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La traga de la duquesa de Cambridge

La traga de la duquesa de Cambridge

REVISTA JET-SET

La esposa del príncipe William coquetea con el atractivo sir Ben Ainslie. El magnetismo entre los dos salta a la vista, pero antes que lesivo resulta beneficioso para el matrimonio de los futuros monarcas del Reino Unido, según los expertos en relaciones amorosas.
El lenguaje corporal del dúo delata claramente la química que los estremece. Llegaron charlando animadamente a la regata de la American’s Cup, en Greenwich, el año pasado.
Por: Jet-set.com7/9/2016 00:00:00

La atracción entre Kate y Ben parece ser tan fuerte, que no pueden evitar que les brillen los ojos ante el deleite que sienten de estar juntos. Sus miradas de admiración mutua, el modo en que ríen a carcajadas y la complicidad que sugiere su lenguaje corporal, delatan que la química entre ellos es real. La prensa británica solo registra el asunto de modo sutil, pues el país no tolera más escándalos pasionales de la familia real, luego de los protagonizados por los príncipes de Gales, suegros de la duquesa, hace dos décadas.

En cambio, webs estadounidenses como IBTimes.com o CelebrityDirtyLaundry.com sí se han atrevido a mencionar que la esposa del futuro rey William coquetea con Ainslie, el navegante más exitoso en la historia de los Juegos Olímpicos, con cinco medallas en su palmarés.

“Ambos son altamente competitivos en el deporte y comparten una honda pasión por navegar. No es una sorpresa que hayan consolidado una robusta amistad”, aseguró hace poco el Daily Mail, de Londres. En efecto, el imán entre la duquesa y el campeón se activó a raíz de sus frecuentes encuentros alrededor de la actividad náutica. Desde la primera vez que fueron fotografiados juntos, en la olimpiada de Londres, se hizo palpable su delicioso coqueteo. Ben, de 39 años acababa de ganarse la medalla de oro y se la enseñaba orgulloso a una fascinada Catherine. Desde entonces, pasan mucho tiempo juntos.

En 2014, él estableció la fundación 1851 Trust, para la promoción de la navegación entre la juventud. La patrocinadora real de la entidad, por supuesto, es su alteza real, quien así ha tenido justas razones para participar con Ben en regatas, entregas de obras y lanzamientos.

En junio de ese año, participaron juntos en un evento de la American’s Cup, en Greenwich, al respecto de lo cual el Mail señaló: “El alegre dúo fue fotografiado intercambiando bromas y riendo todo el día”. El periódico recordó que días antes, ella “se había echado al agua con el navegante en una carrera de yates de alta velocidad. Kate ayudó con el aparejamiento del bote y además tomó los controles. Sir Ben había sido visto minutos antes ajustando las correas del casco de la duquesa”. Al regreso de la competencia, en Portsmouth, el guapo marinero anotó que estaba “maravillado de lo bien que Kate lo había hecho en el mar y agregó que de buena gana le daría un lugar en su equipo”, informó el Mail. Algunos asistentes al evento dicen haber visto al deportista y a la princesa rozando sus manos.

Tabloides de Estados Unidos aseguraron que la futura reina Catherine flirtea con Ben para darle celos a su esposo, quien días antes de la carrera de Greenwich, se había ido solo a la boda de su exnovia Jecca Craig, para desagrado de su mujer.

El culmen de la finura con que la prensa británica ha tratado la situación lo marcó Tatler, la mejor revista de alta sociedad y temas femeninos de las islas, que publicó un artículo titulado ‘In praise of the crush’, que se podría traducir como ‘En alabanza del flirteo’. La pieza fue ilustrada con todas esas fotos que exhiben la fascinación que Ben y Kate se profesan, pero sus nombres jamás son mencionados en el texto, cuyo planteamiento es que sentir atracción por otras personas cuando se está casado no hace malo, desleal, ‘perro’ o zorra a nadie. “Tienes permitido admirar, porque si pierdes esa capacidad, te quedas sin tu magia personal”, advierte la nota, según la cual, eso hace sexy a cada cual y revela su ser romántico.

Tatler también recuerda que juguetear con otras personas, como al parecer lo está haciendo la futura reina consorte, es como reanudarse, volver a encender la llama, y nada más provechoso para un matrimonio. Maliciosamente, la revista anota: “Incluso cuando estás coqueteando bajo las mismísimas narices de tu bien amado, o si sales fotografiada en los diarios gozando abiertamente de la compañía de un atleta que está muy bueno (esto es solo un ejemplo), tu cónyuge simplemente se regodeará en tu magnetismo. ‘Ella/él todavía tiene su atractivo’, pensará ella/él para sus adentros, al mirar esas imágenes”.

¿Será tal la actitud de William? Él ha estado presente en varios de esos momentos en que a Kate se le van los ojos por Ben y no pareciera ser un marido celoso. En todo caso, a ambos les vendría bien escuchar las opiniones de los expertos consultados por Tatler, dedicadas a ellos, aparentemente: “El coqueteo es vigorizante y te da una razón para deslumbrar y ese brillo engendra más brillo. La monotonía de la crianza de los niños (léase los principitos George y Charlotte), el escrutinio y la presión (William y señora experimentan ambas cosas todos los días), amenazan con apagar el ímpetu del fiestero que vive en tu interior y sumirte en la ansiedad. Pero tener un crush puede inspirarte a practicar tus dotes de buen conversador y tus miradas seductoras. De igual modo, favorece una mejor vida sexual y evita el mal humor”.

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