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La actriz Raquel Welch luce divina a los 75 años

La actriz Raquel Welch luce divina a los 75 años

REVISTA JET-SET

El tiempo no marchita la belleza del último de los grandes símbolos sexuales.
“La idea de envejecer puede ser un fastidio, pero no tiene por qué serlo”, dice Raquel, quien tras cuatro divorcios confiesa que hoy le atraen los hombres mucho más jóvenes que ella.
Por: 24/9/2015 00:00:00
Parece congelada en el tiempo desde la década del 60, cuando se robaba todos los piropos con sus diminutos biquinis, prendas que apenas dejaban de ser tildadas de “indecentes” por la moral y la religión. Pero lo cierto es que acaba de cumplir 75 años y sorprende lo bien conservada que se ve y la licencia que se concede de revelar verdades que mantuvo mucho tiempo entre pecho y espalda.
En los años 60 y 70, Raquel fue considerada una diosa del amor por la gracia de sus espectaculares curvas. Su papel de la cavernícola Loana, en Un millón de años a. C., la estableció como bomba sexual, a pesar de que allí escasamente pronunciaba tres líneas. El éxito arrollador se debió al afiche promocional del filme, en el que ella aparecía con un biquini de piel de ciervo (“el primero de la humanidad”, según la promoción) haciendo un movimiento cadencioso. La imagen, “reflejo indeleble del sex appeal prehistórico y de la mujer como reina de la naturaleza”, según un crítico de la época, le dio la vuelta al globo mucho antes del estreno de la película.
Raquel, admirada por los grandes cineastas y celebridades como Salvador Dalí, quien la pintó, ha dicho que en este significativo cumpleaños quiere responder de una vez por todas a la pregunta que le han hecho siempre las otras mujeres: “¿Cómo se siente ser Raquel Welch?”. Confiesa que, en general, la experiencia ha sido enloquecedora. “Fue horroroso cuando un director me pidió que corriera completamente desnuda por un desierto de España con un rifle. Fue tremendo ser silenciada cuando tenía buenas ideas para mejorar el guion de una película (‘¿Estás pensando, niña bonita? No lo hagas’). Fue feo ser el blanco de bromas de los críticos que demeritaban mi talento actoral. Lo más desquiciante de todo fue que cuando me harté de eso, fui etiquetada como ‘difícil y temperamental’”, le dijo a The Times, de Londres.
Raquel, en efecto, sostuvo rifirrafes desde el rodaje de la primera cinta que protagonizó, El viaje fantástico, al ver que la maquilladora había hecho un desastre. “Yo conocía mi rostro como Einstein sabía de física”, recordó de ese momento en que salió histérica del set.
En lo mejor de su carrera, actuó con las figuras más populares de la pantalla de varias generaciones, como Frank Sinatra, James Stewart, Burt Reynolds, Robert Wagner, Vittorio de Sica, Tom Selleck o Jodie Foster. El peor recuerdo lo guarda de la legendaria Mae West, con quien trabajó en Myra Breckinridge: “La actriz más egoísta, mal educada y desconsiderada con quien tuve el disgusto de trabajar”, le declaró al Times, al contar que ella confiscó un vestido con el que consideró que Welch la opacaría en la pantalla.
“En este momento, a mi avanzada de edad, aunque estoy muy feliz con mi vida, siento que necesito desvirtuar el mito del símbolo sexual y decir que esa no soy yo”, expresa Welch, quien interpretó a mujeres bravas y decididas al igual que ella, en cintas como 100 rifles y Kansas City Bomber, que afianzaron su celebridad.
Luego intentó mostrarse como una actriz “seria”, en producciones como The Wild Party y Myra Breckinridge, en la que interpretó a la antítesis del símbolo sexual, “la versión femenina de la mentalidad masculina”, como ella misma lo dice. No obstante, estos filmes fracasaron.
En 1982, tras cuatro días de rodaje, fue echada de Cannery Row, porque estaba muy vieja para el papel de Suzy de Soto, y fue reemplazada por Debra Winger. La actriz demandó por eso a la productora MGM y ganó cerca de 11 millones de dólares por daños y perjuicios, gracias a lo cual trabajar dejó de ser una necesidad para ella.
Jo Raquel Tejada, su verdadero nombre, nació en 1940 en Chicago, Illinois, en el hogar del ingeniero Armando Carlos Tejada Urquizo, de La Paz, Bolivia, y la estadounidense Josephine Sarah Hall. Amaba y a la vez odiaba a su padre, porque maltrataba a su madre y prohibió en su casa cualquier muestra de sus orígenes suramericanos, incluido hablar español. Solo hasta 2002, la actriz reconoció públicamente la procedencia de su familia.
Cuando tenía 19 años, luego de graduarse de bachillerato, estudiar ballet y teatro y ganar concursos de belleza, se casó con su novio del colegio, Jim Welch, de quien estaba embarazada. Pero a su marido no le gustó que Raquel empezara a ser más importante que él, cuando su carrera de actriz empezó a repuntar, y se divorciaron. Ella siguió usando su apellido de casada para que no la encasillaran como latina, algo perjudicial en ese mundo del espectáculo en el que ambicionaba triunfar.
Raquel se fue con sus hijos, Damon y Tahnee, a Los Ángeles, donde se abrió paso en Hollywood con la ayuda del productor Patrick Curtis, quien fue su marido hasta 1972. De esos años de gloria, recuerda además los ataques de las feministas, quienes la veían como un anacronismo. “No creo que porque decidimos liberarnos tenemos que desechar todo lo femenino. Yo era una feminista, pero no como ellas querían: ganaba mi propio dinero, sostenía a mi marido, criaba a mis hijos, viajaba por el mundo en una real aventura, eso era como ir a la luna”, afirma la mujer más deseada de los años 70.
Welch, quien hoy solo aparece ocasionalmente en cine o televisión, también estuvo casada con André Weinfeld, un guionista en la ruina, y con Richard Palmer, dueño de una cadena de pizzerías, de quien se separó en 2008. Hoy no cree que vuelva a reincidir en el matrimonio. “Tener romances se me ha vuelto una pesadilla. Muchos de los hombres de mi edad están buscando jovencitas para sentir que no son viejos. Entiendo esa atracción, porque a mí también me gustan los hombres jóvenes”, concluye.
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