez despiadado político que conquista la Presidencia de Estados Unidos a través de una violenta campaña que no excluye el asesinato. En tal sofisticación de la maldad, cuenta con la complicidad de su mujer, Claire Underwood, el otro pilar fundamental del éxito del programa, de acuerdo con Jodie Foster, quien dirigió uno de sus capítulos y le dijo a Vanity Fair hace poco: “Esta es, de cierto modo, la mayor historia de amor de todos los tiempos, pues cada uno acepta los más graves y vergonzosos secretos del otro (incluidas sus infidelidades)”.

De Claire, sus embelesados seguidores lo saben o creen saberlo todo: hierática, como una esfinge, es dueña de una belleza andrógina y feroz, cuyo rasgo más propio es su pelo muy corto. Es mujer de pocas pero muy bien escogidas palabras. “Cuando habla es poderosa y rápida”, opina uno de los productores de la serie. Se viste al más puro estilo americano e italiano, y solo calza stilettos de Christian Louboutin.

Pero, ¿qué tanto se sabe de Robin Wright, la actriz que la encarna? No es una aparecida en Hollywood, pero hasta el advenimiento de este drama sobre el poder, circulaba la versión de que había sacrificado una brillante carrera en Hollywood por amor a su exmarido, el actor Sean Penn, y los hijos que tuvo con él, Dylan y Hopper. A muchos que suponen que no la conocen, se les aclara la memoria apenas les preguntan quién coprotagonizó con Tom Hanks la notable cinta Forrest Gump. Era Robin, quien para aquel 1994 contaba con cierto estatus por su papel en The Princess Bride. Pero el máximo estrellato se lo debe sin duda a House of Cards, cuyos lanzamientos de temporada han desatado una manía comparable a la de The Beatles, según lo comentó ella misma hace poco en entrevista para The Sunday Times.

Entre 1996 y 2010, cuando estuvo casada con Penn, optó por papeles poco exigentes para atender a sus hijos, y cuando ellos se independizaron, retomó su profesión con ímpetu. Hoy, puede decir que le tomó tres décadas subirse al top de la fama, en la edad madura y cuando además está disfrutando del mejor sexo, al lado de su prometido, el actor Ben Foster. “Nunca había tenido tantos orgasmos”, repite en sus entrevistas.

En principio, le chocó oír una propuesta para volver a la televisión, en la cual había debutado en la telenovela Santa Barbara. Pero el productor de House of Cards, David Fincher, amigo de su familia y quien la dirigió en Los hombres que no amaban a las mujeres, la convenció de interpretar a Claire.

Crear el personaje, le declaró a The Sunday Times, le costó trabajo. “Estaba bloqueada, indecisa”, recordó. Entonces, Fincher le sugirió: “(Como Claire) eres un busto de mármol. Deja de moverte. Deja de creer que necesitas demostrar con la cabeza el gesto que estás haciendo con los ojos”. Así nació la malvada primera dama, quien también se mueve en el mundo de la política.

Luego de tres temporadas en su piel, Robin no cree que Claire sea manipuladora, arpía y artera. “Es utilitaria y supereficiente”, le manifestó a Vanity Fair. Eso sí, aclaró, no se parecen en nada, ni siquiera en los gestos: “No me paro como ella, tan rígida como el asta de una bandera. Eso lastima la espalda”, explicó en The Sunday Times. Quienes la conocen, sin embargo, aseguran que ambas son “brutalmente enfocadas en sus carreras, lentas para expresar sus sentimientos y expertas en manejar a maridos complicados”, al decir de Sam Kashner, cronista de Vanity.

Robin Wright nació en Dallas, Texas, y en la vecina Fort Worth persiguió su primer sueño, ser bailarina. Pero tras el divorcio de su madre, Gayle Gaston, de su padre, Freddie Wright, se mudaron a La Jolla, California, y no pudo seguir con las clases. Entonces, un cazatalentos la descubrió a los 16 años en una pista de patinaje, la convirtió en modelo y después la embarcó en la actuación. Pero se tropezó con el estigma de ser catalogada como una artista atrapada en el cuerpo de una diosa nórdica. “Por eso, se esforzó por convertirse en una actriz de carácter y no se confió en su figura”, afirma la directora Rebecca Miller.

Jodie Foster cree que con Claire Underwood, Robin se calzó finalmente los únicos zapatos que estaban hechos para ella, gracias, en parte, a su impresionante imagen, de la que nadie que la conoce se exime de hablar. Tom Hanks, por ejemplo, no la olvida en la época en que rodaron Forrest Gump: “Tenía ya esa misteriosa presencia, basada en una nada despreciable medida de gracia y belleza, y un grado de concentración que resultaba intimidante”. Giles Hattersley la entrevistó para The Sunday Times y asegura que “su encanto congela en segundos. Su ‘vibra’ no es íntima ni amigable; es, más bien, real, majestuosa”. En fin, una suma de atributos que le ha permitido desencadenar una revolución dentro de la revolución digital.
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