Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Julia Salvi compartió con Jet Set una década de recuerdos

Julia Salvi compartió con Jet Set una década de recuerdos

REVISTA JET-SET

Julia Salvi celebra los diez años de su Festival de Música Clásica con una serie de eventos que conmemoran también el reciente fallecimiento de su marido, Victor; músico, lutier, fundador de la fábrica de arpas Salvi en Torino y gestor de este evento que solo le ha traído cosas buenas a Colombia. La historia de la pareja está rodeada de música y recuerdos.
JuliavSalvi nació en Cali, pero a los 23 años conoció en Londres a Victor Salvi y se quedó en Europa, donde se casó, tuvo dos hijos, y ha vivido la vida de los músicos consagrados.
Por: 25/6/2015 00:00:00
El pasado 22 de mayo, Julia Salvi, como siempre sobria y elegantísima, recibió a sus invitados en el Teatro Adolfo Mejía donde tuvo lugar una de las celebraciones de los diez años que cumple su Festival de Música Clásica. Llevaba meses organizando esa gala, sin descuidar detalle, ni de la música, ni de la cena, ni del montaje. Y sin saberlo, todo se convirtió en la despedida de su marido, Victor, con quien se inventó esta fiesta de conciertos, y murió 12 días antes de la conmemoración de la década. “Me paré atrás donde siempre me hago en el teatro. Y pensaba: ‘No puede ser’. Escogí su celebración como él quería. Con comida, con gente, con música. En el lugar donde el festival empezó”, dice ella con nostalgia.
Él tenía 85 años cuando inauguraron juntos el Festival en enero de 2007. El lutier italiano, fundador de la fábrica de arpas Salvi, se soñó esta celebración desde que puso sus pies en Cartagena donde acostumbraba a pasar sus vacaciones. “Tenía claro lo que era la ciudad y lo que significaba, no solo para Colombia, sino también para el mundo”, recuerda Julia, todavía en duelo, un poco más de un mes después de la cremación de su esposo cerca de la fábrica en Torino.
Y cuenta que cuando le preguntaban cuál de todas las casas del Corralito de Piedra le gustaría comprar, él decía que el Teatro Adolfo Mejía. Pero ese enero, en medio de tanta emoción, Victor Salvi empezó a sentirse muy cansado. “Pensábamos que se había deshidratado y como yo estaba funcionando en otras cosas, no leí lo que debí haber leído de inmediato”. Solo dos días después de la clausura le diagnosticaron un infarto silencioso, de inmediato lo trajeron a Bogotá y en la Fundación Santa Fe le pusieron un marcapasos, cirugía de la que se recuperó muy bien. Pero una vez en Italia, a la cabeza de sus negocios, los médicos le recomendaron no regresar a Colombia.
Julia se puso al mando del Festival. “Quedé ante un conflicto de sentimientos: el de estar al lado de él y la responsabilidad que había adquirido con el país, porque esto se convirtió en algo más que un evento. Y por mucho que mis idas y venidas eran muy frecuentes, ya él tampoco quería que viajara tanto. Eso fue muy difícil en los años siguientes”.
Ella había conocido a Victor en Londres cuando tenía 23 años y él 60. Se casaron y tuvieron dos hijos, Ana Isabel y Vittorio. Así que, antes de dirigir y pensar y montar y gerenciar el evento de música clásica más importante de América Latina, ella era la consagrada esposa de un arpista de ascendencia italiana que nació en Estados Unidos, pero regresó a su país en un barco y fundó la fábrica de arpas más representativa del mundo. Era descendiente de lutieres por parte de padre y madre, así que Victor transpiraba música y se lo transmitió a su joven esposa, quien compartió con él 35 años de su vida entre arpas, conciertos, festivales y, por supuesto, músicos. Nadie mejor que ella para cosechar la semilla que Victor había plantado en Colombia, su país, por el que ha trabajado sin parar. “Creo que le he cumplido más al país de lo que le cumplí a él”, dice.
Lo cierto es que por lo pronto seguirá viajando de Italia a Colombia y viceversa, mientras la vida no decida que tiene que quedarse de planta en un solo país. Hace años que está por tomar la decisión, pero por lo pronto debe ir a Italia porque allá está la fábrica de arpas y el museo que fundó con su marido; a Francia donde está la casa; a Londres porque allá viven su hija Ana y sus nietos; y a Colombia, por su Festival, su hijo Vittorio, su padre y sus hermanas. Y el resto del mundo se lo recorre en busca de nuevos músicos para traer a Cartagena todos los eneros.
Como si fuera poco, sigue de cerca a cada uno de los protegidos de la Fundación Salvi que apoya a los músicos de bajos recursos, que en nuestro país son el 90 por ciento. Sabe si se enferman, si han tenido un accidente y los incentiva cuando viajan porque entiende que un artista más que nadie debe conocer el mundo para crecer.
Y ahora que está en duelo, tiene una palabra en mente: trascender. “Víctor se fue… Yo también me voy a ir. La vida se va, y uno tiene que trascender. Lo que él construyó, lo que yo construí es lo que le tiene que quedar al mundo. Si no cumples con lo que el destino te ha señalado, estás faltando con tu compromiso humano, que va más allá del tuyo personal”.
Por ahora seguirá en la conmemoración de la década de su festival, que sin proponérselo como aquella gala en el Adolfo Mejía, serán homenajes para su marido.

LO MÁS VISTO