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Koldo Miranda: chef y  lienzo humano

Koldo Miranda: chef y lienzo humano

Revista Jet-Set

Este cocinero no solo es famoso por buen chef, también es un lienzo ambulante. Sus recetas figuran en libros de cocina y sus dibujos aparecen en catálogos de tatuajes. Tiene novia colombiana y Carlos Duque no se aguantó las ganas de fotografiarlo.
Sus tatuajes han ido de la mano de sus viajes: desde Nueva York hasta Japón, pasando por Madrid. Le falta el de América Latina. Foto: Carlos Duque
Por: Edición 2807/4/2014 00:00:00
Asturiano, hijo de vascos, Miranda cocina desde los 14 años. “En mi tierra la culinaria es casi una religión”. De sus primeras incursiones domésticas empíricas, pasó a estudiar formalmente; fue discípulo de Sergi Arola y entre sus viajes a Asia, Latinoamérica y la influencia de sus maestros, ha perfilado una cocina muy particular, una simbiosis de todo lo probado, lo vivido, lo comido. Y lo tatuado.

Porque además de todo lo que prepara y crea, Koldo tiene una afición paralela. Su cuerpo es una tela viva donde distintos artistas han hecho lo suyo. Algunos de sus diseños figuran en libros y catálogos de artistas gráficos que lo presentan como uno de sus emblemas. Desde el pecho hasta los brazos, pasando por piernas y abdomen, Koldo está cubierto de tintas de colores, con dibujos que dejan ver tanto la influencia asiática también presente en su gastronomía, como las tendencias estéticas que se desprenden de sus años de infancia subido en una patineta y después en tablas de surf.

Primero se mandó a hacer un Rey Ojo en una pierna. Después, en la pantorrilla se pintó una figura de un pin-up de los años 50. En el estómago tiene un letrero que es su única referencia española: “Lujo Ibérico”, un juego de palabras por aquello del jamón. Cuenta que el sitio más doloroso para dibujarse es en las costillas. El más complicado tardó 16 horas de trabajo. Koldo explica que trata de hacerse imágenes balanceadas: si se tatúa primero una parte del cuerpo, la siguiente figura debe llegar del otro lado, para equilibrar. “Mi lado bueno es el izquierdo, el derecho es el lado perverso”, dice.

Es un enamorado de Colombia. Alaba la estética y las formas: “vosotros tenéis una capacidad de trabajo y de arte envidiable. Ponéis una sensibilidad muy intensa en todo lo que hacéis: si es arte, cocina o fotografía”. Por estos días estuvo en Bogotá y Medellín, donde dictó un taller de profesionalización de su trabajo en una escuela de cocina de la capital. “Por ahí ando buscando socios para una aventura gastronómica en Bogotá, que espero se resuelva para este año”. Mientras tanto, se deja fotografiar por su amigo Carlos Duque y busca el tatuador latino que le inmortalice la poca piel que le queda libre.
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